Alexandra Roma sobre la posibilidad de incluir a Rosalía en su rodaje: “Rosalía no es algo que veas y digas que es cien por cien comercial, no es Aitana”
La autora nos sumerge en la grabación de 'Los nueve círculos', el nuevo fenómeno juvenil que toma el testigo de 'Los juegos del hambre' o 'Crepúsculo'
Aitana, en Fitur 2026. / Europa Press Entertainment
Tantas veces como respiro es la primera parte de la última bilogía de Alexandra Roma, una de las autoras que ha encontrado un hueco en la literatura romántica y que se ha sumado a las novedades de esta primavera. En esta ocasión nos sumerge en el rodaje de Los nueve círculos, una serie juvenil donde los dos protagonistas, Sadie y Dacre, arrastran una serie de mochilas que dificultan el trabajo conjunto.
Más allá de una historia de amor… o desamor, en esta nueva novela encontramos otros temas como la presión mediática, los fenómenos juveniles, las inseguridades físicas, la adopción siendo adolescente, la normalización de la demencia, la situación de los nepobabies… un trasfondo muy bien hilado que nos lleva a reflexionar de muchos temas mientras disfrutamos de un ‘enemies to lovers’ que engancha.
Y, aunque en esta ocasión no hay tanta música como en otras novelas anteriores, no faltan esos ecos a Crepúsculo. Y, sí, le hemos planteado, ahora que Rosalía ha debutado en Euphoria, si cree que tendría cabida en su serie de ficción.
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Pregunta: ¿Cómo ha sido escribir dos novelas en una? Porque claro, el guion de la serie que ruedan, Los nueve círculos, también te las tenido que currar.
Respuesta: Esto fue porque yo quería que se sintiese como un rodaje de verdad, entonces, aparte de los extras de la prensa, empecé a hacer la historia de ficción que se supone que los protagonistas están haciendo. Al final, acabé terminando la serie y hablándolo con mi editora pensamos que podría quedar chulo incluir algunas escenas, para que el lector también tenga esas páginas exclusivas y sepa de qué están hablando los personajes.
P: Al final, tú has estudiado cine y guion.
R: Sí, lo único, que lo hemos ficcionado un poco. Lo digo por si lo lee alguien de guion. Había detalles ficcionados para que también el lector lo comprenda. Los guionistas somos bastante más esquemáticos y he metido un poquito más de contexto para darle ese sabor también al libro.
P: Y todo este trabajo con mellizos pequeñitos, ¿cómo lo haces?
R: Es verdad que escribir ahora es más caótico porque ahora están empezando a andar y es un poquito difícil, pero también, fíjate que creo que los niños nos enseñan muchos. Los adultos, con el paso del tiempo, nos vamos haciendo más mohínes y grises y llegan ellos y te hacen pararte y reflexionar. El otro día mi pequeña me decía, ‘¿por qué nunca miras las hormigas?’, porque ella cuando ve un hormiguero se para. Y es verdad. Yo creo que para los escritores o para los creativos, que nos enseñen ese mundo que a veces se nos pierde con el paso de los años, es bueno. Y muy agotador.
P: Volviendo a los rodajes, ¿has vivido alguno desde dentro para reflejarlo con conocimiento de causa en la novela?
R: He estudiado muchas cosas porque soy una mente muy curiosa y también estudié ayudante de dirección y como becaria estuve en Víctor Ros, de La1, en la parte de dirección, y ahí estaba con los actores. Es verdad que eso también me aportó. Estudié, aparte de periodismo, guion, producción, dirección. Al final, era por nutrirme, no por trabajar de ello, sino porque es un mundo que me interesa.
A ti te puede estar grabando una cámara cuando estás saliendo a comprar, a correr, a pasear, a tomarte un helado. Creo que todos estos fenómenos que se desarrollan ahora, en los que se situaría mi novela, es todavía más complicado porque tienes que interpretar constantemente.
P: Y si hablamos de ese mundo de rodajes, ¿la realidad supera a la ficción o no?
