La tragedia de los perezosos de Florida
Más de medio centenar de animales murieron tras ser capturados en Sudamérica y enviados a una fallida atracción turística en Estados Unidos. El caso ha destapado las grietas del comercio legal de fauna salvaje.

Los perezosos son animales inofensivos y de aspecto adorable. / Mark Newman
Durante años, los perezosos han sido presentados, especialmente en redes sociales, como animales tranquilos y adorables. Casi como si fueran de peluche. Su imagen se ha convertido en un reclamo turístico y comercial capaz de atraer millones de visitas. Pero detrás de esa apariencia simpática se esconde una industria poco conocida que ahora ha quedado al descubierto en Florida, donde decenas de ejemplares han muerto tras ser utilizados como atracción interactiva.
El escándalo gira en torno a Sloth World, un negocio instalado en Orlando que prometía a los visitantes convivir con perezosos llegados desde Sudamérica. El proyecto terminó convertido en una investigación criminal después de que se conociera la muerte de más de 50 animales importados desde Guyana y Perú, tal y como denuncia un reportaje de la web Mongabay.
Los últimos supervivientes fueron trasladados al Central Florida Zoo en abril de 2026. Veterinarios y cuidadores encontraron animales extremadamente delgados, deshidratados y con graves problemas digestivos. Algunos apenas reaccionaban a los estímulos. Tres de ellos murieron pocos días después pese a los cuidados intensivos recibidos.
LOS40
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Un perezoso, con su cría. / Kevin Schafer

Un perezoso, con su cría. / Kevin Schafer
Las necropsias revelaron un mismo patrón: desnutrición severa y un deterioro físico extremo. Los especialistas creen que muchos llegaron a Estados Unidos ya debilitados por una cadena de estrés que comenzó mucho antes del viaje. Los perezosos habían sido capturados en selvas tropicales, mantenidos durante días o semanas en instalaciones precarias y transportados miles de kilómetros hasta Florida.
Maltrato sistemático
La situación empeoró en el almacén donde Sloth World mantenía a los animales antes de abrir al público. Según documentos oficiales y testimonios recogidos por medios estadounidenses, las instalaciones sufrían cortes eléctricos frecuentes y ni siquiera disponían de agua corriente estable. Para una especie extremadamente sensible a los cambios de temperatura, aquello resultó devastador.
El caso ha provocado indignación entre veterinarios y organizaciones conservacionistas, que denuncian la facilidad con la que estos animales pueden ser capturados y comercializados de forma completamente legal. En países como los citados Guyana o Perú existen cuotas autorizadas para exportar fauna silvestre, mientras que en Estados Unidos los permisos para importar perezosos requieren pocos controles y escasa supervisión real.
Lo ocurrido no es una excepción, sino la consecuencia de un sistema pensado más para facilitar el negocio que para proteger a los animales
Rebecca Cliffe y Sam Trull, dos de las mayores especialistas mundiales en conservación de perezosos, llevaban meses alertando sobre el peligro del proyecto. Ambas sostienen que lo ocurrido en Florida no es una excepción, sino la consecuencia lógica de un sistema pensado más para facilitar el negocio que para proteger a los animales.
La presión pública ha obligado a reaccionar a las autoridades. La Comisión para la Conservación de la Fauna de Florida suspendió temporalmente la importación de perezosos mientras continúa la investigación. Además, el comercio internacional de algunas especies ya ha empezado a recibir mayor vigilancia a través de la convención CITES, que regula el tráfico mundial de fauna amenazada.
Sin embargo, los expertos creen que las medidas siguen siendo insuficientes. Muchos de los animales rescatados jamás podrán volver a la naturaleza. Permanecerán el resto de sus vidas en zoológicos y centros especializados, dependientes de cuidados humanos permanentes.
El símbolo más visible de esta tragedia es un pequeño perezoso llamado Mr. Ginger. En las fotografías difundidas por el zoológico aparece abrazado a peluches y tomando el sol mientras intenta recuperarse. Su imagen ha despertado una ola de solidaridad, pero también una pregunta incómoda: cuántos animales más sufren lejos de las cámaras para alimentar un negocio basado en convertir la fauna salvaje en un espectáculo.

Dani Cabezas
Periodista y músico madrileño, fui durante años el responsable de la sección de Música del diario 20...












