Veinticinco años de 'Exciter': el disco silencioso con el que Depeche Mode entraron en este siglo

En 2001, mientras el rock y el pop mutaban hacia otra era, la gran banda electrónica de los ochenta eligió la introspección antes que la nostalgia

Dave Gahan, de Depeche Mode, en concierto en 2001, cuando la banda publicó 'Exciter'.

Hubo un momento, a finales de los noventa, en que mucha gente creyó que Depeche Mode podían convertirse en una banda del pasado. No porque hubieran dejado de ser influyentes —eso era imposible—, sino porque el mundo alrededor estaba cambiando demasiado deprisa. El britpop se había agotado, la electrónica se fragmentaba en decenas de escenas distintas y el nuevo siglo empezaba a imponer otra velocidad cultural. En medio de todo aquello, Depeche Mode publicaron Exciter el 14 de mayo de 2001: un disco delicado, minimalista y extrañamente contenido para una banda acostumbrada a llenar estadios con himnos oscuros y gigantescos.

Quizá ahí estuvo precisamente su rareza. Porque Depeche Mode llegaban a Exciter después de haber sobrevivido a casi todo. Durante los noventa habían atravesado una de las etapas más destructivas de su historia. La salida de Alan Wilder en 1995 había roto una pieza fundamental de la maquinaria sonora del grupo, mientras Dave Gahan vivía sumido en las adicciones y al borde del colapso físico. El episodio más extremo llegó en 1996, cuando sufrió una sobredosis casi fatal en Los Ángeles. Durante un tiempo, la continuidad del grupo pareció directamente imposible.

Pero sobrevivieron. Y Ultra (1997), grabado en circunstancias dificilísimas, había demostrado que todavía quedaba vida artística en el proyecto. El problema era otro: qué significaba ser Depeche Mode en 2001. Ya no eran únicamente los pioneros electrónicos de los ochenta ni la banda oscura que había definido parte del sonido alternativo de principios de los noventa. Eran veteranos entrando en el nuevo siglo con un legado gigantesco sobre los hombros. Y, en lugar de intentar competir con las tendencias del momento, decidieron hacer algo mucho más arriesgado: bajar el volumen.

Exciter fue producido por Mark Bell, músico vinculado al dúo electrónico LFO y muy relacionado con la electrónica experimental británica. Su llegada ayudó a transformar el sonido del grupo hacia algo mucho más atmosférico y minimalista. Menos épico. Menos industrial. Más frágil.

Eso desconcertó a parte del público en aquel momento. Porque si discos como Violator o Songs of faith and devotion tenían una dimensión casi monumental, Exciter parecía construido desde la contención. Mucho espacio, programaciones suaves, guitarras ambientales y canciones que avanzaban lentamente, casi como susurros electrónicos. Incluso Martin Gore parecía escribir desde otro lugar emocional: menos angustia explosiva y más melancolía adulta.

El primer sencillo, “Dream On”, resumía bastante bien esa nueva estética. Oscuro, elegante y extraño, el tema evitaba deliberadamente cualquier tentación de himno inmediato. También aparecieron canciones como “Freelove” o “I Feel Loved”, donde convivían sensualidad electrónica y una sensación permanente de distancia emocional.

Depeche Mode - Dream On (Video Oficial)

Si se escucha hoy, Exciter resulta mucho más moderno de lo que pareció entonces. En parte porque anticipaba cierta electrónica melancólica y minimalista que años después se volvería habitual en muchísimos artistas. Pero en 2001, cuando todavía dominaban las superproducciones agresivas y el pop de gran impacto inmediato, el álbum fue recibido con cierta división crítica. Algunos lo interpretaron como una obra demasiado fría; otros vieron precisamente ahí su elegancia.

Lo que nunca estuvo en duda fue el peso cultural de Depeche Mode. Aunque ya no ocuparan el centro exacto de la conversación pop, seguían siendo una referencia absoluta para varias generaciones de músicos electrónicos y alternativos. Desde Nine Inch Nails hasta The Killers, pasando por media electrónica europea, la influencia del grupo resultaba inmensa.

Y comercialmente, además, Exciter funcionó bastante mejor de lo que suele recordarse. El disco alcanzó el número ocho en el Billboard 200 y el nueve en Reino Unido. Aquel dato escondía una pequeña anomalía histórica fascinante: Exciter se convirtió en el único álbum de estudio de Depeche Mode que entró más alto en Estados Unidos que en las listas británicas.

Eso decía mucho sobre el momento del grupo. Mientras en Reino Unido la percepción pública de Depeche Mode convivía inevitablemente con el peso de su pasado ochentero, en Estados Unidos llevaban años funcionando casi como una banda de culto masivo. Más oscuros, más alternativos y probablemente más respetados allí que en su propio país.

La gira posterior terminó reforzando además esa dimensión gigantesca del grupo en directo. Porque incluso cuando grababan discos introspectivos y contenidos, Depeche Mode seguían teniendo algo que muy pocas bandas poseen: una conexión emocional casi litúrgica con su público.

Exciter parece un disco de transición, sí, pero también una obra profundamente coherente con el estado vital de la banda. No intenta sonar joven a la fuerza ni competir desesperadamente con el nuevo siglo. Más bien transmite la sensación de unos músicos que entendieron que la única manera de seguir adelante era aceptar el paso del tiempo. Y quizá por eso el álbum conserva una belleza tan particular. Porque no suena a resistencia nostálgica, sino a supervivencia elegante.