R: Siempre la realidad supera a la ficción, creo que muchas veces la suavizamos. En este caso concreto salió porque al principio trabajaba también de becaria de periodista cultural y me tocó cubrir Crepúsculo. Yo me había leído los libros, pero no salió con un alto presupuesto, de hecho, en la primera película se invirtió muy poquito. Vinieron aquí a España Kristen Stewart, Cam Gigandet -que era el malvado de la serie- y no se esperaba ese fenómeno. Sí que es verdad que instauró ese germen porque yo, de repente, viví cómo se convertía en algo inasumible. Esa fue la primera vez, en la presentación de la segunda ya cogieron un estadio y los veías tan jóvenes, que habías hablado con ellos y pensabas, cómo unas mentes así pueden estar viviendo todo esto. Trasladándolo a nuestra época, entre comillas, es peor, porque, al fin de cuentas, entonces tenías los pases, los eventos fans, pero tenías tus parcelas de vida privada en las que podías dejar de actuar. Pero ahora, todo es promoción. A ti te puede estar grabando una cámara cuando estás saliendo a comprar, a correr, a pasear, a tomarte un helado. Creo que todos estos fenómenos que se desarrollan ahora, en los que se situaría mi novela, es todavía más complicado porque tienes que interpretar constantemente.
P: Mencionabas Crepúsculo, luego llegó Los juegos del hambre, versus La corte de rosas y espinas y Alas de sangre. Cada generación tiene sus propios fenómenos que les unen.
R: Yo creo que los fenómenos nunca dejan de existir. El protagonista masculino, que su ambición es convertirse en un ídolo de masas porque no tiene una vocación que le nazca desde dentro, él menciona que quería ser Leonardo DiCaprio porque en aquel entonces era Titanic. Luego fue Robert Pattinson. Estos fenómenos a veces se necesitan porque es diversión, es algo que te apasiona y mueve muchas masas. Pero yo me ponía en la piel, también, de la persona que lo está viviendo y cómo de complicado tiene que ser que, de repente, hoy salgas a la calle y te conozca absolutamente todo el mundo. No creo que sea fácil.
P: Ahí está la gestión de cada uno y alguno no logra asimilarlo y llegan los juguetes rotos.
R: Sí es verdad que cada vez hay más apoyo en la salud mental. Aun así, creo que es muy difícil asumirlo por mucho apoyo que tengas, pero creo que tienen más acompañamiento que se tenía antes cuando no era algo tan inclusivo en los rodajes. Ahora, incluso los deportistas tienen. Pero, aun así, creo que es muy difícil.
P: Una buena cosa de la literatura romántica de hoy en día es que no son solo historias de amor. Hay mucho más. Por ejemplo, aquí hablas de perseguir sueños, ¿el motor de la vida?
R: Yo creo que a veces sí, y a veces ese perseguir sueños hace que te olvides que el sueño eres tú porque muchas veces los sueños pueden ser buenos, pueden ser anhelos, pero, además de los dos protagonistas principales en esta novela hay otros personajes y algunos son los secundarios de la serie. O a veces en las series hay personajes que no funcionan y se los terminan cargando. Tu sueño se ha destruido entonces. Creo que perseguir el sueño es el motor, pero creo que también se aborda un poco el hecho de que descubras que el sueño eres tú, porque si no, corres el peligro de que, si lo materializas como Dacre, que está obsesionado con convertirse en un ídolo de masas y dice que va a hacer todo lo posible por conseguirlo, pero, ¿qué pasa si no lo logras? ¿Ya no vale la pena?
P: Has mencionado ese sueño de ser un ídolo de masas y ganar dinero, ¿es un sueño válido?
R: Cada persona tiene su meta y, siempre y cuando por el camino las cosas que hagas sean válidas, a mí me parece que están bien. A mí me parece que es más puro el de Sadie que vive el teatro y el cine de manera más vocacional. De verdad quiero hacerlo y lo anhela y lo sufre. A lo mejor es más bonito.
A lo mejor ves el dinero, tener una casa, poder viajar, pero no ves todo lo demás, que es un nivel de exposición que te acaba anulando.
P: Lo cierto es que la respuesta de muchos jóvenes a qué quieren ser de mayores, cada vez es más habitual, millonarios y famosos.
