La revolución de los flamencos: el resort de los Trump que ha incendiado Albania
Un macroproyecto turístico impulsado por Jared Kushner e Ivanka Trump en la costa adriática ha convertido a unas aves protegidas en el símbolo de una protesta nacional contra la privatización del litoral.

Albania contra los planes turísticos de la familia Trump. / Avatarmin
Albania se ha convertido, en los últimos años, en uno de los destinos más solicitados del mar Adriático. Una joya por explotar que, poco a poco, va cediendo a los imparables intereses del turismo internacional. Pero parte del país ha dicho basta. Y para ello han utilizado la imagen de un animal que se ha convertido en un símbolo internacional de defensa del medio ambiente: el flamenco. Pancartas, carteles y figuras rosas se repiten en protestas que recorren ciudades dentro y fuera del país, en un movimiento que ha crecido hasta conseguir que los flamencos dejen de ser sólo fauna para convertirse en bandera de protesta. En las calles, su imagen ya es omnipresente.
El origen está en un ambicioso proyecto turístico impulsado por Jared Kushner e Ivanka Trump. El plan prevé levantar complejos de lujo en Sazan y Zvërnec, dos enclaves sensibles de la costa albanesa. La operación incluye hoteles, villas y marinas en zonas de alto valor estratégico, con fuerte impacto económico y territorial.

La isla Zvërnec y la laguna de Narta, en Albania. / Andrea Tabaro

La isla Zvërnec y la laguna de Narta, en Albania. / Andrea Tabaro
La polémica no es solo urbanística. La zona de la laguna de Narta es un humedal protegido donde habitan especies como tortugas bobas, focas monje y flamencos. Sazan, además, fue durante décadas una isla militar cerrada al público. Allí, la clave del conflicto está en que la laguna de Narta es un humedal clave para aves migratorias y especies protegidas, ahora en el centro del debate ambiental.
LOS40
LOS40
Apoyo del gobierno
El proyecto ha contado con respaldo institucional del primer ministro Edi Rama. Su estrategia ha sido transformar la costa de Albania en un destino turístico de alto nivel, dentro de una política donde la apuesta por el turismo premium marca toda su visión de desarrollo económico para el país.
Se han producido manifestaciones en Berlín, Milán o Nueva York
Sin embargo, el conflicto estalló cuando comenzaron las obras en Zvërnec. Vecinos denunciaron ocupaciones irregulares en un país donde la propiedad sigue siendo un asunto extremadamente complejo. En ese contexto, los incidentes se dispararon cuando los primeros trabajos en el terreno provocaron enfrentamientos con seguridad privada, que terminaron viralizados en redes sociales.
A partir de ahí, el movimiento se expandió rápidamente. Manifestaciones en Tirana y otras ciudades, y también en la diáspora en Berlín, Milán o Nueva York. El lema común resume el malestar social: "Albania no está en venta", convertido ya en consigna nacional.
La llamada "revolución de los flamencos" ha ido más allá del caso concreto del resort. Muchos ciudadanos ven en este episodio un modelo de desarrollo acelerado con escasa transparencia. El debate se ha desplazado hacia una cuestión de fondo: el país está siendo moldeado por intereses privados y políticos, según denuncian los manifestantes.
Mientras el Gobierno responde incluso con teorías de injerencias extranjeras, las protestas mantienen un tono pacífico y simbólico. Flores, limpieza de calles y flamencos rosas se han convertido en su lenguaje. En ese clima, las movilizaciones han consolidado una nueva forma de protesta en el país, más visual, horizontal y persistente.













