Bad Bunny se despide de Madrid con un último baile inolvidable y la promesa de regresar a una ciudad que le "ha hecho sentir como en casa"
El Conejo Malo completó ayer su décimo show en el estadio Riyadh Air Metropolitano de la capital

Bunny en concierto durante su gira 'Debí Tirar Más Fotos Tour' en Madrid, 30 de mayo de 2026. / Mariano Regidor
Ayer, lunes 15 de junio, Bad Bunny dio el décimo y último concierto de 'Debí Tirar Más Fotos Tour' en el Riyadh Air Metropolitano de Madrid. El Conejo Malo completó así su residencia musical en España, con un total de doce espectáculos entre Madrid y Barcelona.
El ambiente se respiraba diferente, y no solo por la amenaza de volver a oler a tierra mojada —como la tarde anterior—, sino por la sensación compartida de estar ante una despedida especial, un último baile inolvidable que pasará a la historia de la música latina y de la cultura del directo en nuestro país.
Muchos repetían. Para la mayoría, sin embargo, era la primera vez. La última oportunidad de decir adiós —o, más bien, un hasta pronto— a Benito en España tras tres semanas instalado en Madrid, donde convirtió el estadio del Atlético en un oasis boricua antes de que la gira continúe rumbo a Alemania.
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Así, cuando el ritual de La Mudanza concluyó y el Conejo Malo irrumpió por la trampilla del centro del escenario principal por última vez, la locura se desató. La ovación fue tan atronadora que el verso que inauguraba el concierto —"Un aplauso pa' mami y papi, porque en verdad rompieron"— se hizo de rogar después de varios segundos.
"Hay un dicho que dice que lo mejor se deja para lo último", declaró el artista durante los primeros instantes. Y no mentía.
A lo largo de su actuación, Bad Bunny cedió el micrófono al público en más de una ocasión, provocando que las voces de más de 70.000 personas corearan al unísono estribillos, estrofas y, prácticamente, canciones enteras de principio a fin. Y es que solo Benito Antonio Martínez Ocasio, cantante puertorriqueño, es capaz de poner a cantar japonés —como ocurre en Yonaguni— a toda una comunidad de habla hispana en una metrópolis como Madrid.
Como cada noche, la fiesta volvió a estar marcada por el perreo, pero también por la salsa y la plena. Todo ello, potenciado por una banda de músicos —junto a formaciones como Los Sobrinos de Puerto Rico y Los Pleneros de la Cresta— que reforzó el carácter orgánico del show. Las congas o el cuatro puertorriqueño convirtieron el concierto en una experiencia musical más cercana e inmersiva (con guiños como la versión instrumental de Tú me dejaste de querer de C. Tangana).
Y, más allá de las sorpresas de Dei V —en Veldá— y Quevedo —que cantó Columbia combinado con Moscow Mule, Wanda, Scandic y su popular Quédate aka Bzrp Music Session vol. Vol. 52—, que conformaron dos de los platos fuertes de la velada, lo más emocionante fue escuchar a Bad Bunny hacer una promesa que quedó sellada bajo el cielo del Metropolitano. "Les prometo que no voy a tardar en volver aquí a Madrid", exclamó tras un reiterativo discurso de agradecimiento.
"Una vez más, muchísimas gracias por estar aquí esta noche. Gracias por haber estado estas diez noches conmigo, por recibirme con tanto amor después de tanto tiempo [...] Jamás voy a olvidar mi regreso a esta ciudad", expresó antes del último estribillo de DtMF y EoO como colofón final a este paso por la capital.
12 conciertos, medio millón de asistentes, una avalancha de estrellas y una experiencia incalculable
La doble parada de Bad Bunny en España —dos noches en el Estadi Olímpic de Barcelona (22 y 23 de mayo) y una residencia de diez fechas en el Riyadh Air Metropolitano de Madrid— ha sido un fenómeno sin precedentes, con más de 500.000 asistentes y un impacto millonario en la capital. Más allá del setlist estable, el gran reclamo ha sido la canción exclusiva que el artista interpretaba cada noche desde 'La Casita', convertida en epicentro narrativo del show. Barcelona inauguró la dinámica con La Santa junto a Bad Gyal y Triste con Bryant Myers, dos rarezas que no se han repetido en el resto de la gira. Ese concepto —una canción única por noche— ha sido clave para convertir cada concierto en irrepetible. Algo que hemos visto también en Madrid, donde elevó la apuesta con una rotación constante de temas exclusivos y colaboraciones.
La serie arrancó el 30 de mayo con Adivino junto a Myke Towers y continuó con Teléfono Nuevo con Luar La L, FINA con Young Miko o Como antes en solitario, entre otras sorpresa sucesivas. Cada noche añadía una pieza nueva a ese puzzle efímero que solo vivieron quienes estuvieron allí, reforzando el carácter de residencia artística más que de simple gira. En paralelo, el repertorio fijo —con himnos como Tití me preguntó, Safaera o DÁKITI ha servido de columna vertebral para un show de casi tres horas. El resultado ha sido una experiencia híbrida entre concierto masivo y showcase íntimo. Madrid, en ese sentido, ha sido el corazón del experimento.
El apartado de invitados ha sido otro de los grandes motores del fenómeno. Sobre el escenario del Metropolitano se han ido sumando nombres como De La Ghetto, Lunay, RaiNao, Eladio Carrión y Mora, pero también otros artistas de la escena urbana latina que han ido apareciendo durante la residencia. En Barcelona, la presencia de Bad Gyal marcó el pistoletazo de salida, reforzando el vínculo con la escena local. Estas colaboraciones no solo aportaron valor musical, sino que construyeron relato: cada noche era imprevisible, cada invitado reescribía el guion. El público acudía sin saber exactamente qué iba a ver, un factor cada vez más raro en el pop global. Y ahí ha residido parte del éxito.
Pero si algo ha amplificado el fenómeno ha sido “La Casita” como escenario social. En Barcelona, el arranque congregó a futbolistas del Barça como Lamine Yamal, Lewandowski, Gavi o Dani Olmo, además del creador Ibai Llanos. En Madrid, el desfile ha sido constante: Ester Expósito, Ana de Armas, Penélope y Mónica Cruz, Marta Ortega, Chiara Ferragni o Los Javis, junto a otros nombres del deporte como Marcelo o Carlos Alcaraz. La zona VIP —tan mediática como polémica— se convirtió en otro espectáculo paralelo, con cámaras pendientes de cada gesto. Entre música, espectáculo y celebrity culture, Bad Bunny ha convertido sus conciertos en un acontecimiento total. Y España, en su gran escaparate europeo. Y eso que ahora pone rumbo a Alemania, para continuar esta recta final de su Debí Tirar Más Fotos World Tour.













