Natxo López, nos lleva a los Sanfermines del asesinato de Miguel Ángel Blanco en ‘Iruña 1997’: “Lo viví muy de cerca y vi cómo afectaba a la gente que me rodeaba”
Hablamos con él de su primera novela, de su grupo con un triunfito y de la música de Barricada, Eskorbuto o Amaia
Portada de 'Iruña 1997', la primera novela de Natxo López. / Imagen cedida por Libros Cúpula
Natxo López es uno de esos escritores que quedan en la sombra, como pasa con los guionistas de series de ficción, a los que no siempre ponemos cara. El navarro comenzó en 7 vidas y desde entonces ha ido saltando de una producción a otra con obras como Vivir sin permiso, Operación Marea Negra o Entrevías. Con una trayectoria más que consolidada es ahora cuando ha decidido dar un salto a la literatura y publicar su primera novela: Iruña 1997.
Se sumerge en su Pamplona natal para recordar cómo vivió en las calles el secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco por parte de ETA en los Sanfermines de 1997 y lo hace sin caer en el morbo ni pretender abrir viejas heridas. Es el contexto de un caso policíaco que nos ayuda a entender cómo se vivió aquel suceso en las calles.
Nos fuimos a Pamplona para recorrer con él las distintas localizaciones que cobran importancia en la historia y escuchar de primera mano lo que significaron para él aquellos días. Comiendo junto a él en el Casino de la ciudad, -un lugar histórico con una biblioteca maravillosa- descubrimos que, además, la música no le resulta lejana. Empezó cantando en un coro de Iglesia y acabó formando un grupo, Harlem, con un viejo conocido de Operación Triunfo, Enrique Anaut. Pero aquello forma parte del pasado, ahora las historias llenan su vida y de hablamos un rato.
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Pregunta: Una persona tan acostumbrad a escribir, ¿por qué ha tardado tanto en debutar en la novela?
Respuesta: Buena pregunta. Es verdad que cuando era joven, al principio, tuve un cierto interés por escribir y escribía relatos cortos, pero es verdad que cuando me metí en el mundo del guion, empecé a trabajar bastante pronto, eso me absorbió. Considero que los guionistas somos escritores también, siempre lo he pensado. Pero es verdad que el trabajo es muy diferente y, sobre todo, el resultado del trabajo es muy distinto. Cuando eres guionistas no es algo para ser leído, es una herramienta para que otra gente lo convierta en una película o una serie. Siempre tuve ese deseo y pálpito de escribir una novela y es verdad que me generaba cierto respeto la idea de la literatura. Tenía la sensación de que tenías que alcanzar cierto grado de madurez para poder escribir una novela, pero como veía que iba a tardar mucho dije, la voy a escribir de cualquier modo, aunque no llegue a la madurez y empecé a escribirla. Encuentras la historia, encuentras el momento y me lancé.
Los escritores vivimos del conflicto, encontrar personajes contradictorios, el contar momentos difíciles.
P: Empezaste con un tema que no es baladí. Traes de vuelta a ETA, un episodio muy oscuro de España y lo haces sin filtros y exponiendo diferentes puntos de vista, ¿te pensaste mucho meterte en estos jardines?
R: Al principio mi intención era más hacer una novela policíaca que a mí me gusta mucho y, además, he escrito mucho policiaco para la televisión y el cine y es un género en el que me siento cómodo. Pero claro, en el momento que elegí el año y el momento histórico, que para mí iba a ser un contexto, en seguida me di cuenta de que lo iba a teñir todo y que iba a ser algo que iba a definir mucho la novela. Ahí es cuando me di cuenta de que me estaba metiendo en un jardín y decidí que me iba a meter en un jardín y que iba a ir con ello. Los escritores vivimos del conflicto, encontrar personajes contradictorios, el contar momentos difíciles. Este tipo de historia es más complicada de hacer y llevar adelante, pero también es un reto más interesante.
P: El ser navarro, ¿te lo ha dificultado o te lo ha hecho más fácil?
