Carlota Visier, autora de ‘Hija única’, sobre La oreja de Van Gogh: “Está en el ADN de mi generación”

La autora que firmará en la Feria del Libro también tiene en su playlist a Mónica Naranjo, Bad Bunny o Cecilia

La Oreja de Van Gogh, con Amaia Montero al frente, en el Movistar Arena de Madrid 2026. / Europa Press News

La infancia es una etapa que tiende a idealizarse y a la que miramos con nostalgia en muchas ocasiones. Carlota Visier se estrena en la literatura con un primer libro, Hija única, en el que recoge las vivencias de la suya en Cuenca, donde su madre tenía un parque de ocio infantil. Parece el sueño de cualquier niño, pero entre tanta luz, también hay algunas sombras.

Su madre era de guardar constancia de todos esos momentos de su única hija y ahora, ella rescata toda esa memorabilia familiar para dar forma a este álbum de recortes con los que muchos pueden sentirse identificados, sobre todo, los millennials. Ahora los que sientan esa nostalgia no están solos y pueden hablar de recuerdos con la autora en la Feria del Libro de Madrid.

Hay cine, hay televisión y hay, como no podía ser de otra manera, mucha música, la que ha marcado su vida, pero también la de muchos y sí, La oreja de Van Gogh, era el grupo favorito de Irasema, su alter ego en esta nueva aventura que mezcla realidad con ficción que, a ratos descoloca y a veces nos hace suspirar recordando nuestros propios recuerdos.

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Pregunta: Para empezar, ¿por qué esta hija única es Irasema y no Carlota?

Respuesta: Siempre hay un pacto con la ficción. Se puede partir de vivencias autobiográficas como puede ser haber nacido en Cuenta y que mi madre tuviera un centro de ocio infantil, pero luego, la ficción da mucha libertad y mucha vía suelta para un poco engrasar la maquinaria de las vivencias. Irasema era un nombre que me fascinaba porque es la hija de uno de los payasos de la tele que yo en seguida relaciono con el ocio. Miliki y la fantasía de los payasos y dije, Irasema. Además, que la llamen Ira también me hacía gracia, es como, pobrecita que la llamen así. Me pareció un nombre perfecto y que me podía ayudar a soltar ficción y también verdades mezcladas.

P: Ahí está el quiz, distinguir entre realidad y ficción.

R: Incluso los archivos los he intervenido. Hay algunos reales de la Carlota que yo fui, pero hay otros que los he modificado y otros que los he hecho yo ahora. Engaño mucho. Ese es el pacto. Tú entras y qué más da lo que sea verdad.

P: Abres con unas citas de Patsy Cline, Cecilia y Rafael Berrio, todos artistas fallecidos. Después de leer el libro entiendo que es herencia familiar, ¿no?

R: Para mí son muy importantes las herencias culturales de lecturas, de películas y de música que ha sido muy importante en mi casa. Mi padre ha sido el más internacional porque mi madre era más de cantautores, Serrat, Lluís Llach, Perales… pero estos referentes tan insólitos en una familia de una provincia pequeña… Yo me imagino que en muchas familias de grandes ciudades pueden escuchar a Patsy Cline, pero que en Cuenca esa sea mi banda sonora me parece gracioso y lo potencié porque me encanta el country por herencia paterna. En el coche todo el día con los banjos y los bluegrass.

P: También hay una cita de una de una astróloga americana, Linda Goodman. ¿Qué significa para ti que Hija única sea Acuario?

R: Me gustaba Acuario porque era el signo que la madre quería para la niña. Me ha servido mucho los signos de astrología para los patrones de personalidad. Si elijo una niña acuario va a ser de esta determinada manera. Si la madre es sagitario, va a ser de esta otra.

P: Entonces, ¿tú crees en esto de la astrología?

R: Sí, pero como una especie de exploración, entretenimiento. Estoy en un grupo de personas donde no tengo mucha confianza y saco el tema de la astrología y se rompe el hielo enseguida. Es divertido por los patrones de conocimiento. Elijo creer a veces porque es más fácil sobrellevar la realidad.

P: Ahora en la música estamos viviendo una tendencia de mirar hacia las raíces, los orígenes y tu libro tiene un poco de esto, ¿a qué crees que responde?

