El último de la fila despliega la nostalgia en un concierto para estar presentes en el Metropolitano de Madrid
30 años después, Manolo García y Quimi Portet demuestran que siguen estando en forma
El último de la fila en el estadio Ryadh Aire Metropolitano de Madrid, 2026. / Europa Press News
Tenía 14 años cuando fui al primer concierto de mi vida y era precisamente de El último de la fila. Han pasado décadas hasta que he podido verles de nuevo sobre un escenario y disfrutar de una noche de nostalgia. Y como la mía, muchas historias que saldaron cuentas con el pasado ayer noche en el Estadio Ryadh Air Metropolitano. Uno de esos conciertos que, para variar, no creo fomo entre los más jóvenes, sino entre los que ya tiene los 40 o 50. la media de los 55.000 espectadores que se reunieron para volver a ver juntos a Manolo García y Quimi Portet.
Ha pasado el tiempo, pero hay cosas que no cambian. Manolo sigue teniendo esa energía que siempre ha tenido cuando sale a escena, incapaz de quedarse quieto un segundo, ni siquiera cuando saca un sofá al escenario para cantar Disneylandia de Los Burros. Ni ahí puede quedarse sentado tranquilo.
Precisamente fueron dos temas de ese grupo germen de El último de la fila, Huesos y Conflicto armado los que arrancaron el concierto todavía con luz del día y con puntualidad máxima. Después se fueron sucediendo las canciones sin descanso.
“A todos los amigos que habéis viajado desde otras comunidades para estar aquí con nosotros, muchísimas gracias por el viaje, de paso hacéis turismo, que tampoco está mal, Madrid mola. Y a los madrileños de toda la comunicad, muchísimas gracias”, decía Manolo antes de continuar con uno de los grandes clásicos del grupo: Querida Milagros.
El público estaba entregado y rendido ante un grupo que ha formado parte de la banda sonora de muchas vidas que recordaron ese pasado durante las casi dos horas y media que duró el espectáculo con sello personal del grupo. Visuales surrealistas con pollos asados, ovejas, vacas y loros, astronautas, regaderas o películas de Hitchcock, entre muchas otras imágenes que forman parte de ese universo loco, onírico y simbólico marca de la casa. Y sí, muchos peces, esos que en su mundo funcionan como metáfora del surrealismo, la naturaleza y la libertad. Y con el agua muy presente siempre en canciones como Mar antiguo o Cuando el mar te tenga.
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Dos guitarristas de altos vuelos: Quimi y Sara
Ya lo dijo Quimi que bromeó con la idea de que su edad les permite repetir las cosas y recordó, una vez más, esos inicios con Los Rápidos, “venía muy poca gente y Manolo os despedía siempre diciendo, ‘id y multiplicaos’. Sinceramente, os agradecemos que os hayáis multiplicado tan fehacientemente. Salud y por muchos años”. Fueron las únicas palabras que se permitió, lo suyo es más tocar la guitarra y se permitió sus momentos de lucimiento.
Aunque en eso de la guitarra tuvo competencia, la de Sara García, que llegó a escena cuando sonaron los primeros acordes de Sara. La hija del cantante, esa de la que se muestra reacio a hablar, pero que parece haber heredado su talento, les acompañó en varios de los temas en la recta final del concierto y tuvo sus planos protagonistas en pantalla y su solo en una de las canciones más esperadas. Hay que dar paso a las nuevas generaciones.
Una noche de éxitos para estar presentes
“El pueblo llano que somos nosotros hacemos feliz al pueblo llano que sois vosotros. El pueblo llano que sois vosotros, hacéis feliz a estos sueña tortillas que somos, que de críos queríamos estar aquí cantando y viendo vuestras sonrisas. Y, coj*nes, lo hemos conseguido, somos put*mente felices”, decía. Y se fijaba en algo poco habitual últimamente en un concierto, “casi nadie está filmando, estáis aquí todos presentes. Gracias por estar presentes y no en la p*tísima pantalla”. Y es que, a diferencia de lo que ocurre hoy en día en casi todos los conciertos, la gente, en su mayoría, no vio el concierto a través del móvil.
No fue la única vez que valoró las sonrisas, también tuvo unas palabras sobre las caras de los que estamos ya aburridos, “los que nos dan disgustos, que se vayan a cagar, c*ño”. Y es que sí, Manolo se explayó en exabruptos en las intervenciones que tuvo a lo largo del concierto.
Corrió, lanzó besos, tocó timbales o pandereta, enseñó sus calcetines, lanzó su cazadora vaquera al público, se cambió dos veces de ropa, no paró de saltar y correr y demostró que su voz sigue siendo impecable. Temas como Aviones plateados, El loco de la calle, El que canta su mal espanta, Canta para mí o Lápiz y tinta, dejaron claro que hay canciones por las que no pasa el tiempo. Tal vez se hizo un poco largo el vídeo que proyectaron sobre sus inicios mientras se tomaban un descanso, pero se tenían que preparar para un cierre apoteósico.
Hacia el final del espectáculo, Manolo bromeó con el fútbol y dijo que, pese a ser del Barça agradecía al Atleti por haberles dejado su casa. Luego aclaró que el fútbol no le importa tanto en realidad, pero sí se sentía agradecido y hasta se puso una camiseta del equipo con el número 8.
Y no con el himno del equipo, sino con El rey de José Alfredo Jiménez, pusieron el broche de oro a esta vuelta a los escenarios en la capital con un concierto en el que algunos echaron de menos A San Fernando Un Ratito A Pie y Otro Caminando. Eso sí, hubo un fin de fiesta con esos dos clásicos que todo el mundo esperaba: Como un burro amarrado a la puerta de un baile e Insurrección.
Un fin de fiesta por todo lo alto que hizo preguntarse a muchos si esto ha sido excepcional o habrá más. Ni ellos mismos los saben.
Cristina Zavala
Periodista especializada en cultura pop desde...Periodista especializada en cultura pop desde que aterrizó en LOS40 con el flow2000 antes de Bad Gyal. Siempre entre libros y pantallas buscando lo que aporta la música a todos los ámbitos de la vida.