R: No, lo ha hecho más fácil. Yo viví esos años, viví esa época, estuve allí presente. Muchas de las cosas que aparecen en la novela yo las viví, sobre todo, lo que tenía que ver con la convulsión que hubo a raíz del asesinato de Miguel Ángel Blanco. Lo viví muy de cerca y vi cómo afectaba a la gente que me rodeaba. Todo eso me ha ayudado a entender mucho mejor esos pocos días que cuento en la novela.
P: Lo decía porque viviéndolo desde dentro a veces puede ser más parcial la visión que tiene uno que cuando lo ves desde fuera que tienes otra objetividad.
R: Cierto, pero es verdad que yo llevo 25 años fuera de Pamplona y tengo una especie de doble mirada exterior e interior. Soy un poco navarro de Schrödinger, tengo una mirada interior y exterior al mismo tiempo. Evidentemente mi familia está aquí y vengo mucho, pero vivo fuera y tienes una distancia. La política navarra la sigo muy poco. Normalmente no suele tener demasiada presencia en los medios nacionales, salvo cuando hay cosas como la que estamos viviendo ahora que, desgraciadamente, son más notorias. Pero no estoy pendiente de la actualidad del día a día de la política navarra y eso me permite que, cuando vengo y hablo con amigos, me permite verlo desde otra óptica.
P: Si hablamos de ETA, muchos tienen en el imaginario, Patria, de Fernando Aramburu, ¿qué crees que aportó esa novela y dónde crees que radicó el éxito de esa historia?
R: Hablar de referente es muy delicado porque parece que te estás identificando de alguna manera. Patria es una novela estupenda y me parece un novelón y la serie que se hizo después de Aitor Gabilondo que me parece de las mejores que se han hecho en este país en los últimos años o, por lo menos, de las que más me gustan. Patria tuvo el acierto de hacer por primera vez, de manera tan clara, desde que terminó el terrorismo, de poner el tema sobre la mesa en la ficción, en una novela. Y lo hizo de una manera que ayudó a mucha gente, no tanto el conflicto, sino cómo afectaba a la vida diaria de la gente. Eso me parece increíble. Me parece una de las novelas más importantes de los últimos años.
P: Dices que elegiste el contexto histórico, ese asesinato que conmocionó a todo el país. ¿Viviste aquello desde Pamplona? ¿Cómo lo recuerdas?
R: Tengo varias imágenes grabadas, pero, sobre todo, tengo una imagen grabada que fue la mañana del 13 de julio del año 1997. La tarde anterior habían encontrado a Miguel Ángel Blanco con dos tiros y durante la madrugada murió en el hospital. Esa mañana yo estuve en la plaza del ayuntamiento por cuestiones laborales, estaba trabajando en objetos perdidos y tenía que ir en bici. De pronto acabo en mitad de la plaza del ayuntamiento con mi bici y me encuentro a cientos de mozos gritando ‘hijos de puta’ a la sede de HB, intentando acceder. Otros mozos, del otro lado, intentando pegarse con estos. Y la policía nacional y la policía municipal parándolos y protegiendo la sede de HB.
Yo esos días me puse el lazo azul como mucha otra gente y mi madre me dijo, ‘no deberías ponerte eso a ver si te va a pasar algo’. Así mucha gente. Daba miedo posicionarte públicamente.
P: O sea, que tal cual lo cuentas en la novela, lo viviste.
