La increíble historia de los hipopótamos de Pablo Escobar
En un nuevo giro de los acontecimientos, un multimillonario indio ofrece llevarse los animales del narco para evitar su sacrificio. La polémica reabre el debate sobre qué hacer con el legado animal del narco.
Los hipopótamos del narco no han parado de multiplicarse tras su muerte. / Manoj Shah
La historia parece sacada de una novela : un narcotraficante que construye un zoo privado en plena selva colombiana, animales africanos viviendo en libertad en América Latina y, décadas después, un magnate dispuesto a llevárselos a miles de kilómetros. Pero todo es real.
En los años 80, Pablo Escobar, el capo más poderoso del narcotráfico global, decidió crear su propio paraíso en la Hacienda Nápoles. Allí reunió jirafas, elefantes, cebras, avestruces… y también cuatro hipopótamos. Era una demostración de poder, un capricho extravagante sin demasiada lógica más allá del exceso.
Pablo Escobar y su esposa, Maria Victoria en una imagen de 1983. / Eric VANDEVILLE
Cuando Escobar murió en 1993, su imperio se desmoronó y la finca quedó abandonada. Muchos de los animales fueron trasladados a zoológicos, pero los hipopótamos se quedaron. Nadie quería hacerse cargo de ellos: eran grandes, peligrosos y difíciles de mover. Ese abandono cambió todo.
Sin control
Sin depredadores naturales y con abundante agua y alimento en el entorno del río Magdalena, los hipopótamos empezaron a reproducirse. Y lo hicieron mucho. De aquellos cuatro ejemplares iniciales se ha pasado a cerca de 200 en la actualidad. Y las previsiones son aún más inquietantes: podrían superar los 500 en apenas unos años.
Una pareja de hipopótamos descendiente de los que pertenecieron al narco. / Luciano Iacchini
Hoy, Colombia alberga la única población salvaje de hipopótamos fuera de África. Pero lo que podría parecer una curiosidad se ha convertido en un problema serio. Estos animales alteran los ecosistemas, contaminan el agua, desplazan especies locales y suponen un riesgo para las personas. No hay que olvidar que el hipopótamo es uno de los mamíferos más agresivos del planeta.
El gobierno colombiano ha optado por sacrificar a decenas de ejemplares
Ante esta situación, el gobierno colombiano ha optado por una medida drástica: sacrificar a decenas de ejemplares para frenar su expansión. La decisión, respaldada por muchos científicos, ha generado una enorme polémica ética. ¿Es justo matar a animales que son, en realidad, víctimas de una decisión humana?
Ahora, en medio de este debate ha surgido una propuesta inesperada. Anant Ambani, heredero de una de las mayores fortunas de Asia, ha ofrecido trasladar a decenas de hipopótamos a un santuario en India. La idea suena a solución perfecta: evitar la eutanasia y darles un nuevo hogar.
Pero no es tan sencillo. Transportar hipopótamos implica riesgos enormes, costes altísimos y dudas sanitarias. Además, incluso si se trasladan algunos, el problema de fondo seguiría ahí: los que se queden continuarán reproduciéndose.
La historia de los hipopótamos es solo una parte del legado animal de Escobar. Su zoológico incluía decenas de especies exóticas que, tras su muerte, tuvieron destinos muy distintos. Algunas fueron rescatadas y reubicadas con éxito; otras no sobrevivieron al abandono; y unas pocas, como los hipopótamos, se adaptaron demasiado bien.
Lo que empezó como un capricho terminó convirtiéndose en un experimento ecológico fuera de control. Y hoy, más de 30 años después, sigue planteando preguntas incómodas sobre nuestra relación con la naturaleza y lo que ocurre cuando los humanos alteran un ecosistema sin pensar en las consecuencias.
Dani Cabezas
Periodista y músico madrileño, fui durante años...Periodista y músico madrileño, fui durante años el responsable de la sección de Música del diario 20 Minutos. Colaboré en Cadena Ser, La Sexta, M21 o Vice. Ahora en eldiario.es, Time Out, El Salto, La Marea o LOS40, donde soy responsable de El Eco de LOS40. Canto, toco la guitarra y la batería.