Sanguijuelas del Guadiana transporta La Riviera de Madrid al corazón de Extremadura durante tres noches consecutivas
El trío extremeño ofreció ayer el último concierto en la capital... como si fuera el primero

Sanguijuelas del Guadiana en su tercer concierto de La Riviera. Madrid, 8 de mayo de 2026. / Europa Press News
La Riviera se convirtió anoche en una auténtica fiesta de pueblo extremeña. Mucho antes de que arrancara el concierto, los alrededores de la mítica sala madrileña ya estaban tomados por cientos de fans de Sanguijuelas del Guadiana que coreaban canciones y ondeaban banderas de Extremadura como si estuvieran a orillas del Guadiana y no en pleno Madrid. Y es que había una frase que resumía perfectamente el espíritu de la noche: “Suerte la tuya de poder vivir donde naces”.
Con tres sold out consecutivos a sus espaldas, los de Badajoz aterrizaban en la capital para despedirse de Madrid por todo lo alto en una cita que ya se intuía histórica desde antes de abrir puertas. Dentro de La Riviera, la puesta en escena recreaba una auténtica cochera de pueblo: un cartel de “Se vendía”, una orla antigua y un calendario viejo decoraban el escenario mientras el propio grupo daba la bienvenida al público con una declaración de intenciones: “Los que seáis de pueblo sabéis que las cocheras son especiales porque es donde se celebra todo con tus amigos y familia. Bienvenidos y bienvenidas a la nuestra”.
Y entonces empezó todo.
LOS40
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Sanguijuelas del Guadiana en su tercer concierto de La Riviera. Madrid, 8 de mayo de 2026. / Europa Press News

Sanguijuelas del Guadiana en su tercer concierto de La Riviera. Madrid, 8 de mayo de 2026. / Europa Press News
100 amapolas fue la elegida para inaugurar una noche donde la conexión entre banda y público fue total desde el primer segundo. Las primeras filas se transformaron en un auténtico campo de amapolas improvisado para recibir al grupo revelación del momento, mientras en los rostros de Carlos Canelada, Juan Grande y Víctor Arroba se mezclaban sorpresa, emoción y ganas de disfrutar cada instante.
Durante 90 minutos, La Riviera fue un no parar. Pogos, abrazos, globos al aire y banderas extremeñas acompañaron un repertorio que el público cantó de principio a fin como si cada canción fuese un himno generacional.
Temas como La brecha, Llevadme a mi Extremadura o Mirando por los míos sonaron con una fuerza especial, convirtiendo la sala en una celebración colectiva donde daba igual no conocerse: durante hora y media, todos parecían formar parte del mismo pueblo.
“No sé si esto es Madrid o Extremadura”, bromeaban desde el escenario entre canción y canción. Y no les faltaba razón. La emoción también se coló en los discursos del grupo: “Sabemos que hoy es una fecha especial porque es la primera que sacamos y se nota. Están nuestras familias, nuestros amigos, los conocidos del pueblo… esto es increíble”.
Una verbena bajo techo
Porque si algo define a Sanguijuelas del Guadiana es ese orgullo rural que impregna cada uno de sus temas. Un sentimiento que también quedó reflejado en las versiones de Nada que perder de Robe Iniesta y Me quedaré de Estopa, dos referentes que ayudaron a moldear el sonido y la identidad del grupo.
El concierto avanzaba repasando prácticamente todo su disco, aunque daba la sensación de que nadie quería que aquello terminara. 100 amapolas y Revolá volvieron a sonar más de una vez durante la noche y, aun así, se sintieron igual de especiales en cada repetición. Por momentos, la energía desenfadada y callejera del grupo recordaba a los primeros años de Pereza.
Pero hasta las mejores fiestas llegan a su fin. Y mientras sonaba Mentirosa para despedir la noche, La Riviera comenzaba a vaciarse lentamente con la sensación de que aquello no había terminado del todo. Afuera, el after parecía continuar rumbo al Manzanares, como si Madrid, por una noche, se hubiese convertido en un pedacito de Extremadura.
Porque si algo demostraron anoche Sanguijuelas del Guadiana es que, por muy lejos que estés de casa, siempre hay un motivo para volver al pueblo.