R: Sí, sí, y es una imagen que para mí se me quedó en la retina porque fue un cambio radical. Por un lado, veías un montón de gente que, de repente, estaba sacando su rabia y su frustración por el asesinato y eso era algo como muy llamativo y muy nuevo porque en Navarra, en ese momento, la gente no se atrevía a posicionarse realmente en la calle. yo no me atrevía y la mayoría de la gente tampoco. Yo esos días me puse el lazo azul como mucha otra gente y mi madre me dijo, ‘no deberías ponerte eso a ver si te va a pasar algo’. Así mucha gente. Daba miedo posicionarte públicamente y, de repente, esos días cambió eso. La gente salió a la calle a decir ‘basta ya’. Pero luego también, en el otro grupo, tú veías al mundo abertzale, por primera vez, asustado. Ellos no habían visto eso de que la ciudadanía saliera a manifestarme en contra de ellos de esa manera. Y todavía creo que lo recuerdan con pánico aquel momento porque para ellos fue muy jodido. Y en esa imagen estaba la policía protegiéndolos para que no les lincharan. Y yo decía, estos policías qué estarán pensando porque claro, en aquellos momentos a los nacionales les mataban un compañero todas las semanas. Hostia, esta gente está aquí cumpliendo con su deber para que esta ciudad no arda, pero tiene que ser complicado. Siempre tuve esa imagen en la cabeza y me gustaría explorar qué podían estar sintiendo los policías en ese momento y fue uno de los motores que tenía.
P: Al final una de las claves de la novela es esa contraposición de entender la situación dos policías, uno nacional y otro municipal. Al final, las circunstancias y la cultura heredada marcan mucho.
R: Claro, la idea era dos personajes que vienen de dos mundos muy diferentes que, a veces, en una simplificación se llama las dos Pamplonas, pero hay muchísimas más Pamplonas, es mucho más complejo. Pero vienen de esos dos mundos y sí se parecen en algo y es que ambos tienen cintura para alejarse de ambos extremos. Y no estoy diciendo que uno sea bueno y otro malo, tienes matices muy distintos, pero los dos personajes tienen esa capacidad de decir, ‘sé que eres muy diferente a mí, pero voy a trabajar contigo porque los dos tenemos un interés común que es investigar un caso que a los dos nos parece que hay que investigar’. Eso es lo que les une y el motor de la novela y de su actuación policial y todo lo que pasa entre ellos dos.
P: Sanfermines, claro. A tu policía nacional no le gusta esta fiesta, ¿eso ocurre?
R: Claro, claro, hay muchos navarros que huyen en Sanfermines de Pamplona. No sé si sigue pasando, pero una cosa que pasaba mucho en mi época es que los pamploneses se iban a Salou o Cambrils en esos días. Éxodo, sobre todo, con niños. Sí que los hay, pero creo que, incluso Julio, tiene una unión sentimental con los Sanfermines que no puede evitar. Sea un tipo poco dado proclive a la fiesta, lo siento como algo propio y cercano y yo creo que los pamplonicas lo llevamos dentro eso. Pamplona es una ciudad muy tranquila y agradable y, de pronto, son 10 días en los que se convierte esto en una cosa totalmente distinta. A mí me resulta muy divertido y es algo que me afecta mucho emocionalmente, ver mi ciudad convertida en ese mundo de esplendor y de tanta fiesta.
P: ¿Todos tenéis pañuelos rojos en casa?
R: Sí, sí, sí, tengo pañuelo rojo aquí y pañuelo rojo en Madrid y el 6 de julio me lo pongo.
P: “Entre los navarros no se hablan las cosas importantes, se sobreentienden”. ¿Cliché o realidad?
R: Es un poco realidad. Los clichés existen porque parten de algo y es un poco así. A veces los problemas entre navarros se enquistan porque no se hablan o a veces se solucionan sin hablarse que eso es una cosa muy de aquí. A lo mejor tienes dos palabras amables con alguien con quien has tenido una disputa y ya sabes que está arreglado y no hace falta hablar del tema.
El final del terrorismo ha sido un cambio brutal, sí que ha cambiado el panorama tanto de Navarra, como del País Vasco, sobre todo, pero también de toda España, y creo que nos falta una celebración. No sé cuándo la vamos a hacer. Entiendo que hay mucho dolor detrás y muchas cosas que resolver, pero creo que hay que celebrar que ya no esté ETA.
P: No han pasado ni 30 años, pero claro, cuando hablas de un teléfono móvil y de los emails como cosas extrañísimas, uno se da cuenta de que, aunque en algunas cosas no hayamos cambiado mucho, en otras, vivimos en un mundo completamente distinto, ¿no crees?
