Pablo Alborán se despide de Madrid con Carla Morrison, Guille Toledano y Antony Z como invitados especiales y una nueva canción
Una noche para sentir todo tipo de emociones
Pablo Alboran en un concierto en el Movistar Arena de Madrid en 2023 - Redferns / Aldara Zarraoa
Menuda semana la de Pablo Alborán en Madrid. Arrancaba el lunes con LOS40 Básico en el Teatro Eslava con unos pocos afortunados que podían disfrutar del malagueño en la intimidad que permite la sala. Allí pudo conversar con Tony Aguilar, escuchar la opinión de los niños sobre su música o sorprenderse con la aparición sorpresa de Blanca Suárez. Y sí, digo sorprenderse porque todavía tiene esa capacidad de vivir con ilusión las cosas y coincidir con dos de sus compañeras de su experiencia Netflix en el contexto de su faceta musical –la otra fue Abril Zamora- todavía le emociona.
Y es que esa quizás sería la palabra que mejor le define, emoción. La que recibe y la que transmite. Y lo hemos podido comprobar en los dos ‘sold out’ en el Movistar Arena de este jueves y viernes. Después de varios años coincidiendo con él en distintas ocasiones. Después de haberme pasado por los ensayos de esta gira. Después de intentar alguna que otra vez ir a uno de sus conciertos, sin suerte, por fin llegó el día en el que ahora sí, pude disfrutar de uno de sus actuaciones íntegras. Y sí, las expectativas estaban altas y las superó con creces.
En el tú a tú había descubierto a un malagueño cercano, cariñoso, humilde, agradecido y con un sentido del humor que no siempre es tan evidente. Y eso es lo que encontré sobre el escenario, pero multiplicado con creces. En casi dos horas y media y una puntualidad británica, los allí presentes pasamos por todas las emociones. A él se le quebró la voz en alguna ocasión recordando el apoyo que ha recibido en estos años dedicado a la música igual que las lágrimas asomaban en su público y se erizaban las pieles cuando se percibía esa intensidad de canciones como Mis 36 -con él solo al piano- o esa nostalgia de Solamente tú que nos hace darnos cuenta de todo lo que ha conseguido desde que le conocimos en aquel sofá blanco de casa de su madre.
Y él es consciente de que si está donde está es gracias a su público y lo valora, lo agradece y devuelve con creces tanto amor de la mejor forma que sabe hacerlo, ofreciendo un concierto de esos que se escuchan, se bailan, se disfrutan y se guardan en la memoria para siempre. No es solo su potencia de voz, su técnica de voz impecable, su capacidad para generar emociones. Es también esa conexión que solos los artistas que quieren y respetan a su público son capaces de conseguir.
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Que arrancara con Clickbait era ya una señal de que no se acomoda en su zona de confort. Nos decía que Pablo Alborán es el chico de las baladas desgarradoras, pero también el de los pasos prohibidos que es capaz de sacar una sonrisa pícara. Y esa dualidad estuvo presente en un concierto que va calibrando los diferentes palos de manera que se hace todo muy corto. Y es que, sin duda, es un chico de pop, pero también de raíces, las andaluzas y de vez en cuando las latinas. Lo mismo sientes esa vena aflamencada del sur, que esa sangre caliente de la bachata. Y cuando menos te lo esperas te sorprende con un plot twist como es Copiloto que, lejos de desencajar, es un soplo de aire fresco que te deja con ganas de más porque arriesgar le sienta bien.
Y hasta tiempo para las reivindicaciones hay en esas casi dos horas y media. En el set a piano, no falta esa Planta 7 que nos cuenta el difícil momento familiar que vivió en Valencia y que le hace pedir que valoremos a los sanitarios incluso antes de tener que esperar a necesitarlos. Donar médula lleva solo unos minutos y es de vital importancia y de ahí que no dude en poner en pantallas la web de la Fundación de José Carreras. ¿Cómo no emocionarse con gestos tan de verdad y que siente con tanta fuerza?
Una noche para compartir escenario
El Movistar Arena se rindió a Pablo como él se rindió a su público. Agradecía a cada instante poder vivir momentos así. Y hay unos pocos que cumplieron un sueño. Tras pararse a leer varios carteles de los que llevan los fans más habilidosos, escogió a unos cuantos para que subieran al escenario con él a sentarse en las escaleras para cantar juntos Perfectos imperfectos, Que siempre sea verano, Tu refugio y Dónde está el amor. Eso sí que es único y mágico porque no es de los que marcan distancias, todo lo contrario. Les preguntaba el nombre a todos, les cogía de la mano y les miraba a los ojos mientras cantaba porque lo suyo no es postureo, es agradecimiento del de verdad.
Y en ese agradar a su gente, preparó un cuadrilátero en mitad de la pista para estar cerca de todos. Y por allí fueron desfilando sus invitados, los mismos de la noche anterior. Reconoció que Guille Toledano le conquistó cuando le conoció en la Academia de Operación Triunfo y fue él mismo quién escogió cantar juntos por segunda vez, Ecos. Eso de dar oportunidad a las nuevas generaciones es una muestra más de su generosidad. Luego subió Carla Morrison, una de esas cantautoras mexicanas que hipnotizan y con la que contó que se fue a París a componer con ella una canción de amor. Y como no hay dos sin tres, una noche más, subió al escenario Antony Z, más sabia nueva que muchos descubrieron esa noche y que seguro que a partir de ahora también incluyen en sus playlists.
Un espectáculo 360º
Una noche redonda donde no solo hay que felicitar a Pablo Alborán, vamos a ser justos, también a sus músicos a los que hacía referencia constantemente dándoles su espacio y su reconocimiento dando muestras, una vez más, de su generosidad. También hay que felicitar a Salvador Alborán, su hermano y a la vez su director artístico que ha conseguido que el concierto sea también visualmente magnético. Una luz bonita que le da al concierto un plus de elegancia y sofisticación. Unos visuales que marcan el ritmo y la intensidad en cada momento y un estar de Pablo en el escenario sin coreografías impostadas, pero con movimientos naturales que dejan claro que todo está cuidado al detalle, con una intención. ¡Más baile de Pablo Alborán, por favor! El talento debe ser cosa de familia. Y ese momento Saturno con estrellas en las pantallas y en el público, es de otra dimensión, como su planeta.
Siempre me habían dicho que merecía ir a ver a Pablo Alborán en directo y sí, he de admitir que tenían razón. Mientras en Barcelona vivía el estreno de la residencia de Bad Bunny en España, en Madrid nos enamorábamos aún más de un Pablo Alborán que queremos a nuestro lado muchos años más porque cuando el talento es tan grande, lo queremos cerca. Aprovechó para presentar una nueva canción, Tiempos bonitos, y dejó caer que no había grabado las voces y que tal vez sea la de esta noche con las imágenes de su directo, las que den forma esta canción que se suma ya a su imaginario. Por muchas más.
Pablo Alborán es un sí. Después de dos noches intensas, ahora una semana de descanso hasta el próximo 30 de mayo donde Valencia le recibirá con los brazos abiertos, tienen una historia común que ya les vuelven más sensibles. El Pablo Alborán de su infancia es el que pone el broche final al concierto y nos deja claro que ese espíritu sigue presente en su música y su forma de vida. Y que no lo pierda.
Cristina Zavala
Periodista especializada en cultura pop desde...Periodista especializada en cultura pop desde que aterrizó en LOS40 con el flow2000 antes de Bad Gyal. Siempre entre libros y pantallas buscando lo que aporta la música a todos los ámbitos de la vida.