Nerea Gilabert, experta en gatoterapia: “El gato se acerca, ronronea y ayuda a regular nuestras emociones"
Un consuelo silencioso que actúa directamente sobre el bienestar emocional
Un gato / Westend61
La relación entre humanos y gatos va mucho más allá de la compañía. Según Nerea Gilabert, pedagoga terapéutica de la asociación Biak Bat (Alsasua, Navarra), estos animales pueden convertirse en un apoyo clave en momentos de vulnerabilidad como el duelo. En declaraciones concedidas a ¡HOLA!, la experta explica que los gatos “ofrecen lo que una persona necesita emocionalmente en esos momentos: seguridad, calma, presencia, cero exigencia y apoyo sin juicios”.
Su capacidad para acompañar sin invadir permite que muchas personas encuentren en ellos un refugio emocional. Aunque no hay pruebas científicas de que los gatos busquen consolarnos de forma intencionada, su comportamiento facilita esa percepción: se acercan, ronronean, se tumban sobre la persona y permanecen en silencio.
Cómo detectan el estado emocional humano
Gilabert subraya que los gatos son especialmente sensibles a los cambios en las personas. Pueden percibir variaciones tanto en el comportamiento como en el estado fisiológico, lo que les lleva a adaptar su actitud. Ese ajuste se traduce en una cercanía física que favorece la regulación emocional.
Este tipo de interacción, sin exigencias ni juicios, resulta especialmente eficaz en situaciones de tristeza profunda, donde el contacto humano puede resultar abrumador.
La reacción del cerebro al acariciar un gato
Más allá de lo emocional, el contacto con un gato genera una serie de cambios medibles en el cerebro. Uno de los más importantes es la liberación de oxitocina, conocida como la hormona del vínculo. Su aumento contribuye a reducir la ansiedad y a generar una sensación de seguridad.
A esto se suma la estimulación de la dopamina y la serotonina, neurotransmisores relacionados con el placer y el bienestar. “Cuando interactuamos con gatos, podríamos decir que estamos más felices y tranquilas”, afirma la experta.
Menos estrés y más equilibrio fisiológico
El efecto positivo no se queda en el plano mental. Acariciar a un gato también provoca una reducción del cortisol, la hormona del estrés. Este descenso tiene consecuencias directas en el organismo, como la disminución del pulso y de la tensión arterial.
El resultado global es un efecto calmante sobre el sistema nervioso, que favorece su regulación natural y ayuda a combatir estados de ansiedad.