Descubren cómo consiguen orientarse las palomas (y es sorprendente)

Una investigación publicada en la revista 'Science' concluye que el secreto de la excepcional orientación de estas aves está en un órgano muy concreto de su cuerpo.

El estudio ha utilizado palomas mensajeras. / John Scott

¿Cómo consigue una paloma regresar a casa después de recorrer cientos de kilómetros? Durante décadas, esa ha sido una de las grandes incógnitas de la naturaleza. Ahora, un equipo internacional de científicos cree haber encontrado la respuesta y lo más sorprendente es el lugar donde estaba escondida: el hígado.

El hallazgo, publicado en la prestigiosa revista Science, revela que estas aves cuentan con unas células especiales en este órgano capaces de detectar el campo magnético terrestre. En otras palabras, las palomas llevarían incorporada una especie de brújula biológica que les ayuda a orientarse incluso cuando no pueden ver el sol.

El estudio revela un mecanismo completamente desconocido hasta ahora.

Los investigadores descubrieron que unas células inmunitarias conocidas como macrófagos desempeñan un papel clave en este proceso. Estas células se encargan de eliminar los glóbulos rojos envejecidos y, al hacerlo, acumulan hierro. Precisamente esa acumulación es la que parece otorgarles la capacidad de reaccionar al magnetismo de la Tierra.

"Ha sido toda una sorpresa comprobar que estas células inmunitarias actúan como sensores de campos magnéticos", explica Christian Kurts, director del Instituto de Medicina Molecular e Inmunología del Hospital Universitario de Bonn y uno de los autores del estudio. Según el investigador, los resultados revelan un mecanismo completamente desconocido hasta ahora.

Un misterio resuelto

La capacidad de muchas aves para orientarse gracias al campo magnético terrestre no es una novedad. Los científicos llevan décadas sabiendo que especies migratorias y palomas mensajeras utilizan esta información para desplazarse. Lo que nadie había logrado explicar con certeza era cómo detectaban exactamente ese magnetismo.

La capacidad de las palomas para orientarse siempre ha sorprendido a la ciencia. / Sol de Zuasnabar Brebbia

Hasta ahora, algunas teorías apuntaban a que las aves podían "ver" los campos magnéticos a través de moléculas presentes en los ojos. Otras sugerían que el secreto estaba en pequeñas partículas magnéticas situadas en el pico. Sin embargo, ninguna hipótesis había conseguido aportar pruebas concluyentes.

Para resolver el misterio, los investigadores analizaron distintos órganos de las palomas, incluidos los ojos, el cerebro, el pico, el bazo y el hígado. Los resultados fueron inesperados: el tejido hepático mostraba la mayor concentración de hierro de todo el organismo.

Según los autores, ese hierro se organiza en forma de diminutas nanopartículas de óxido que reaccionan a los campos magnéticos. Y los responsables directos son precisamente esos macrófagos que abundan en el hígado.

Pero la prueba definitiva llegó con un experimento muy particular. Los científicos trabajaron con palomas entrenadas para regresar a su palomar desde más de 20 kilómetros de distancia. Cuando alteraron el funcionamiento de estos macrófagos, las aves perdieron completamente el sentido de la orientación en días nublados.

Sin embargo, cuando el sol era visible, lograban encontrar mejor el camino de vuelta, probablemente utilizando referencias visuales. El resultado sugiere que las células del hígado son fundamentales para orientarse cuando otras pistas desaparecen.

El descubrimiento podría tener implicaciones mucho más amplias

Además, el equipo observó que estos macrófagos ricos en hierro se encuentran muy cerca de fibras nerviosas, lo que podría explicar cómo la información magnética llega hasta el cerebro.

Los investigadores creen que el descubrimiento podría tener implicaciones mucho más amplias. Animales como los tiburones también son capaces de orientarse sin depender de la luz, por lo que podrían utilizar mecanismos similares.

Incluso existe la posibilidad de que otras especies, incluidos los seres humanos, respondan de alguna forma a los campos magnéticos sin que todavía lo entendamos completamente. Una idea que, hasta hace poco, parecía sacada de una novela de ciencia ficción, pero que ahora cuenta con una explicación científica cada vez más sólida.