R: Sí, recuerdo que mi primer móvil lo tuve en el año 99, que fue cuando terminé la universidad y como me fui a Madrid mi madre me compró un teléfono móvil. Pero estaba empezando en aquellos años. Y recuerdo la primera vez que entré en internet. Fue la primera vez que fui a la Universidad de Navarra, a la facultad de Periodismo y me dijeron que existía esta cosa de internet. Había un aula donde te podías meter en internet. Somos una generación que ha vivido ese cambio radical, pero luego, en realidad, en las cosas importantes no han cambiado tanto las cosas, aun se sigue pareciendo mucho a lo que era. Lo que sí ha cambiado mucho y para mí es muy importante, y lo digo mucho, es que el final del terrorismo ha sido un cambio brutal, sí que ha cambiado el panorama tanto de Navarra, como del País Vasco, sobre todo, pero también de toda España, y creo que nos falta una celebración. No sé cuándo la vamos a hacer. Entiendo que hay mucho dolor detrás y muchas cosas que resolver, pero creo que hay que celebrar que ya no esté ETA. Para mí es la mayor noticia que ha habido en España en los últimos 20, 30 años con diferencia.
P: Hablando de las cosas que no han cambiado mucho, una de ellas es la presencia de agresiones sexuales y la utilización de drogas.
R: Lo que ha cambiado en Pamplona es que ahora hay muchos más protocolos y controles, especialmente desde el año de La Manada. Hay mucha más preocupación y unos protocolos mucho más claros, policiales y de todo. Eso sí ha cambiado, pero es verdad que eso ya existía antes y a lo mejor no estaban tan presentes mediáticamente. Era algo que pasaba, se daba por hecho y ahora hay más atención puesta sobre eso, lo que me parece estupendo, pero eso puede dar la sensación de que hay más que antes, pero no, antes pasaban más desapercibidas.
P: Guiños musicales en la novela. La primera canción que nos encontramos en la novela es Barrio conflictivo de Barricada, dedicada a la Txantrea. ¿Un símbolo navarro?
R: Es una canción que habla de este barrio conflictivo en aquella época. Ahora es un barrio mucho más tranquilo. Lo puse porque era una canción que hablaba específicamente de cómo era ese barrio en aquella época. Era un barrio donde, sobre todo, el auge del movimiento abertzale o kale borroka generaba conflicto, básicamente, porque a la policía le costaba entrar en el barrio, les recibían a pedradas. La canción lo cuenta un poco y la he puesto por eso.
Barrio Conflictivo
P: Describes la habitación adolescente de Julio Goñi con posters de Tequila, Pink Floyd, The Police, Mocedades… ¿en algo parecida a la tuya?
R: Jajajaja… es verdad que Julio y Amaia son personajes muy distintos, ninguno de ellos soy yo, pero los dos un poco yo también. Y tal vez Julio sea un poco más y es verdad que algunos de sus grupos me gustan a mí. Mocedades no lo tenía puesto en la habitación, pero yo cantaba en un coro musical en la parroquia de San Nicolás y cantábamos canciones de Mocedades y me gustaban. Y cantábamos canciones también religiosas y en euskera. Formar parte de un coro me daba mucha satisfacción personal y cantaba cosas que a lo mejor no eran las que escuchaba, pero me gustaban también. Por eso es verdad que Julio tiene unos gustos musicales eclécticos, pero porque yo los tenía también.
P: Pasear por el cementerio y escuchar de fondo La Macarena, ¿tiene algo de simbólico?
R: Jajaja… esa contradicción audio y visual que es un poco los Sanfermines. En esos días, en muchos espacios de la ciudad escuchas verbenas lejanas. Básicamente me hacía gracia esa idea de que entres en el cementerio, que es un lugar de recogimiento y silencio, y estés escuchando La Macarena a lo lejos.
P: No falta Eskorbuto con Mucha policía, poca diversión.