R: Pero creo que no son realmente conscientes de lo que hay detrás. A lo mejor ves el dinero, tener una casa, poder viajar, pero no ves todo lo demás, que es un nivel de exposición que te acaba anulando. No puedes tener un mal día porque va a quedar reflejado y va a salir. Tienes que estar, como les pasa a ellos, constantemente con una careta, con una máscara y las máscaras a veces pesan, sobre todo, en la vida real.
P: Y generan confusión de identidades que genera mucha frustración.
R: Voy a adelantar algo del segundo, pero un personaje secundario, -con lo de confundir identidades-, acaba cogiendo los papeles de bromista, de chistoso y, al final, acaba asumiendo esa personalidad porque es como la gente le quiere ver. Muchas veces la gente queremos que los actores que interpretan personajes sean parecidos a ese personaje, de ahí que parte del marketing sea vestirlos similares. No es un calco, para que no sea evidente, pero que te transmita las mismas vibraciones. Y es porque quieres que sea Demon Salvatore, por ejemplo, de Crónicas vampíricas, no quieres que sea Ian Somerhalder. Te crean esa falsa ilusión, pero Ian Somerhalder existe y eso es lo que plantea esta novela. Tú quieres que Dacre sea Jude. Es la fantasía.
P: A veces es difícil seguir cuando te dicen que no vales. Nil Moliner recuerda que en una clase de música le dijeron que no valía, menos mal que no hizo caso. Y así muchos. A Sadie le pasa con su madre.
R: En este caso, encima, su madre es una productora, igual que en el caso de Nil era un profesor de música, son opiniones que te crees más porque parece que son personas que tienen juicio. Las opiniones son muy importantes y, nunca entenderé por qué, tiendes más a creerte las negativas que las positivas. Una productora te dice, ‘vas a llegar súper lejos’ y otra te dice, ‘tienes cero talento’, en lugar de hacer un mix de decir, a lo mejor no voy a ser la siguiente estrella, pero a lo mejor, sí interpretar, lo que crees es que si me ha dicho esto es porque no tengo talento. No sé por qué, pero muchas veces es así.
P: Otro de los temas que tratas es el de la adopción y las inseguridades que crea.
R: En el caso de Dacre, de lo que habla es de la preadopción en su caso que es adolescente. Los niños a lo mejor no tienen tanta perspectiva del futuro, pero cuando eres un adolescente ves que tienes ahí el mañana, que va a llegar un momento en el que el sistema te va a dejar de ayudar y eso te afecta. Además, tampoco te sientes atractivo para que alguien se vaya a interesar por ti. De repente llega alguien y se interesa, los Stanley y, al principio, desconfía porque su mente le lleva a pensar, ¿por qué una pareja adinerada, joven, que podría coger un bebé, un cachorro, me coge a mí, que no valgo tanto? Al final, su cerebro le está preparando para que la ayuda se acabe y toca sobrevivir. Y en la jungla, ¿quién vence? El más fuerte. De repente encuentra un apoyo y no lo entiende. Muchas veces nos centramos en lo malo y tampoco estamos preparados para las situaciones excepcionalmente buenas y creemos que tiene que haber un truco.
P: Al final también tiene que ver con la autoestima.
R: Sí, yo creo que su autoestima le hace colocarse máscaras y máscaras, pero, al final, no deja de tener ese dolor y esa autoestima bajita. Uno de los viajes que hace por esta novela, es que, a la parte que va interpretando en la vida real como en la ficción, va dejando de interpretar en los dos ámbitos y eso le permite ir conociéndose y, entre otras cosas, darse cuenta de sus inseguridades.
P: La falta de apoyos paternos cuando la profesión tiene que ver con algo artístico también está presente. ¿Te ha pasado?
R: A mí sí que me han apoyado. Sí que es verdad que la gente que te quiere también es honesta y te dice que los trabajos artísticos también son trabajos muy complicados y muy inseguros. Es verdad que no hay nada seguro en esta vida, pero el artístico es más volátil y necesitas una red de apoyo más fuerte que en otros ámbitos. También es un trabajo en el que vuelcas mucho de tu sentimiento y te has volcado tú en cierta manera. No es lo mismo un trabajo mecánico que en casa te olvidas, que tú que estás constantemente con los personajes. Es que creas vida. Si la persona que te debe apoyar no lo hace, muchas veces te puede conducir a una de las cosas que le pasan a Sadie. Ella sabe que le encanta actuar, sin embargo, cuando elige ser actriz lo hace por las razones equivocadas porque está tan enfadada porque su madre le diga siempre que no, que lo hace para demostrarle que puede. Es como que ha desvirtuado su amor. Si le hubiera apoyado hubiera sido muy distinto.
