Crítica de 'ICEMAN' de Drake: el triple álbum donde el control se convierte en exceso
El rapero canadiense responde a su momento más expuesto con tres discos simultáneos

Drake presenta su show en el Wireless Festival 2025 de Londres, julio de 2025 / Simone Joyner
Pensábamos que Drake iba a volver con un disco. Uno solo. Pero no. Ha vuelto como si un álbum ya no fuera suficiente para contener lo que ocurre cuando la imagen pública empieza a pesar más que la música que la sostiene.
Y lo que hay debajo de eso no es ambición. Es multiplicación. Drake no se ha dividido en tres discos, se ha repetido hasta perder nitidez.
Antes de seguir leyendo, te interesa ponerte al día del conflicto entre el protagonista de esta crítica y Kendrick Lamar, artista al que van dirigidas casi todos los versos de estas canciones. Pincha aquí.
LOS40
LOS40
Un día, tres álbumes
Hay algo hasta incómodo en la forma en la que estos tres álbumes se miran entre sí sin terminar de tocarse.
- ICEMAN es el Drake que reacciona. El que todavía está dentro del conflicto, el que escucha ruido y lo devuelve convertido en versos tensos y defensivos. Es un disco que no contempla la distancia, vive dentro del problema.
- Habibti hace otra cosa, se aleja. No resuelve nada, pero lo suaviza todo. Las emociones no se declaran, se dejan flotar. Es Drake intentando no pelear con lo que siente.
- Maid of Honour es el intento de salir del nudo. Más ritmo y más ligereza aparente. Pero incluso ahí no hay escapatoria real, solo otra manera de sonar dentro del mismo sistema emocional.
Tres discos, tres velocidades, una sola obsesión, la de no quedarse quieto dentro de una versión única de sí mismo.
Análisis de ICEMAN
ICEMAN es alguien intentando sonar frío mientras sigue afectado.
El disco vive en ese borde raro donde todo parece una respuesta a la conversación pública. Hay una reacción continua.
La producción acompaña esa lógica. Espacios amplios, graves pesados y un muy silencio estratégico. Todo suena expuesto. Incluso en su versión más pulida, hay una sensación constante de vigilancia, como si cada sonido hubiera pasado antes por el filtro de lo que puede o no puede ser interpretado.

Portada de 'ICEMAN', el nuevo álbum de Drake.

Portada de 'ICEMAN', el nuevo álbum de Drake.
Análisis de Habibti
Habibti es el disco que no pelea.
Las emociones aparecen, pero no como declaraciones. Más bien como restos. Todo es más suave, más difícil de agarrar con las manos.
Es el Drake que no discute, pero tampoco se retira. Se queda en un punto intermedio que no tiene nombre claro en ninguna lengua emocional.
Si ICEMAN es tensión, esto es evaporación.

Portada de 'Habibti', el nuevo álbum de Drake.

Portada de 'Habibti', el nuevo álbum de Drake.
Análisis de MAID OF HONOUR
El tercer disco intenta hacer algo más optimista, moverse.
Más ritmo, más ligereza, más sensación de "vale, sigamos". Pero después de dos discos anteriores, esa ligereza no termina de ser liberación. Suena más bien a cambio de iluminación en la misma habitación.
Como si alguien hubiera encendido otra luz para convencerse de que ha cambiado de sitio.
Funciona por momentos, pero nunca del todo. Porque el contexto lo arrastra todo.

Portada de 'MAID OF HONOUR', el nuevo álbum de Drake.

Portada de 'MAID OF HONOUR', el nuevo álbum de Drake.
Lo mejor de estos tres discos a la vez
Los mejores momentos aparecen cuando se rompe la necesidad de coherencia. Un artista multiplicándose por incapacidad de decidir qué versión de sí mismo ya no necesita existir.
Y luego está el otro dato, el que no es artístico pero lo atraviesa todo. En cuestión de horas, los tres discos ya suman millones y millones de escuchas. Drake publica música y activa un sistema.
En ese sentido, también representa algo más amplio que él mismo. Todo se siente demasiado cerca. Y por eso funciona incluso cuando no debería. Porque no es solo Drake. Es el reflejo amplificado de una forma de estar en el mundo.
El hip-hop nunca ha sobrevivido a base de consenso. Ha sobrevivido a base de fricción. De choque. De beefs como lenguaje estructural. Y cuando esa tensión no existe, el sistema se apaga.
De hecho, ahí está la contradicción central de ICEMAN y de todo el tríptico. Querer ser intocable en un género que históricamente ha vivido de ser exactamente lo contrario.

Lola Rabal
Recién graduada en Periodismo y Comunicación Audiovisual por la URJC. Viví en Chicago, donde descubrí...












