Veinticinco años de 'Origin of symmetry': el disco que convirtió a Muse en algo imposible de ignorar

Con su segundo álbum, el trío británico dejó atrás las comparaciones con Radiohead y construyó una identidad propia

Muse en 2001, el año en que publicaron 'Origin of symmetry'. / Benedict Johnson

A comienzos de 2001, Muse seguían siendo, para mucha gente, una promesa. Una banda joven llegada desde Teignmouth, una pequeña localidad costera del sur de Inglaterra, que había llamado la atención con Showbiz pero que todavía convivía con una comparación que empezaba a resultar incómoda: la de ser una especie de versión más nerviosa y teatral de Radiohead.

La comparación no era completamente injusta. La voz aguda de Matt Bellamy, ciertas atmósferas melancólicas y el contexto del rock británico de finales de los noventa invitaban a establecer paralelismos. El problema es que Muse nunca quiso ocupar ese espacio. De hecho, una de las historias que explica mejor Origin of symmetry es precisamente la de un grupo intentando escapar de cualquier etiqueta ajena.

Cuando el álbum apareció el 18 de junio de 2001, quedó claro que Bellamy, Chris Wolstenholme y Dominic Howard tenían otros planes. El disco era excesivo, ambicioso, imprevisible y, por momentos, directamente extravagante. Había pianos clásicos, riffs gigantescos, falsetes imposibles, letras sobre tecnología, conspiraciones, aislamiento y una intensidad emocional que rozaba el melodrama. Dicho de otro modo: sonaba exactamente a Muse. Lo más interesante es que aquella personalidad todavía estaba en construcción.

A finales de los noventa, el rock británico atravesaba una etapa de transición. El britpop se había agotado, Oasis y Blur ya no monopolizaban la conversación cultural y comenzaban a surgir nuevas bandas que buscaban caminos alternativos. En Estados Unidos, el nu metal dominaba buena parte del mercado; en Reino Unido, el panorama aparecía mucho más fragmentado. Muse irrumpió en medio de ese escenario con una propuesta difícil de clasificar.

Había influencias evidentes de Queen, de la música clásica, del rock progresivo y de la ciencia ficción; también una voluntad permanente de llevar las canciones al límite, como si la moderación fuera un concepto completamente ajeno al grupo. Mientras muchas bandas intentaban sonar contemporáneas, Muse parecía obsesionada con construir algo propio, y Origin of symmetry fue el primer gran paso en esa dirección.

Muse - Plug In Baby (Official Video)

La grabación tampoco siguió caminos convencionales. Bellamy comenzó a experimentar intensamente con el piano, inspirado por compositores como Rachmaninoff y Saint-Saëns. Aquellas influencias terminaron filtrándose en canciones donde la energía del rock convivía con estructuras armónicas mucho más complejas de lo habitual.

El resultado aparece desde los primeros minutos. “New born” abre el álbum con una introducción de piano casi hipnótica antes de explotar en una avalancha de guitarras. “Bliss” combina euforia melódica y ansiedad existencial. “Plug in baby”, probablemente la canción que mejor resume la identidad de aquella etapa, contiene uno de los riffs más reconocibles del rock británico de comienzos de siglo. Y luego está “Citizen erased”: con más de siete minutos de duración, cambios de dinámica constantes y una ambición casi progresiva, la canción representaba todo aquello que la industria discográfica solía recomendar evitar. Muse hizo exactamente lo contrario y la convirtió en una de las piezas favoritas de sus seguidores.

Ese tipo de decisiones explican por qué el disco resultó tan importante. No se limitaba a ofrecer una colección de buenas canciones. Funcionaba como una declaración artística. Muse estaba diciendo que no pensaba competir en el terreno de nadie. Ni en el del britpop, ni en el del rock alternativo estadounidense, ni en el de las modas del momento.

La apuesta era arriesgada. De hecho, la discográfica estadounidense del grupo mostró ciertas reservas sobre la publicación del álbum en Estados Unidos. Algunos ejecutivos consideraban que la voz de Bellamy resultaba demasiado aguda para el mercado norteamericano y llegaron a sugerir que determinadas canciones fueran regrabadas. La banda se negó. Aquella negativa terminó convirtiéndose en una de las primeras muestras de la obstinación que caracterizaría toda su carrera posterior.

Comercialmente, Origin of symmetry representó un salto evidente respecto a Showbiz. Alcanzó el número 3 en Reino Unido y permitió que Muse dejara de ser una promesa para convertirse en una realidad consolidada dentro del rock británico. Además, fue el primer álbum de la banda que consiguió entrar en las listas estadounidenses, una señal importante de que su alcance empezaba a extenderse más allá de Europa.

Pero los números cuentan solo una parte de la historia. La verdadera importancia del disco se percibe en la influencia que tuvo sobre la evolución posterior del grupo. Muchas de las características que acabarían definiendo a Muse durante las dos décadas siguientes aparecen ya perfectamente delineadas aquí: la fascinación por las narrativas apocalípticas, el gusto por la grandilocuencia, la mezcla de rock y música clásica, la teatralidad escénica y una tendencia constante a desafiar cualquier expectativa razonable.

En cierto sentido, Origin of symmetry fue el álbum donde Muse descubrió quién quería ser.

También ayudó a construir una conexión muy intensa con su público. A diferencia de otras bandas que crecieron principalmente gracias a la radio, Muse desarrollóuna reputación formidable en directo. Las canciones del álbum parecían diseñadas para expandirse sobre el escenario, donde Bellamy desplegaba una energía física y emocional que convertía cada actuación en una experiencia casi volcánica. Aquello contribuyó a que el grupo empezara a generar una comunidad de seguidores especialmente fieles, un fenómeno que se amplificaría todavía más con discos posteriores como Absolution y Black holes and revelations.

Lo curioso es que, visto desde la perspectiva de su carrera completa, Origin of symmetry conserva una sensación de riesgo que sigue resultando atractiva. No era el trabajo de una banda instalada cómodamente en el éxito, sino el de tres músicos jóvenes convencidos de que podían construir un universo propio aunque para ello tuvieran que desafiar las reglas habituales del rock contemporáneo. Y quizá esa sea la razón por la que el álbum ocupa un lugar tan especial dentro de la historia de Muse. No porque fuera el más vendido ni el más espectacular de su catálogo, sino porque fue el momento exacto en que dejaron de parecerse a nadie más. A partir de ahí, para bien o para mal, el camino ya solo podía ser suyo.