R: Creo que al igual que lo generacional, estamos volviendo a esas canciones, esos lugares que nos evoca la música. Muchas veces tienes canciones que te ponían tus abuelos, que escuchaban tus padres y que te llevan a lugares concretos de tu vida que igual, esto que tiene la música, que escuchas una canción en la radio que hace mucho tiempo que no escuchabas e igual lloras porque te acuerdas de alguien que ya no está o de lo que hacías con tu padre cuando tenías 7 años. Eso me parece muy poderoso y soy muy melómana. Siempre estoy escuchando música todo el rato, música antigua. Estoy interesada siempre en lo vintage. Por ejemplo, Cecilia para mí es un referente porque las letras, los mensajes que mandaba en esa época con tanta censura y con una canción tan difícil de narrar que habla del suicidio de una manera muy evidente. Canta “si no fuera porque” y enumera todo lo que evita que se quite la vida. Me fascinaba que gente antes de yo existir hubiera cantado eso. Y mi padre me lo ponía mucho.

P: Es como un álbum de recuerdos sin orden cronológico ni argumental, ¿cuál era tu intención al hacer este libro?

R: Me interesa el fragmento que para mí tiene gran relación con la memoria. Te acuerdas de algo muy concreto y de ahí no te acuerdos de un recuerdo con planteamiento, nudo y desenlace y, como es un libro que aborda la memoria, el fragmento, por un lado, me interesaba y, por otro, me funcionaba muy bien porque me permitía escribir textos cortos con el juego de recuerdos. Ahora esta niña podía tener 7 años, pero aquí ya tiene 12 por cómo se expresa o por cómo habla. También este concepto de libro objeto en el que el archivo habla. Esa tercera dimensión de notitas, de cartas, de fotos, me interesaba volver a lo material, al recuerdo y ese mejunje me funcionaba. Es un poco arriesgado, pero la gente a través del fragmento une y rellena. Siempre me ha interesado el lector activo. Me parece divertido porque es una especie de aventuras, de ir dejando pistas. He ido dejando algunas por ahí y algunos lectores serán conscientes y otros igual pasan más por encima, pero me interesaba que fuera juguetón.

P: Una mirada a la infancia a través de los recuerdos que guarda tu madre. ¿Existe ese museo sobre ti?

R: Es museo es ficción, pero sí que es verdad que le debo el archivo a mi madre. Yo fui un proyecto. Me hizo un cuaderno antes de yo existir en el que ponía proyecto. No se sabía si iba a ser chico o chica, así que había nombres de chico y de chica. Eso está en las solapas del libro, que es súper bonita la edición. A raíz de ese libro que es como el libro de mi vida sin ser yo partícipe, una cosa rara. Es como un regalo inmenso y ella me hizo muchas fotografías, tengo imágenes de todas las épocas de mi vida y eso lo he llevado también a lo superlativo. Hay algo que he bebido que es el interés por el archivo y la conservación de mi propia persona. Al final yo soy lo más importante para mi madre, como todas, pero la mía me lo ha hecho saber siempre. También estaba esto del miedo a desaparecer. Si yo crecía y ella no estaba, que supiera que fui una niña muy querida y que tuve recuerdos.

P: Repasando ese museo, con tanto álbum familiar, ¿qué has descubierto sobre ti misma?

R: Ha sido un proceso de muchos años. El libro ha sido más reciente, pero yo tenía en la cabeza estas cosas del archivo y de buscar en todo lo que tengo sobre mi vida que, a veces, son cosas como muy frikis y muy rocambolescas, como un sobre con el primer mechón de pelo que me cortó una peluquera. Estas cosas que son muy creepys. He recuperado informes escolares o cartas que yo escribía a mi madre. Hay una que he incluido en el libro que es una por su cumpleaños que pone: Mamá, espero que intentes cumplir todos los años que puedas. Animándola a cumplir muchos años.

P: El libro narra la vida de una millennial en los años 90 con la nostalgia que eso produce, ¿buscando la identificación generacional?

R: Fui consciente cuando pensaba cómo escribirlo, de que sí, porque, de alguna manera, hablar de una niña que crece en esa época tiene esos referentes. Pienso en los discos que tenía, en ese afán de coleccionar los juguetes de los huevos kínder, los fascículos de los quioscos. Era una generación, quizás la última, que fue consciente del coleccionismo material bueno. Ahora sigue habiendo huevos kínder pero no es la misma calidad y no son estas familias de fantasmitos, vampiros, eran juguetes de buena calidad y se ha perdido. Cuando llegó internet se perdió ese coleccionismo de fascículos, de intercambiar cromos, los tazos… cosas que murieron u poco a principios de los 2000. Me interesaba recrearlo, no porque lo idealice, pero es verdad que fue lo que viví y me da nostalgia.

P: Una infancia en un parque de bolas parece el sueño de cualquier niño, ¿cómo es el balance ahora con la mirada adulta?