Muchas veces la ficción hace el dolor bonito y está bien que muchas veces la imagen sea algo adorable, una despedida tierna, de hecho, su despedida es muy tierna. Pero una demencia no es bonita y no hay que quitarle crueldad y salvajismo a la vida porque es así.
P: Otra cosa que haces en la novela es no romantizar la demencia.
R: En este caso lo he pasado y creo que había que mencionarlo. Dacre puede querer muchísimo a su abuela y decir que la situación con ella hasta que se va es muy dura, porque la demencia normalmente no es fácil. Muchas veces la ficción hace el dolor bonito y está bien que muchas veces la imagen sea algo adorable, una despedida tierna, de hecho, su despedida es muy tierna. Pero una demencia no es bonita y no hay que quitarle crueldad y salvajismo a la vida porque es así. Puedes amar a tu abuela con todo tu corazón y que el instante en el que se va, que yo creo que es muy bonito, ellos dos solos en la habitación y decir que no te gusta que esté enferma, y que sufres y que es dura. La vida a veces es cruel.
P: Sadie es ‘hija de’. Tendemos a cuestionar a esta serie de nepobabys, pero tú reflejas que no es fácil para ellos.
R: Creo que siempre que eres un actor joven en un formato romántico, juvenil o paranormal, tienes complicado que se te valore artísticamente. Pienso que hay un prejuicio muy grande. Pero, si, además, eres hija de alguien de la industria vas a tener cuatrocientos focos y vas a tener que hacerlo el triple mejor que el resto. En este caso, a Sadie le pasa, su madre es productora. Pero no se le puede echar en cara que le haya conseguido un trabajo y ella lleva formándose desde pequeñita, pero, aun así, solo por ser hija de se la compara. Tiene facilidades porque tener una madre dentro de la industria te puede facilitar contactos y te puede abrir un mundo, un casting simplemente que a veces es difícil llegar, pero tienes el hándicap de que tienes que saber lidiar con que el foco mediático sobre ti va a ser mucho más grande.
Llámame ingenua, no pensaría que se volvería a una etapa ya pasada y, además, de un modo más radical. Y es algo que me asusta y que creo, ahora que hablamos de cine, desde ahí se puede ayudar porque no deja de ser un reflejo. Si tú vendes que la belleza es estar así, la persona que está en casa ve eso. Si vendes que la belleza es estar sano, la persona desde su casa, no tiene esa imagen.
P: Ella presenta ciertas inseguridades físicas muy comunes entre las chicas jóvenes. ¿No lo superamos?
R: La parte de Sadie vino por una entrevista de una actriz que para mi gusto es guapísima que comentaba que estaba harta de que en todas las entrevistas le preguntaran cómo es estar con chicos guapos. En los castings se define el físico que se busca, pero no deja de ser doloroso que en un papel ponga que se busca que sea normal, que no destaque y que en todas las entrevistas te estén preguntando por eso. Al final te van haciendo chiquitita. Que a todas horas te estén diciendo que eres una chica normal junto a unos bellezones de chicos, te hace sentir insegura. Además, veo una tendencia últimamente, que me preocupa bastante, hacia la delgadez extrema. Llámame ingenua, no pensaría que se volvería a una etapa ya pasada y, además, de un modo más radical. Y es algo que me asusta y que creo, ahora que hablamos de cine, desde ahí se puede ayudar porque no deja de ser un reflejo. Si tú vendes que la belleza es estar así, la persona que está en casa ve eso. Si vendes que la belleza es estar sano, la persona desde su casa, no tiene esa imagen, porque al final, no dejas de ser un escaparate de lo que la gente quiere. No hagas que quiera una enfermedad.
P: Muchas veces creemos que la vida del artista es un sueño, pero tiene sus sombras. Para empezar la imagen: “En la industria del espectáculo, la edad es un misterio”.
