La Oreja de Van Gogh y Amaia Montero capturan sus 30 años de historia en el Movistar Arena de Madrid
La banda donostiarra ofreció anoche el primero de los seis conciertos programados en el emblemático recinto de la capital con 'Tantas Cosas Que Contar Tour'
Amaia Montero, en el primer concierto de La Oreja de Van Gogh en el Movistar Arena de Madrid con la gira 'Tantas Cosas que Contar', 28 de mayo de 2026. / Europa Press News
Ayer, 28 de mayo de 2026, La Oreja de Van Gogh aterrizó en Madrid para ofrecer el tercer concierto de la gira 'Tantas Cosas que Contar' y el primero de los seis que tiene programados en la capital.
Generaciones de prácticamente todas las edades, tribus urbanas y hasta ideologías de toda índole se daban cita en el Movistar Arena de la capital para disfrutar de un viaje en el tiempo (que no de Copperpot, aunque también) que encapsuló 30 años de trayectoria en algo más de dos horas.
Pasaban las 21h cuando la pista y las gradas a un lado y otro de Goya ―Avenida de Felipa II y calle Fuente del Berro― terminaban de llenarse hasta no caber un solo alfiler. El evento generaba tal expectación que personajes públicos como Javier Ambrossi, María Eizaguirre o Josie no quisieron perderse este reencuentro en Madrid con sabor a debut.
15 minutos después, las luces se apagaban brevemente para dar la bienvenida sobre el escenario a la banda donostiarra —sin su vocalista, que entraría tras los primeros acordes—, que regaló una breve obertura instrumental mientras el juego de luces nos situaba en una especie de plató de televisión antiguo, con el telón de fondo en forma de mosaico que, por momentos parecía una carta de ajuste.
La Oreja de Van Gogh y Amaia Montero en su primer concierto del Movistar Arena de Madrid con la gira 'Tantas Cosas que Contar'. / Europa Press News
Cuando 20 de enero comenzó a sonar y Amaia Montero ascendió desde la plataforma central, el emblemático Palacio de los Deportes se vino abajo. Podíamos sentir como el suelo de las gradas temblaba bajo nuestros pies con cada campanada del estribillo. Los casi 20.000 asistentes pasaron de cero a cien con una entrega total desde el primer segundo... Y eso que sabían que por delante quedaba una larga lista de éxitos atemporales y auténticos himnos con los que desgañitarse.
Tras interpretar Deseos de Cosas Imposibles y redescubrir El último vals en la voz de Amaia, la vocalista dio las "buenas noches" a los allí presentes hasta cinco veces. En una mezcla entre entusiasmo y la más pura emoción, dio las gracias en varias ocasiones por "habernos acogido desde el minuto uno hace muchos años".
Los hits — Tantas cosas que contar, perdóname, La chica del gorro azul, Dulce Locura y Geografía— se fueron sucediendo entre vítores de "Amaia, Amaia", palmas, saltos y oleadas de brazos que iban de un lado a otro con Montero como directora de orquesta. La autora de Quiero ser parecía una niña con zapatos nuevos y brillaba con luz propia, no solo porque llevara una falda de flecos que hacía las veces de bola de discoteca.
El ecuador del show estuvo marcado por un interludio galáctico, con visuales que nos transportaron a la inmensidad del universo, con una voz en off que parecía la de astronauta de la NASA. Y, precisamente, como si del Apollo 13 se tratara, LODVG sufrió un pequeño problema técnico que interrumpió el devenir natural del espectáculo durante unos minutos. No obstante, aquello no importó, porque nuestra protagonista volvió a subir a los cielos del Movistar Arena para interpretar Mariposa.
Las revoluciones bajaron sustancialmente con la interpretación a piano de Tan Guapa, a dúo entre Amaia y Xabi San Martín, precedida de Vestido azul con un detalle que habría entusiasmado a Pablo Lluch —director musical y profesor de Operación Triunfo 2023—, ya que el teclista concluyó el tema haciendo uso del theremín, un instrumento musical que funciona sin contacto físico gracias a campos de frecuencia.
La recta final estuvo compuesta por todos los platos fuertes de la discografía de 'La Oreja'. Desde París hasta Perdida, pasando por Cuéntame al oído, Pop, La Playa, El 28, Soledad y Rosas. En esta parte, el grupo demostró por qué es uno de los grandes exponentes de la música en español del siglo XX, despertando la nostalgia más profunda de nuestro subconsciente y aupando a Amaia Montero como una diva de renombre (que no "sin nombre") y una absoluta reina del pop.
"La vida pasa y yo, Madrid, me muero por ti", exclamó Montero como colofón final tras regalarnos Cuídate, Muñeca de trapo y Puedes Contar Conmigo —con su consiguiente lluvia de confeti—, tres canciones pusieron la guinda a una noche que se detuvo por un instante para devolvernos a un tiempo pasado que, en esta ocasión, sí parecía mejor.