R: Se escuchaba mucho en la época y me hacía gracia que ella, que es una policía municipal, que cantase esa canción. Seguramente le gustaría. Tal y como se describe en la novela es una chica euskaldun, joven, que saldría de marcha y escucharía ese tipo de canciones. Es una de las cosas que también se cuenta en la novela y que a mí me pasaba también. Yo tenía distintos grupos de amigos y unas veces salían por San Nicolás que es una calle un poco más pija y escuchaba Duncan Dhu y otras cosas, que a mí me gustaba. Pero luego, ibas dos calles más allá, a Caldera o Jarauta y escuchabas Eskorbuto y este tipo de cosas, y también me gustaban algunas de estas canciones y también las podía disfrutar. Esa contradicción está ahí y me parecía interesante que ella, siendo policía, cantara esa canción en algún momento. Bueno, no la canta, pero se la imagina cantando.
Mucha policía, poca diversión
P: Nos cuentas el origen y significado de una canción como Sarri Sarri de Kortatu que suena en una Herriko Taberna. ¿Siguen siendo himnos este tipo de canciones?
R: No lo sé, porque es verdad que no pertenezco al mundo abertzale como para saberlo, pero yo creo que sí lo ha sido mucho tiempo y seguramente para mucha gente lo sigue siendo. Es una canción que me encantaba, que me hacía bailar. Y fíjate que tiene una historia de un terrorista que se ha fugado de la cárcel, pero es que, está muy bien la canción. Es un temazo. Formaba parte de esas contradicciones. Que las cantaras o bailaras en determinado momento no significaba que estuvieras apoyando determinadas cosas. Además, cuando tenías 20 años muchas veces no sabías ni de qué iba la canción, te gustaba y ya está.
Sarri, Sarri
P: Amaia va pasando el dial de la radio y descartando los éxitos veraniegos, mencionas algunos, y se queda con Gimme The Power, de Molotov, ¿hasta qué punto le define la música a tu personaje?
R: Me gustaba mucho esa canción, hacía tiempo que no la escuchaba, pero en su momento pegó muy fuerte. Tenía mucha fuerza y me llamó mucho la atención. Era de ese año y por eso la he puesto. Fui buscando canciones del 97. Hay algunas que son anteriores, pero hay otras que son específicas de ese año.
P: Si Amaia hubiese sido de ese tiempo, ¿sonaría en tu novela?
R: Sí, claro. A mí me encanta ella. Me gusta mucho la canción que tiene de Yamaguchi, del parque Yamaguchi de aquí, es una canción que tenía mucho en la cabeza cuando escribía pasajes del libro porque el final del libro es en ese parque y Amaia es tan talentosa. Pero creo que ella nació en el 99, ni siquiera estaba viva en el 97.
P: Supongo que como guionista y showrunner, has concebido esta novela como serie, ¿no?
R: Sí, evidentemente mi objetivo era escribir una novela con la que me sintiera satisfecho, pero es inevitable. Ha habido gente que me ha dicho que se nota que soy un escritor muy visual porque es verdad que pienso mucho en imágenes, en sonidos, en lo que se vería en una hipotética pantalla. Es una vía que está ahí y estoy trabajando en ello y espero que más adelante podamos contaros cosas.
P: ¿Les has puesto rostro a tus personajes de algunos de los muchos actores con los que has trabajado?
R: Es difícil. Normalmente intento no ponerles rostro porque luego, casi nunca es quien tú quieres. Si pudieras elegir, estupendo, pero depende de mil variables, así que, si se hace una adaptación en algún momento, habrá que buscar a los actores adecuados.
Todo lo que tiene que ver con Miguel Ángel Blanco, es un tema muy delicado y un tema muy sensible. He intentado evitar que dé la sensación de que quiero utilizar eso para vender la novela y no era la intención.
P: ¿Ya es normal encontrar mujeres negras hablando euskera en Navarra o sigue siendo excepcional como en tu novela?