R: Sí, aparte de que la edad es un misterio, es verdad que una de las reflexiones que hago y que le sucede a Sadie es que la edad es más complicada para las mujeres que para los hombres. Tú a un hombre le puedes dar un papel protagonista con 50 o 60 años y puede ser el galán y le metes un James Bond con una chiquita joven y todo el mundo está estupendo. Sin embargo, las mujeres lo tienen mucho más complicado. Mira Top Gun, cambiaron a la protagonista –no sé los motivos que habría detrás-, pero Tom siguió y ella no. Es verdad que hay un chascarrillo que hacen a veces algunos actores de que a partir de cierta edad dejas de hacer deseable e impacta en la estética y los personajes a los que puedes aspirar son la madre, la villana, la detective, pero no puedes aspirar a un papel romántico porque la gente no quiere ver como tú te enamoras porque ya no eres atractiva. Y es una franja de edad muy corta. Pasas a ser la detective con 27 casi. En la segunda novela se hace una reflexión sobre que una cosa es que tú quieras porque tienes un complejo, pero no, es porque te estás viendo siempre a través de otros ojos ajenos y a través de la imagen que otros ojos quieren. Pero, ¿cómo quiero ser yo?
Muchas veces tiran de ciertas noticias que son rumorología y pueden hacer daño y no hay escrúpulos. Pero creo que, en cierta manera, también forma de una estrategia de marketing. En todas las grandes películas de amor siempre corre cierto rumorcillo de que hay algo entre los dos protagonistas y ellos muestran química y eso muchas veces está programado.
P: Por cierto, que no dejas muy bien mi profesión. Hay periodistas despiadados que no tienes escrúpulos.
R: Creo que la prensa es muy necesaria, yo de hecho empecé como periodista cultural, y creo que, para dar difusión, las críticas, las entrevistas, para todo, pero también hay una parte de la prensa que también está alimentada por la parte de marketing, porque al final es bueno que hablen de ti, que en estas ficciones paranormales, sobre todo encima cuando entre la pareja protagonista hay químicas fuera, muchas veces tiran de ciertas noticias que son rumorología y pueden hacer daño y no hay escrúpulos. Pero creo que, en cierta manera, también forma de una estrategia de marketing. En todas las grandes películas de amor siempre corre cierto rumorcillo de que hay algo entre los dos protagonistas y ellos muestran química y eso muchas veces está programado. Tú sabes que en una alfombra roja tienes mogollón de cámaras puestas en ti. Sabes que si eres Jacob Elordi y le sujetas la cola a tu compañera de reparto vas a proyectar la imagen de que eres amable, que a lo mejor lo eres, pero al final no deja de ser tu segunda actuación. No tienes que actuar solo en la película, también tienes que hacerlo en la promoción y ahora se añade el extra de que, en tu vida real, también tienes que asumir el papel.
P: Tampoco retratas con mucho cariño al personaje del representante, Shonda –como Shonda Rhimes-. ¿Un cliché?
R: Claro que es un guiño a Shonda de Los Bridgerton, igual que Julie Plec es un guiño a la productora de Crónicas vampíricas, he metido muchos guiños en la novela. Algunos se interpretan y otros, no, pero está repletita de pequeños detalles para que al que lo lea le saque una sonrisa. Yo creo que Shonda te muestra un tiburón, pero no creo que sea mala, es profesional y tiene una manera de ser que, por su vida, que vive muy estresada, con muchas cosas, pero creo que en el fondo protege a sus chicos. Pienso que el papel de un representante es fundamental porque uno malo te puede exprimir como una naranja cuando te conviertes en una estrella juvenil sabiendo que no va quedar absolutamente nada de ti, pero da igual, eres dinero. Y, es más, si te pasa algo, eres leyenda. Sin embargo, una buena representante puede hacerte llegar y luego consolidarte, que creo que es lo que intenta Shonda, pese a ser un poco borde. Toda representante sueña con tener un DiCaprio en la época de Titanic o un Robert Pattinson. Pero el representante de DiCaprio logró que luego siguiera. Pattinson lo logró. Pero, ¿cuántas estrellas juveniles hay que triunfan muchísimo, pero le sobreexplotan tanto? Ahí hay una persona detrás que es la que te tiene que asesorar.
P: Muy presente el mundo del podcast y los influencers, ¿son la mejor fuente de información?
