Cincuenta años de la tragedia que cambió a Keith Richards: la muerte de su hijo Tara y la noche más dura de The Rolling Stones
El bebé tenía solo dos meses cuando falleció mientras la banda estaba de gira. Aquel golpe marcó para siempre la vida del guitarrista
Keith Richards, de The Rolling Stones, fotografiado en un hotel de Bruselas el 6 de mayo de 1976, un mes antes de recibir la noticia del fallecimiento de su hijo Tara. (Photo by Gijsbert Hanekroot/Redferns) / Gijsbert Hanekroot
Hay episodios en la historia del rock que resultan imposibles de separar de la dimensión humana de quienes los vivieron. No tienen que ver con discos, ni con giras, ni con récords de ventas, sino de pérdidas irreparables. De momentos en los que el personaje público se derrumba y solo queda la persona. Para Keith Richards, uno de esos momentos llegó el 6 de junio de 1976.
Aquella mañana, el guitarrista de The Rolling Stones recibió una noticia devastadora: Tara, el hijo que había tenido conAnita Pallenberg apenas dos meses antes, había fallecido de manera repentina mientras dormía. El bebé sufría problemas de salud desde su nacimiento prematuro, pero la noticia golpeó a la familia con una violencia imposible de asumir.
Keith estaba en Francia. The Rolling Stones se encontraban inmersos en una gira europea que llegaba en un momento especialmente intenso para la banda. Los excesos formaban parte de la vida cotidiana del grupo, las drogas circulaban con absoluta normalidad y la imagen pública de los Stones seguía alimentándose de una mezcla de genialidad musical y autodestrucción permanente. Nada de eso preparaba a nadie para una tragedia así.
La muerte de Tara llegó cuando Richards se encontraba lejos de casa, una circunstancia que amplificó todavía más la sensación de impotencia. Durante años, el propio músico ha reconocido que aquel episodio permanece entre los recuerdos más dolorosos de toda su vida. Lo que ocurrió después sigue generando debate medio siglo más tarde. Aquella misma noche, Keith Richards decidió actuar con The Rolling Stones. La noticia se había conocido entre el entorno de la banda y muchos asumieron que el concierto sería cancelado. No ocurrió: el guitarrista subió al escenario y completó la actuación.
La decisión provocó críticas inmediatas. Para algunos resultaba incomprensible que alguien pudiera tocar apenas unas horas después de perder a un hijo. Richards siempre defendió aquella elección desde una lógica muy distinta. Según explicó posteriormente, quedarse solo con el dolor le parecía todavía peor. Actuar no significaba ignorar la tragedia; significaba intentar sobrevivir a ella. En varias entrevistas posteriores describió el escenario como el único lugar donde podía mantener cierta estabilidad mental en aquel momento. La música funcionó como refugio, no como evasión.
Pero aunque el concierto siguiera adelante, nada volvió a ser exactamente igual. La pérdida afectó profundamente a Anita Pallenberg. Modelo, actriz, musa de la contracultura de los sesenta y figura central dentro del universo de The Rolling Stones, llevaba años viviendo una relación tan intensa como turbulenta con Richards. El fallecimiento de Tara abrió una herida emocional de enorme profundidad que nunca terminó de cerrarse completamente.
Además, el contexto no ayudaba. Tanto Keith como Anita convivían desde hacía tiempo con graves problemas de adicción. La muerte del niño agravó todavía más una situación ya muy deteriorada. Lo que hasta entonces había sido una relación marcada por la pasión, los excesos y una extraordinaria complicidad artística empezó a entrar en una fase mucho más oscura. Durante los años siguientes, la distancia emocional entre ambos se hizo cada vez más evidente.
The Rolling Stones - Honky Tonk Women (Official Music Video)
Muchos biógrafos consideran que la muerte de Tara marcó el principio del final de la pareja. No fue el único motivo de la ruptura, pero sí uno de los acontecimientos que modificó irreversiblemente la dinámica entre los dos. Había demasiado dolor acumulado, demasiadas heridas abiertas y demasiadas dependencias químicas alimentando un deterioro que ya parecía difícil de detener.
En paralelo, Keith Richards comenzaba a enfrentarse también a otro problema creciente: sus conflictos con la justicia derivados del consumo de drogas. La segunda mitad de los años setenta fue especialmente complicada para él. Los arrestos relacionados con posesión de estupefacientes empezaron a multiplicarse y su imagen pública pasó de ser la de un rebelde carismático a la de alguien que realmente corría el riesgo de destruir su carrera y su vida. Es ahí donde muchos observadores sitúan una conexión directa entre la tragedia personal y la transformación posterior del músico.
La muerte de Tara no produjo un cambio inmediato. No existe una línea recta entre aquel acontecimiento y la recuperación posterior de Richards. Pero sí parece evidente que aquel golpe le obligó a mirar de otra manera su propia fragilidad. Durante los años siguientes fue tomando conciencia de que la espiral de autodestrucción no podía continuar indefinidamente.
Finalmente, a finales de los setenta y principios de los ochenta, comenzó un proceso gradual de alejamiento de las drogas más duras. No fue sencillo ni rápido. Pero permitió que Richards estabilizara parcialmente su vida y evitara un destino que parecía perfectamente plausible para muchos músicos de su generación.
La historia del rock está llena de excesos convertidos en leyenda. La muerte de Tara pertenece a otra categoría completamente distinta. No hay glamour posible alrededor de la pérdida de un hijo. No hay romanticismo ni mitología que resista algo así. Por eso sigue siendo uno de los episodios más conmovedores de la biografía de Keith Richards. Porque detrás del personaje indestructible, del guitarrista que parecía sobrevivir a cualquier cosa y de la caricatura del rockero eterno, apareció una realidad mucho más sencilla y dolorosa: la de un padre enfrentado a una pérdida imposible de comprender. Y aunque la música siguiera sonando aquella noche en Francia, nada podía borrar el silencio que acababa de instalarse para siempre en su vida.