R: Se percibe que es una infancia privilegiada porque esta niña hace lo que le da la gana en un lugar idílico, pero toda vida conlleva una serie de claroscuros y, en este sentido, al final ella pasaba mucho tiempo en este parque de bolas y había muchos niños todo el rato desconocidos celebrando sus cumpleaños y ella no pertenecía a estas tribus de niños celebrando su cumpleaños. Estaba un poco en su casa, pero sin pertenecer del todo porque, hasta que no se fueran los niños, no podía estar en su casa tranquila. Me gusta mucho mostrar la intrahistoria que podría tener un negocio familiar y de una familia pequeña. No había pensado que pudieran interesar, pero como a mí me interesan, ¿por qué no le van a interesar a otras personas? Mucha gente a lo mejor ni se ha planteado cómo funciona un centro de estos que tiene toda su intrahistoria, para empezar, de niños que celebran sus cumpleaños, pero luego están estas temporadas en las que los padres trabajan y los niños no tienen escuela, que se llaman campamentos urbanos ahora, y niños que repiten año tras año y se crían ahí en verano, navidad y Semana Santa, haciendo gymkanas, actividades, talleres, es darle visibilidad a esa vida que fue la de muchos niños también.

P: Hay contraste con ese lugar de encuentro y la soledad que luego planteas de esa hija única.

R: A mí me interesaba también reflexionar sobre la soledad en la infancia porque se idealiza a veces un poco esta época, esto del paraíso perdido y la infancia tiene mucho de diversión, de privilegio, de inocencia buena, pero luego también tiene otros lugares de soledad, miedo, incomprensión, los adultos son ajenos que hablan de cosas que no entiendes. Me interesaba reflejarlo con la soledad de esta hija que, al ser única, era más fácil. Ya hay muchos prejuicios hacia los hijos únicos, pero quería de alguna manera, mostrar una niña que de cara a la galería es muy sociable y hace amigos y hace cosas de niña, pero luego se siente sola porque vive en una familia que son dos adultos y ella con todo lo que conlleva una familia. Los hijos únicos son adultos antes de tiempo, por lo menos es mi sensación y mi experiencia, son más maduros. Aprenden antes los códigos adultos porque no estás tanto con niños.

P: Una de las cosas que más destacan es esa mirada inocente de la infancia que genera incluso risas con esas ocurrencias que tienen los niños, ¿queda mucho de eso o ya no?

R: Yo creo que los niños siempre van a ser ocurrentes y espontáneos, lo que pasa, que se apagan muy rápido. Para mí es lo mejor que tiene la infancia, poder decir y expresar. He trabajado muchos años de profe y para mí es muy importante que se expresen y escriban libremente.

P: Con 10 años escribías cuentos de terror y entiendo que Doña Rogelia te diera miedo, pero, ¿Epi?

R: ¿Tú has visto algún muñeco de Epi en persona? Me parecen monstruosos, me siguen dado miedo. De hecho, más que Doña Rogelia. Esas dos cosas me las he inventado, pero a mí, personalmente, me dan bastante miedo. Los muñecos, los ventrílocuos, los títeres, tienen un punto, como los autómatas, los maniquíes, este punto que parece humano, pero no, que parece vivo, pero no. Me interesa y me da miedo y quería plasmarlo desde la perspectiva de una niña. Ese punto de dudar si vive o no, me fascina.

P: Muchos creen que ser hija única fomenta la imaginación porque tienes que buscar maneras de entretenerte tú sola, ¿coincides?

R: Cien por cien, aunque estés acompañada, pasas mucho tiempo con tu soledad, aunque tus padres estén en la habitación de al lado. Te entretienes dibujando, leyendo, escribiendo tus fanzines de terror o inventándote tus juegos sola.

P: Hay mucha música en el libro, ¿qué papel juega en tu vida?

R: Es fundamental, estoy todo el rato escuchando música. Tengo una lista de Spotify por semana, casi, o de cualquier plataforma, porque es verdad que estoy intentando quitarme de Spotify. Playlist para distintos estados de ánimo, para viajes. Me gusta mucho mezclar pasado y presente, diferentes tipos de canciones. Igual que me han acompañado mucho los libros y el cine, me ha acompañado mucho la música. Reconforta y tranquiliza. O la radio, esa compañía que te da, para mí es fundamental.

Yo me hacía muchas preguntas mientras veía a Chayanne, a Ricky Martin, a todos estos hits que igual son grupos que sacan una canción y ya nunca más se sabe.

P: Ese recuerdo de grabar cintas de VHS con actuaciones en la tele pertenece a mucha gente, ¿no?