R: No sé si la mejor fuente, pero sí que quería que la novela fuera también una experiencia y me servía mucho la parte periodística, blogger, porque te muestran lo que se ve, pero tú en el siguiente capítulo, sabes lo que ha sucedido. Es para que veas lo diferente que es muchas veces lo que escuchas de lo que es la realidad. Hay cierta manera, no sé si es una crítica, pero cuando subes un podcast, das por hecho que la persona famosa no lo va a ver, pero es que luego no es así. La mayoría de veces, si hay algo muy viral, lo ven. Hay una escena con Gascón, un secundario, que tiene un cuerpo no normativo que escucha un chascarrillo desde un podcast y le intentan quitar hierro diciendo que en realidad les da igual, pero ellos dan por sentado que Gascón no lo va escuchar. Pero en la siguiente escena cuando entra Dacre y va a hablar con él, se quita los cascos porque estaba escuchando el podcast. Ten cuidado con lo que dices porque das por hecho de que están por encima del bien y del mal, pero es que son humanos y ven y oyen lo mismo que tú.
P: Gascón da mucha pena cuando le ponen en los laterales de las fotos para poder quitarle en cualquier momento.
R: Ese momento me vino por una escena de aquí de España, El Internado, no sé si recordarás que eran cinco personajes, y al final, el villano, fue el que no tenía una pareja. Y el actor decía que siempre le dejaban fuera de las portadas, a pesar de haber sido el villano, porque era feo. Eso es muy doloroso.
Me parece que es infumable que haya actores que destaquen por un papel juvenil y luego se quieren volver súper profundos y renegar de aquello que hicieron como si no fuera lo que les hubiera llevado a la fama o que reniegan incluso de sus fans.
P: Se menciona a esos actores que reniegan de los papeles que les habían encumbrado, sobre todo, si eran juveniles o románticos, ¿en quién pensabas?
R: No pensaba en nadie en concreto porque es verdad que me parece que es infumable que haya actores que destaquen por un papel juvenil y luego se quieren volver súper profundos y renegar de aquello que hicieron como si no fuera lo que les hubiera llevado a la fama o que reniegan incluso de sus fans. Admiré a Mario Casas cuando ganó el Goya y, al terminar, habló de A tres metros sobre el cielo. Eso creo que pocos artistas lo habrían hecho porque estaba ahí por una de esas películas que se supone que son buenas y serias, de las que avalan la crítica, y él dice que está ahí porque A tres metros sobre el cielo, que es juvenil y que, seguramente se despiezó en críticas, es lo que le ha llevado hasta ahí. Ahora veo que está ocurriendo eso. Robert Pattinson o Kristen Stewart que nunca han querido hablar mucho de Crepúsculo, ahora se ha puesto de moda y vuelven a reivindicar sus orígenes. Es una moda muy correcta que les hace reconocer lo que les ha llevado a dónde están.
P: Por cierto, que eres crítica. Lily Collins no te gustó en Cazadores de sombras.
R: Lo que intentaba decir ahí es que es verdad que a veces coges papeles súper punteros, Cazadores de sombras prometía ser un peliculón, y tú eres una actriz muy reconocida, pero el batacazo puede existir en cualquier momento. Lo que se le intenta decir a Sadie es que va a protagonizar una saga muy exitosa, como si ahora mismo se fuera a adaptar Alas de sangre. A priori va a triunfar, pero puede caber que falles y ahí el batacazo que te das es mayor porque tenías las expectativas más por las nubes y cuesta encajar más el golpe. El hermano de Sadie le hace ver que Lily Collins tuvo que pasarlo muy mal porque es humana, pero mira, al final, si eres constante le llega Emily in Paris.
Nadie se pondría a decirte,' venga, una rayit'a, si tú dices que no te metes. En cambio, un chupito o un poquito de champán en Navidad es habitual.
P: Siempre se ha dado por sentado que en el artisteo hay muchas fiestas con alcohol y drogas. Tú planteas lo difícil que resulta ser abstemio en ese ambiente. ¿Mucha presión social?
