El New York Times investiga una presunta campaña millonaria vinculada a Israel para influir en el televoto de Eurovisión
Las claves de la polémica que vuelve a cuestionar la claridaddel voto en el festival
Noam Bettan, repreentante de Israel, en Eurovisión 2026 / Christian Bruna
Eurovisión 2026 está a ùnto de empezar… y lo hace envuelta en polémica. Apenas 24 horas antes de que se celebre la primera semifinal, The New York Times ha publicado una amplia investigación que reabre uno de los debates más incómodos del certamen: la posible influencia política en el televoto.
Según el diario estadounidense, el Gobierno de Israel habría impulsado durante los años 2024 y 2025 una campaña millonaria y cuidadosamente organizada para promover a sus artistas y movilizar el voto popular, utilizando el festival como una herramienta de proyección internacional. Todo ello, en teoría, vulneraría una de las normas básicas del concurso: que ningún gobierno intervenga en las votaciones.
La información llega en el peor momento posible para la Unión Europea de Radiodifusión (UER), organizadora de Eurovisión, que intenta sacar adelante la edición de 2026 tras estar envuelta en la polémica.
Sin embargo, la investigación del New York Times —basada en documentos internos, datos de voto inéditos y más de medio centenar de entrevistas— apunta a que los intentos de Israel por influir en el televoto no solo existieron, sino que comenzaron mucho antes de lo que se creía y pudieron alterar directamente los resultados de varias ediciones recientes.
Una estrategia de "poder blando" con música y banderas
El New York Times describe la estrategia israelí como un ejemplo claro de lo que se conoce como soft power o "poder blando": usar la cultura, el entretenimiento y la imagen pública para mejorar la percepción internacional de un país. Eurovisión, con más de 180 millones de espectadores y una enorme influencia en redes sociales, era el escaparate perfecto.
Según los registros financieros citados por el diario, Israel habría invertido al menos un millón de dólares en campañas de promoción vinculadas al festival. Parte de ese dinero procedería de la oficina de hasbara —el departamento encargado de la comunicación internacional del Gobierno israelí— y se destinó a anuncios, contenidos en redes sociales y mensajes directos animando a votar por sus representantes.
Votos clave en países donde Israel es impopular
Uno de los aspectos más llamativos de la investigación es el análisis del voto popular. En Eurovisión 2024 y 2025, los representantes israelíes lograron resultados extraordinarios en países donde, según encuestas independientes, la opinión pública es mayoritariamente crítica con las políticas del Gobierno israelí. En algunos casos, explica el New York Times, bastaban unos pocos cientos de votos para cambiar por completo la clasificación final debido al sistema de puntuación del concurso.
El diario aclara que no ha encontrado pruebas del uso de bots ni de manipulación técnica encubierta. La estrategia habría sido legal desde el punto de vista publicitario: comprar anuncios y coordinar campañas en redes no está prohibido. El problema es otro. La normativa de Eurovisión establece que los gobiernos no deben participar en la promoción del voto, algo que choca frontalmente con la magnitud de la campaña descrita.
La UER, entre la presión y el silencio
La reacción —o falta de ella— de la UER también ocupa un lugar central en el reportaje. Según el New York Times, el organismo encargó estudios internos sobre la opinión de las emisoras públicas respecto a la participación de Israel, pero nunca hizo públicos los informes completos. Incluso se llegó a convocar una votación para decidir su continuidad en el certamen, que fue cancelada de forma abrupta.
Varias cadenas, entre ellas las de España, Irlanda, Islandia, Países Bajos y Eslovenia, pidieron más transparencia e incluso una investigación externa. En lugar de eso, la UER optó por modificar las normas del concurso mediante una votación secreta, evitando así pronunciarse directamente sobre la exclusión de Israel.
De 20 votos a 10… pero la polémica sigue
Este año, Eurovisión ha reducido el límite de votos por persona de 20 a 10. Aun así, la controversia vuelve a escena. El equipo del representante israelí de 2026, Noam Bettan, ha difundido mensajes en redes animando a votar el máximo permitido. El director del festival, Martin Green, ya ha advertido que ese tipo de llamamientos “no encajan con el espíritu del concurso”.
Israel participa esta noche en la primera semifinal. La música sonará, los focos se encenderán y millones de personas votarán desde casa. Pero, tras la investigación del New York Times, una pregunta sobrevuela el festival: ¿hasta qué punto Eurovisión sigue siendo solo un concurso de canciones?
Alba Benito
Periodista porque uso el teclado para algo más...Periodista porque uso el teclado para algo más que jugar a videojuegos. Un día me colé en una fiesta de Miley Cyrus y creo que por eso estoy aquí.