R: Ahora puede ser más habitual, aunque sigue siendo algo excepcional. Es más posible, en aquella época era rarísimo. Es una de las cosas extraordinarias que hay en la novela, fuera de lo ordinario. Me servía para jugar con los prejuicios de los personajes. Encuentras una chica negra y te haces una idea de lo que es o de dónde viene y jamás se te ocurriría que pudiera hablar euskera. En aquella época, además, ‘es extranjera, es una guiri’. Ayuda un poco a despistar al lector y me parecía interesante. De hecho, lo puse porque yo una vez vi en una manifestación abertzale a una chica negra y se me quedó grabada esa imagen y no tenía ni idea de quién era ni sabía lo que hacía allí, pero me llamo la atención. En 1997 apenas había inmigración en Pamplona, es una cosa que ha cambiado mucho y creo que ahora ha aumentado mucho la presencia de emigrantes y creo que enriquece. Además, Navarra tiene un crecimiento negativo de población, se muere más gente de la que nace, y hace falta que vengan inmigrantes. Y eso está generando ciertas tensiones, como en el resto de España, problemas con gente que cree que esto es un problema y que vienen para perjudicarnos más que para ayudarnos y yo no estoy de acuerdo con eso.
P: Para acabar, repasando los puntos sensibles de la novela, que son muchos: ETA, los métodos franquistas de los cuerpos de seguridad, consumo de drogas, agresiones sexuales… de todo esto, ¿en qué te ha costado más meterte y escribir sobre ello?
R: Todo lo que tiene que ver con Miguel Ángel Blanco, es un tema muy delicado y un tema muy sensible. He intentado evitar que dé la sensación de que quiero utilizar eso para vender la novela y no era la intención. La intención era hablar de eso y no tanto del asesinato y el secuestro sino de lo que generó en la calle, de las consecuencias de eso. Es un tema en el que me paraba mucho más cuando tenía que escribir y repasaba más lo que había escrito.
P: Cuando tu gente cercana ha leído la novela, ¿qué es lo que más les ha sorprendido?
R: De momento la recepción está siendo muy buena, no tanto porque les guste o no –que en general les está gustando-, hay una buena sensación en que no les parece que sea problemática. Era algo que a mí me preocupaba. Es un tema que es todavía delicado aquí en Navarra y que genera mucha crispación política más mediática. Lo que me gusta de Pamplona es que es una ciudad plural en la que se convive bien, en general, luego hay trifulcas políticas como en todos lados, pero yo salgo a la calle y en la vida cotidiana hay mezcla, comprensión y, en general, facilidad de comunicación con la gente que se lleva bien y es una cosa que me encanta de Pamplona. Es una ciudad maravillosa en ese sentido y un poco desconocida en el resto de España, no se habla mucho de ella. Yo creo que la novela la he escrito casi más para que entienda la gente de fuera cómo es Pamplona que no para la gente de Pamplona que ya saben cómo son. Seguramente encontrarán cosas con las que puedan discrepar, pero fueron decisiones que fui tomando y me resultaron fáciles. Yo viví 1997 con mucha emoción, tenía 21 años y estaba estudiando. Estuve investigando también un hecho que pasaba mucho y es que, en Sanfermines, había mucha gente que se caía de las murallas y se mataban porque se quedaban dormidos y rodaban. O hubo una pareja que se mató porque estaban f*llando. También había gente que se tiraba. De hecho, en el 97 murieron dos personas en días distintos. Y en el 98 empezaron a poner vallas y empezó a bajar, aunque todavía hubo algunas muertes más. Con la mente calenturienta que tenemos los que escribimos historias policíacas o thriller siempre decía, es una manera muy fácil de matar a alguien porque vas a dar por hecho que ha sido una caída. Siempre tuve clara esa idea de inicio de una novela con una policía que se empeña en investigar y descubre que hay algo más detrás. Cuando me puse a investigar la época y hablar con policías, todo lo que iba saliendo era súper interesante.
Cristina Zavala
Periodista especializada en cultura pop desde...Periodista especializada en cultura pop desde que aterrizó en LOS40 con el flow2000 antes de Bad Gyal. Siempre entre libros y pantallas buscando lo que aporta la música a todos los ámbitos de la vida.