R: Lo tenía claro desde el inicio. Quería presentar un personaje abstemio porque el alcohol está muy normalizado. Yo lo he visto con una amiga mía que es abstemia y no quería beber y era como ‘venga, un chupito, que es mi cumpleaños’. Hay una presión enorme. Nadie se pondría a decirte,' venga, una rayit'a, si tú dices que no te metes. En cambio, un chupito o un poquito de champán en Navidad es habitual. Cuando de broma le echan alcohol a uno en la copa y todos se ríen, a nadie se le ocurriría reírse si le echan una pastilla. Sí que hablo del respeto a la gente que no quiere beber que muchas veces no se recibe, siempre se intenta vencer la balanza hacia que beba. Otra cosa que pasa con Sadie es que cuando era jovencita era muy divertida, pero llega un momento en el que, si haces un baile exagerado, se justifica si estás borracho, pero de ella es como, quiere llamar la atención, es una ridícula y la van apagando. Socialmente es verdad que se ve bien que el borracho haga el tonto, pero que tú te quieras divertir bailando exageradamente no se entiende.
P: ¿En el rodaje de qué serie te hubiera gustado colarte?
R: En el de Crónicas vampíricas. Me hubiera encantado trabajar ahí. Y de película, en Titanic. En Crónicas vampíricas porque me enamoré, bueno, me gustaba mucho el actor principal y también porque creo que era un rodaje para la época muy interesante. Primero, porque presentaba muchos efectos especiales en serio que otras de ficción normal no tenían. Luego porque tenía muchos decorados, muchos exteriores, mucho viaje, y porque era muy rica interpretativamente. Tenía muchos personajes episódicos muy buenos y me habría permitido conocer a multitud de actores que admiro y me hubiera permitido conocer muchas técnicas y efectos que estaban reservados en aquel momento para el cine.
P: ¿La serie juvenil que más te ha marcado?
R: He consumido mucho, pero creo que todas las de la CW. Me gustaba esa productora porque era la que hacia One Tree Hill, Gossip Girl, Crónicas vampíricas, ahora ha hecho Éramos mentirosos. Es una productora que sabe encajar muy bien la emoción con la acción y con los personajes. Lo típico que dices que te leerías toda la obra de un autor que te gusta, de esta productora me vería todo lo que hiciese. De hecho, ojalá algún día me produjese a mí.
P: ¿La última serie que te haya enganchado?
R: Una juvenil. Voy alternando algo juvenil, luego algún thriller, porque, si no, me saturo. La última que vi fue Besos, Kitty porque muchas veces necesitas series que sabes lo que va a pasar, que son dulces, agradables y amenas y que te van a dejar contenta. Y era media horita. Con el ritmo de las mellizas lo que necesitaba era media horita antes de ir a dormir agradable y ameno que me hiciera ir a la cama con una sensación buena. ¿Tú sabes lo difícil que es hacer media hora y que una persona se vaya más liviana? Eso también es importante.
P: ¿Qué opinas de Euphoria?
R: A mí me gusta, pero todavía no he visto la tercera porque me gusta verla seguida. Lo que ocurre que con el universo redes sociales son muchos los spoilers. Creo que es una serie muy cruda. Muy distinta a las otras juveniles, creo que por eso creó tendencia. Al final te hablaba desde una crudeza y un salvajismo interior y de personalidades que creo que sí mostraba cierta de realidad. De esta última leo mucha gente que se queja porque a lo mejor han pasado los años y son más maduros y querían una continuidad en ese punto, pero yo le daría una oportunidad. Creo que Euphoria, y HBO en general, se atreve con cosas que nadie más se atreve. Un Besos, Kitty sabes que puede triunfar, pero Euphoria, sabes que encanta o lo odian y dices, para adelante. Y encantó. Hay que atreverse y cada vez se atreven menos.
Rosalía no es algo que veas y digas que es cien por cien comercial, no es Aitana, -que me encanta-, pero no es. Y, sin embargo, tiene verdad y por eso creo que podría salir cantando cómo el infierno consume la tierra y sé que si tú le vendes el proyecto y ella de verdad se interesa haría algo que te dejaría pasmado.
P: Lo mismo al rodaje de Los nueve círculos llega algún cantante como Rosalía a Euphoria, ¿sería una opción? ¿Qué cantante te vendría a la cabeza?
