¿Qué animales viven en el Estrecho de Ormuz y cómo les afecta la guerra?
Bajo una de las rutas marítimas más estratégicas del mundo, la guerra en Oriente Medio también deja huella en la vida marina de la zona.
Un ejemplar de dugongo. / Kerstin Meyer
Aunque apenas se mencione en las noticias que abordan todo lo que está ocurriendo en Oriente Medio, con el ataque de EEUU e Israel a Irán, la tensión en el Estrecho de Ormuz no solo afecta al comercio o a la geopolítica. Debajo de sus aguas hay un ecosistema frágil y muy particular que también sufre las consecuencias de los conflictos humanos.
En esta zona viven alrededor de 7.000 dugongos, mamíferos marinos que dependen de las praderas submarinas, y una de las poblaciones más reducidas del planeta: menos de 100 ballenas jorobadas árabes, que además no migran, sino que permanecen en estas mismas aguas toda su vida. A ellas se suman delfines, tortugas marinas, tiburones y multitud de peces que utilizan este corredor como zona de paso o alimentación.
Una tensión constante
En las últimas semanas, la escalada de tensiones ha provocado interrupciones en el tráfico marítimo del estrecho, una de las rutas energéticas más importantes del mundo. Aunque se ha acordado un alto el fuego temporal, el entorno sigue marcado por la presencia de buques militares, posibles minas navales y una fuerte congestión de tráfico marítimo.
Las ballenas son especialmente sensibles a los sonidos del mar. / M Swiet Productions
Para la fauna marina, este escenario se traduce sobre todo en una alteración del sonido del mar. Las explosiones submarinas, el sonar militar y el ruido constante de los barcos interfieren en la forma en la que los animales se comunican, se orientan o se alimentan. Las ballenas, por ejemplo, dependen del sonido para casi todo su comportamiento vital, por lo que cualquier alteración puede descolocarlas o afectar a su capacidad de encontrar alimento.
Las explosiones submarinas, el sonar militar y el ruido constante de los barcos interfieren en la forma en la que los animales se comunican
El caso de la ballena jorobada árabe es especialmente delicado: al no ser migratoria, no tiene rutas de escape. El aumento del ruido o de la actividad naval puede obligarla a reducir su alimentación o a desplazarse dentro de un espacio ya de por sí limitado, con el consiguiente desgaste físico.
Los efectos no se quedan ahí. Los dugongos, que dependen de la luz solar para que crezcan las praderas marinas de las que se alimentan, pueden verse afectados por la contaminación o las manchas de petróleo en la superficie, que reducen esa luz y alteran el equilibrio del ecosistema. También tortugas y otras especies sufren el impacto de posibles vertidos o cambios en el fondo marino provocados por la actividad humana.
En un espacio tan estrecho y con un tráfico tan intenso, cualquier alteración se multiplica. El Estrecho de Ormuz, además de ser un punto clave para el transporte global, es también un ecosistema en el que la vida marina convive con una presión constante que se intensifica en momentos de conflicto. Y de ello, aunque apenas tenga cabida en los medios, también es importante hablar.
Dani Cabezas
Periodista y músico madrileño, fui durante años...Periodista y músico madrileño, fui durante años el responsable de la sección de Música del diario 20 Minutos. Colaboré en Cadena Ser, La Sexta, M21 o Vice. Ahora en eldiario.es, Time Out, El Salto, La Marea o LOS40, donde soy responsable de El Eco de LOS40. Canto, toco la guitarra y la batería.