Carlota Bruna: "Vivimos desconectados del océano"
Con motivo del Día Mundial de los Océanos, entrevistamos a la influencer y activista Carlota Bruna, con quien hablamos de redes sociales, veganismo, contaminación marina y su experiencia en instituciones como el Parlamento Europeo.
Carlota Bruna (foto: Arnau Argemí (@arnauargon).
Carlota Bruna (Barcelona, 1997) estudió Nutrición y Dietética, pero hace años que su trayectoria se ha orientado hacia el activismo medioambiental. En esta entrevista habla del poder (y también de las limitaciones) de las redes, del veganismo como respuesta al cambio climático, de su relación con grandes organizaciones como Greenpeace o National Geographic y de su visión sobre la crisis de los océanos, especialmente con motivo de la celebración, este 8 de junio del Día Mundial dedicado a ellos. También repasa su paso por el Parlamento Europeo y reflexiona sobre el papel de los lobbies en la toma de decisiones.
Para quien no te conozca. ¿Quién eres y a qué te dedicas?
Soy Carlota Bruna, tengo 28 años. Me dedico principalmente al activismo medioambiental y a la defensa de los derechos de los animales. Empecé muy joven, con 18 años, abriendo perfiles en redes sociales para hablar del estado del planeta y de las acciones que cada persona podía llevar a cabo para mejorar la situación, desde la alimentación hasta el transporte o la reducción del uso de plásticos.
LOS40
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¿Por qué decidiste apostar por las redes?
Porque es donde está la gente joven. Hoy en día casi nadie ve la televisión; se consumen más redes sociales y podcasts. Las redes son muy visuales y me permitían mostrar tanto lo bonito como lo menos amable del mundo, algo que encajaba con lo que quería contar. También tienen una parte complicada: hay que captar la atención en cuestión de segundos, y eso dificulta explicar problemas complejos.
¿En qué momento sentiste que aquello dejaba de ser solo contenido y se convertía en una responsabilidad?
Cuando empecé a publicar imágenes sobre la realidad de las macrogranjas. Ese contenido se hizo muy viral y la gente comenzó a pararme por la calle para decirme que había cambiado su forma de ver lo que consumía. Ahí entendí que lo que publicaba tenía un impacto real en la vida de otras personas, incluso de personas muy jóvenes. A partir de ese momento sentí una responsabilidad mucho mayor, especialmente en cuanto al rigor y la base científica de lo que comparto.
Hablas mucho del veganismo como herramienta para combatir la crisis climática. ¿Cómo se puede trasladar ese mensaje?
Cada persona conecta por un motivo diferente. Hay quien lo hace por los animales, otras personas por la salud y otras por el impacto ambiental. Yo intento abordar todos esos argumentos porque no existe una única razón que funcione para todo el mundo. Quizá el argumento de la salud sea el que más conecta con mucha gente, porque como sociedad tendemos a ser bastante egocéntricos. Pero lo importante es ofrecer distintas puertas de entrada para llegar a más gente.
Prefiero trabajar de forma independiente porque me permite tener más libertad
Has trabajado con organizaciones como Greenpeace o National Geographic. ¿Cómo es moverse entre el activismo independiente y las grandes instituciones?
Prefiero trabajar de forma independiente porque me permite tener más libertad para decir lo que pienso. Cuando colaboras con grandes organizaciones existen ciertos límites o líneas que debes respetar. Aun así, creo que es normal que haya diferencias. No hace falta estar de acuerdo en todo para coincidir en lo importante y poder colaborar.
¿Qué crees que no estamos entendiendo sobre los océanos?
Que lo que hacemos en tierra tiene un impacto directo en el mar. Vivimos muy desconectados de la naturaleza, especialmente quienes residimos en ciudades. Y aún más desconectados de los océanos. Si la gente pasara más tiempo en contacto con ellos descubriría su belleza, pero también sus problemas: redes abandonadas, plásticos o animales afectados por la contaminación. Es una cuestión de desconexión y de falta de experiencia directa.
Carlota, en plena acción (foto: Arnau Argemí (@arnauargon).
Carlota, en plena acción (foto: Arnau Argemí (@arnauargon).
Vas a recibir un premio en los Bluewave Awards, s un reconocimiento otorgado por parte de la Bluewave Alliance. ¿Qué papel crees que tienen estos premios dentro del activismo?
Los entiendo como una oportunidad para lanzar un mensaje y llegar a más personas. Nunca acepto un premio si no puedo intervenir y hablar. En este caso, además, existe una colaboración con mi ONG, Acción Océanos, que ha financiado una campaña para acercar el mar a niños y niñas que no tienen acceso a él. Utilizamos realidad virtual y materiales educativos para generar esa conexión con la biodiversidad marina.
Has intervenido en el Parlamento Europeo en relación con la prohibición de los plásticos de un solo uso. ¿Cómo fue esa experiencia?
Fue un momento importante, pero también extraño. Yo era muy joven y pensaba que todo sería más sencillo. Me sorprendió mucho la capacidad de influencia de los lobbies y la complejidad real de los procesos de toma de decisiones. Con el tiempo he comprobado que, aunque la prohibición salió adelante, en la práctica todavía queda mucho trabajo por hacer porque los plásticos siguen estando muy presentes.
¿Cómo se percibe la presencia de los lobbies desde dentro?
Me sorprendió muchísimo la normalidad con la que operan. Están ahí de manera constante, influyendo en las decisiones políticas. Te das cuenta de que tienen una enorme capacidad de influencia, y eso puede generar cierta frustración cuando llegas con una visión más idealista.
¿Dónde sitúas el límite entre la responsabilidad individual y la responsabilidad institucional?
Creo que tenemos una responsabilidad individual mientras los gobiernos y las empresas no hagan su parte. Sin embargo, lo que puede hacer una persona es muy limitado en comparación con lo que pueden lograr las grandes empresas o los gobiernos mediante leyes y regulaciones. Al mismo tiempo, muchos cambios históricos han surgido gracias a la presión social, así que se trata de encontrar un equilibrio.
¿Eres optimista de cara al futuro?
Depende del día. Soy una persona optimista; de lo contrario, no me dedicaría a esto. Creo que estamos viendo avances en algunos ámbitos, como la protección de determinados ecosistemas, pero en otros, como el problema de las macrogranjas, no se está avanzando lo suficiente. Es un equilibrio constante entre mantener la motivación y ser consciente de la realidad.













