Los españoles se preocupan cada vez menos por el cambio climático
Un estudio revela que el interés por la crisis climática sigue siendo mayoritario, pero pierde fuerza especialmente entre los jóvenes.

El cambio climático preocupa, pero menos que hace años. / Surasak Suwanmake
El cambio climático continúa preocupando a la mayoría de los españoles, pero cada vez lo hace con menos intensidad. Así lo refleja la séptima edición del estudio anual 'El consumo sostenible y los productos certificados', elaborado por la plataforma ClicKoala junto al Grupo de Investigación en Psicología Ambiental de la Universidad de Castilla-La Mancha.
Los datos muestran una caída llamativa en la preocupación ciudadana por la crisis climática. Si en 2019 un 93,1 % de los españoles afirmaba sentirse preocupado por el cambio climático, ahora esa cifra se sitúa en el 77,5 %. Pero el descenso es todavía más acusado entre quienes aseguran estar muy preocupados: han pasado del 67 % al 42 % en apenas seis años.
La proporción de personas muy preocupadas por el exceso de plásticos ha bajado del 66 % al 45 %
La tendencia no afecta únicamente al calentamiento global. También disminuye la inquietud por otros problemas ambientales. La proporción de personas muy preocupadas por el exceso de plásticos ha bajado del 66 % al 45 %, mientras que la preocupación por la pérdida de biodiversidad cae del 63 % al 42 %. La contaminación urbana tampoco escapa a esta evolución y pasa del 59 % al 40 %.
LOS40
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Los investigadores apuntan a un fenómeno que cada vez recibe más atención: el desgaste de la preocupación ambiental. Según explica el director del estudio en un artículo publicado por EfeVerde, Xavier Moraño, el problema no es que el cambio climático haya dejado de importar, sino que la preocupación puede acabar transformándose en cansancio cuando las advertencias se repiten constantemente sin ofrecer soluciones claras y alcanzables.
Cuestión de edad
Ese desgaste se aprecia especialmente entre los jóvenes. En 2019 figuraban entre los grupos más concienciados, pero ahora son quienes registran las mayores caídas. Entre los hombres de 16 a 24 años, la proporción de quienes se declaran muy preocupados pasa del 68 % al 27,2 %. Entre las mujeres de esa misma franja de edad, el descenso es similar: del 73,9 % al 35,2 %.
Un 20 % reconoce sentirse bloqueado ante la magnitud del problema
Por el contrario, las personas mayores mantienen niveles de preocupación más estables. Entre las mujeres de más de 65 años, incluso se observa una ligera subida respecto a los datos de hace seis años, lo que convierte a este grupo en una de las excepciones de la tendencia general.

La contaminación del aire, un problema medioambiental que nos afecta a todos. / ALEXTIHONOV.COM

La contaminación del aire, un problema medioambiental que nos afecta a todos. / ALEXTIHONOV.COM
La investigación también analiza cómo reaccionan los ciudadanos ante esta inquietud ambiental. Solo un 12 % transforma la llamada ansiedad climática en acciones concretas para llevar una vida más sostenible. En cambio, un 20 % reconoce sentirse bloqueado ante la magnitud del problema, mientras que la mayoría permanece al margen de esa ansiedad, aunque sin abandonar completamente la preocupación por el medioambiente.
Pese a esta pérdida de intensidad, muchos hábitos sostenibles siguen presentes en la vida cotidiana. El 63 % de los españoles asegura que dona, regala o vende los objetos que ya no utiliza, y un 58 % afirma separar habitualmente los residuos para reciclar. Además, casi la mitad de la población reconoce sentirse orgullosa cuando realiza una compra que considera respetuosa con el medioambiente y con quienes producen esos bienes.
El estudio concluye que la sostenibilidad conecta mejor con las personas cuando genera sensaciones positivas, como el orgullo o la coherencia con los propios valores, que cuando se basa únicamente en mensajes de culpa u obligación. En otras palabras, los ciudadanos están más dispuestos a actuar cuando perciben que sus decisiones tienen un impacto real y que las soluciones son posibles.
Los expertos consultados para la investigación advierten además de que factores externos, como las crisis económicas, las tensiones geopolíticas o el aumento del coste de la vida, pueden desplazar las preocupaciones ambientales a un segundo plano. Cuando las prioridades más inmediatas ganan peso, la sostenibilidad corre el riesgo de perder protagonismo.













