El único sitio de Madrid donde Bad Bunny podría desaparecer un rato
El bar de La Latina que se ha convertido en refugio para los puertorriqueños
Bad Bunny hace parada en Barcelona con su "DeBI TiRAR MaS FOToS" Tour, mayo de 2026 / Xavi Torrent
Hay bares donde la gente entra a tomar algo y bares donde la gente entra a comprobar que sigue perteneciendo a algún sitio, como es el caso de El Antillano. Está en una calle estrecha de La Latina, lejos de los restaurantes de reservas imposibles y de los clubes donde medio Madrid intenta aparentar que se conoce. Aquí la gente llega hablando alto, saludándose como si llevaran años sin verse y terminando conversaciones que probablemente empezaron hace miles de kilómetros.
Por eso, entre quienes frecuentan el local, existe una teoría. Y es que si Bad Bunny quisiera escapar unas horas del ruido que lo acompaña durante su maratón de conciertos en España, probablemente acabaría aquí.
El cantante puertorriqueño actuará diez veces en el Metropolitano tras las dos veces que lo ha hecho en Barcelona. Madrid lleva meses orbitando alrededor de su gira. Pero mientras media ciudad habla del fenómeno musical y económico que supone su llegada, en El Antillano la conversación va por otro lado.
Tal y como recogió la periodista Stephanny Pinzón Triana en un reportaje publicado en El País, las historias de Sara Rivera Figueroa y Gadiel Soto ayudan a entender por qué este pequeño bar se ha convertido en uno de los puntos de encuentro más importantes para la comunidad puertorriqueña en Madrid.
La historia de El Antillano
Soto, músico y uno de los propietarios del negocio, empezó a detectar hace años que muchos boricuas repartidos por la capital necesitaban un espacio propio. La idea tomó forma después del huracán María, cuando varios residentes en España comenzaron a organizar ayudas para familiares y amigos desde Madrid. "Aquí mucha gente descubre que en Puerto Rico eran vecinos, y eso es lo mejor", explicó.
Sara Rivera Figueroa llegó desde Mayagüez en 2023 para estudiar un programa académico de posgrado relacionado con gestión turística. Como muchos jóvenes puertorriqueños, tomó la decisión de marcharse después de sentir que las oportunidades en la isla empezaban a quedarse pequeñas.
La búsqueda de trabajo y la sensación constante de tener que demostrar más que el resto marcaron sus primeros meses en Madrid. "Cuando eres inmigrante te limitan. Te dicen que te tienes que hacer chiquita", aseguró.
"Yo no me fui por falta de amor"
Hoy trabaja en una organización internacional especializada en turismo sostenible, pero hay algo que decidió no modificar para encajar mejor: su forma de hablar. En El Antillano encontró precisamente eso que muchos migrantes buscan sin saber explicarlo demasiado bien. Un lugar donde no hace falta adaptar palabras, reducir expresiones ni explicar referencias culturales. Allí escucha canciones de Bad Bunny, habla sobre política puertorriqueña y comparte conversaciones que empiezan hablando de música y terminan derivando en su familia. "Yo no me fui por falta de amor, me fui tratando de ser un puente para mi familia", dice.
Dentro del bar, el nombre de Bad Bunny aparece constantemente. No únicamente por los conciertos. También por lo que representa para muchos puertorriqueños que viven fuera de la isla. Su éxito internacional ha provocado que mucha gente descubra Puerto Rico desde una mirada distinta, alejada de ciertos tópicos.
También cree que figuras globales como Bad Bunny ayudan a ampliar la percepción internacional sobre Puerto Rico: "Bad Bunny ha logrado para Puerto Rico lo que Bob Marley logró en su momento para Jamaica", resumió Gadiel Soto.
Bad Bunny en el espectáculo del descanso de Apple Music durante la 60.ª Super Bowl de la NFL, el partido de fútbol americano entre los Seattle Seahawks y los New England Patriots, celebrado en el Levi's Stadium el 8 de febrero de 2026 en Santa Clara, California. / Kevin Sabitus
Madrid tendrá durante meses cientos de planes vinculados a la llegada de Bad Bunny. Fiestas temáticas, sesiones de DJs, terrazas llenas y promociones imposibles. Pero pocos lugares parecen entender tan bien lo que realmente ha provocado el artista entre los suyos. Ese espacio, ahora mismo, tiene nombre propio: El Antillano.