R: También tengo cintas de casetes y cds, que, por mi generación, yo fui más de grabar cds. Recuerdo grabar de la cadena grande de mi padre, a través de los discos, crear las cintas de casete para el coche. Tengo muchas de VHS porque era súper fan de las galas, recuerdo sobre todo las de verano porque me impactaba ver Benidorm con todas esas sillas. Pensaba, esa gente, ¿cómo ha llegado ahí? ¿Puedo ir yo? ¿Cuánto dura eso? ¿Se aburrirán? Yo me hacía muchas preguntas mientras veía a Chayanne, a Ricky Martin, a todos estos hits que igual son grupos que sacan una canción y ya nunca más se sabe. Todo eso forma parte de ese momento y esa generación y yo grababa mucho porque me gustaba aprenderme los bailes.

P: Eras precursora de Tik Tok.

R: Sí, sí, sí. Y de batuca, en mi época era una cosa que se llamaba batuca. Recuerdo que a mi edad se hacía mucho baile, ensayábamos en los recreos la canción entera. Aserejé, el Coyote Dax… era otra cosa.

P: ¿La oreja de Van Gogh sigue siendo tu grupo favorito?

R: Luego me hice más de Amaral. Pero en esa época que estaba con los campamentos me venía La oreja de Van Gogh. Creo que me marcaron mucho como a toda mi generación, los primeros discos del grupo. Está en el ADN de mi generación y Amaral también, pero no me cabía tanta memorabilida y elegí a La oreja. Me pongo todavía alguna canción, pero, sobre todo, de aquellos primeros discos.

P: Entonces, tú eres del team Amaia.

R: Esto es muy comprometido. Mi recuerdo está asociado a eso, pero a mí Leire me gusta mucho y me cae muy bien. Para mí el disco es Lo que te conté mientras te hacías la dormida.

P: ¿Y Cecilia sigue siendo tu cantautora favorita? Lo de que tu padre quisiera ir a su tumba, ¿es real?

R: Sí, es real. En mi familia tenemos un tema con los cementerios, nos gusta mucho visitar cementerios. No es que vayamos juntos, esto fue algo insólito porque mi padre no había estado nunca en La Almudena, y claro, es como un parque de atracciones, hay un montón de gente, cada vez descubres a alguien. Hace un poco fui a un tour con amigas y estaba Lina Morgan, por ejemplo. Es verdad que no está muy en la cultura española. En Escocia, por ejemplo, hacen picnics y se llevan la guitarra y están en familia encima de una tumba.

Bailar Mónica Naranjo, Desátame, que es un icono de la liberación, o por lo menos lo fue con esas letras rompedoras me parecía maravilloso.

P: Te gustan todas las de Chayanne, menos Torero, ¿los principios por delante de la música?

R: Es mentira, es la época también bailaba la de Torero, pero lo metí porque yo soy muy animalista. Esa canción de que hay que ser torero, me da mucha bajona.

P: De niña no entendías Desátame de Mónica Naranjo, ¿cuándo empezaste a hacerlo?

R: Ya cuando pasas la pubertad. Esto es una broma de ahora. Era mentira que bailara Mónica Naranjo. No me acuerdo de ella en la infancia, pero me fascina meterla en ese contexto en el que también la protagonista descubre un poco su identidad sexual, se aborda una infancia queer, vas uniendo cabos de que a esta niña le pueden gustar las chicas. Bailar Mónica Naranjo, Desátame, que es un icono de la liberación, o por lo menos lo fue con esas letras rompedoras me parecía maravilloso. Que no la entendiera la niña, pero la bailara locamente.

Monica Naranjo - Desatame (Video Clip)

P: Hablabas de lo que te gusta ir mezclando pasado y presente en tus playlist y eso queda claro cuando nos encontramos a Bad Bunny.

R: No soy especial fan, pero me gustan mucho sus canciones y Debí Tirar Más Fotos era como perfecta. Sí es verdad que saca disco y estoy todo el rato con Bad Bunny, aunque luego paso a otra cosa, pero se queda en mi repertorio. Me parecía un ejemplo perfecto de actualización porque a todo el mundo le gusta Bad Bunny. Quería una canción que hablar de la memoria y que no fuera muy de nicho y esa me pareció muy guay y encima me gusta Bad Bunny.

P: Para acabar, de todo el hilo musical que compartes al final del libro, ¿qué canción te resulta más especial?

R: La de Cecilia, la que en algún momento dice que es difícil convertirse en recuerdo. Me llevaba a ese lado más melancólico.