R: Podría entrar Rosalía, creo que es capaz de hacer el infierno y hacer una canción. Me parece una artistaza, creo que puede hacerlo todo. Ella se atreve. Hay muchas veces que lo que intentas es imitar una tendencia o ir a lo seguro, pero puedes hacer lo que te salga de dentro y puede salir bien o no. Rosalía no es algo que veas y digas que es cien por cien comercial, no es Aitana, -que me encanta-, pero no es. Y, sin embargo, tiene verdad y por eso creo que podría salir cantando cómo el infierno consume la tierra y sé que si tú le vendes el proyecto y ella de verdad se interesa haría algo que te dejaría pasmado.
P: Ya que entramos en el terreno de la música, decir que hay poca en esta novela. Y eso que hay muchos actores que se ponen música para entrar en el personaje.
R: En la siguiente sí que se habla más de las bandas sonoras que metían a cada personaje. Cada personaje en una serie tiene como un recurso musical y, sobre todo, las parejas tienen sus canciones, sus melodías, que te van poniendo los pelillos de punta. Yo me acuerdo que para mí Los Protegidos tiene la mejor banda sonora de España. Y soy una adicta a las bandas sonoras. A mí salía el otro día una escena, hablando de Euphoria, de Maddie entrando en la boda con el sonido que le ponen. Dependiendo del sonido que le pongas de fondo, todo puede variar tanto. También se habla de cómo se hacen los ruidos, a veces no te planteas que hay gente que se dedica a eso. Y todo eso se menciona. Y una cosa que me llama mucho la atención y lo metí en la primera, es lo de que los actores, cuando hacen escenas de baile, muchas veces no están escuchando la música para que no se les cuele. Me hacía mucha gracia viendo los making of.
P: En alguna ocasión has dicho que antes de empezar una novela tienes que encontrar su canción. ¿Cuál es la de esta novela?
R: Llevo muchos años queriendo hacer esta novela. Hay temas fetiches y novelas que quiero hacer, pero no sé cuándo. Este año llegó el momento de ponerme y yo escuchaba Decode de Paramore, de mi época más crepusculera, porque me apetecía recobrar esa sensación cuando eres más joven y sientes las cosas con más intensidad, con más pasión. Recuerdo cuando estaba de periodista, me leí los libros y era muy jovencita, y salió el tráiler con esa canción en lo primero, cuando sacaban esas montañas nevadas y esa sensación de que me ponía los pelos de punta solo el hecho de escuchar una canción. Fue lo que me puse. Hice primero la serie, luego a ella la tenía muy clara y, por último, vino él, que yo no quería que fuera así, pero, fue así. Yo quería que él fuera más un galán, más tipo Nate, pero no me salió así.
P: A la espera de A cada maldito segundo, el próximo 1 de julio. ¿Qué nos puedes avanzar?
R: Salen muy pegadas. Siempre fueron dos novelas porque habla de momentos vitales. Si en la primera, el hito era hacer la serie y verles más jóvenes con la manera que tienes de ser a esa edad, en la segunda nos trasladamos a unos años después. Una de las cosas que se han puesto muy de moda son los reencuentros entre actores y cómo no va a unirse el cast de Los nueve círculos. Te vas a encontrar unos personajes más maduros y si en la primera ves el momento de la fama, en la segunda ves el momento de después. ¿Qué pasa después? ¿Cómo son esos años? ¿Cómo impacta un éxito tan grande en cada uno de ellos? Hay una frase que dice uno de los personajes, que puedes ser un actor puntero, como Brad Pitt, que lleva haciendo películas toda su vida, o Leonardo DiCaprio. Pero estar con la fiebre loca de Titanic, nadie logra mantenerlo en el tiempo. ¿Cómo es el después? Y eso es lo que vamos a ver. Son más adultos y tienen las cosas más asentadas, o no.
Cristina Zavala
Redactora y guionista de LOS40. Completamente...Redactora y guionista de LOS40. Completamente enamorada de la TV. Estudié Periodismo en la UCM mientras trabajaba en distintos medios locales. Llegué a esta casa en 2000 y pasé más de una década en 40TV. Salté al mundo digital con la mejor redacción posible con la que compartir lo último en música, tv, moda o literatura, otra de mis pasiones.