Sonali Deraniyagala, la mujer que perdió a toda su familia en el tsunami: "El duelo y la vida pueden coexistir"
La escritora de origen ceilandés sobrevivió al tsunami del Índico de 2004, en el que murieron su marido, sus hijos y sus padres. En 'Ola' reflexiona sobre el duelo, la memoria y sobre cómo reconstruir una vida después de una tragedia inimaginable.

Sonali Deraniyagala, autora de 'Ola'.
Hay libros que duelen. Ola (Capitan Swing), de Sonali Deraniyagala, lo hace de una manera especialmente punzante. Una lectura tan cruda y real que transporta al lector a aquel fatídico diciembre de 2004, cuando un tsunami de dimensiones colosales sacudió el océano Índico causando más de 260.000 muertos en Indonesia, Sri Lanka, Tailandia, India, Maldivas o Malasia, y que incluso alcanzó las costas de países africanos como Somalia, Tanzania. Madagascar o Sudáfrica. Una ola devastadora causada por el segundo terremoto más grande registrado desde la existencia del sismógrafo, tras el que tuvo lugar en 1960 en Valdivia (Chile).
Tras los números están las personas y las historias trágicas. Aquel 26 de diciembre Sonali se encontraba en Yala (Sri Lanka), adonde había viajado junto a su familia y unos amigos desde Londres para pasar las Navidades. Allí estaban su marido, sus hijos, sus padres y su mejor amiga. Todos ellos perdieron la vida en el desastre, al que ella sobrevivió de manera milagrosa tras agarrarse a la rama de un árbol.
¿Cómo afrontar un dolor tan inconcebible para la mayoría de seres humanos? ¿Qué proceso de duelo experimenta una persona tras vivir algo así? ¿Se puede rehacer una vida tras haberlo perdido absolutamente todo? De todo ello y mucho más habla Ola, un libro escrito desde las entrañas, con el que Sonali Deraniyagala ha querido compartir su dolor. Desde su casa en Londres, atiende por videollamada a El Eco de LOS40 en una conversación reposada y profundamente reflexiva sobre la memoria, el amor, el duelo y la difícil tarea de reconstruirse cuando parece que ya no queda nada.
LOS40
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La escritura de un libro como Ola se antoja difícil como pocas. ¿En qué momento sintió que escribir podía convertirse en una forma de afrontar el dolor o incluso en una forma terapia?
Ocurrió de forma progresiva, incluso bastante lenta. Quizá a lo largo de un año o más. Después de lo ocurrido, me encontraba repitiendo los mismos recuerdos a mis amigos, intentando retenerlos en mi mente. Pero lo percibía casi como si hubiera sido un mal sueño. En un momento determinado, un amigo cercano me dijo: “deberías escribirlo”. Y empecé a hacerlo. Pero al principio no era un libro: era algo únicamente para mí. Algo que hacía no sólo para recordar o para procesar lo ocurrido, sino para intentar entenderlo. Poco a poco, con el tiempo, se convirtió en una forma de darle sentido.
Los detalles más pequeños de nuestra vida antes de la ola fueron los más difíciles de revivir
El libro resulta especialmente conmovedor por su honestidad y por el nivel de detalle con el que recuerda muchos momentos. ¿Qué fue lo más difícil de revivir mientras lo escribía?
Creo que las cosas cotidianas, como todos aquellos detalles más pequeños de nuestra vida antes de la ola, eran los más difíciles de revivir. Cuando empecé a escribir, me sumergí por completo en ello. Estaba decidida a ser lo más precisa y honesta posible. Sí, fue doloroso, pero también algo que sentí que tenía que hacer.
En el libro parece que el miedo no es solo haber perdido a su familia, sino también perder el recuerdo de quiénes eran.
Así es. Pero eso ocurre porque la memoria nunca es constante. A veces se ralentiza y, de repente, vuelve en el momento menos esperado. Recuerdas cosas en las que no habías pensado durante años. Cosas que siempre estuvieron ahí, pero que de repente irrumpen de forma inesperada. Solo puedes mantener en el recuerdo una parte pequeña de todo lo vivido.
Escribí este libro inicialmente para mí, o como mucho para mi terapeuta o mis amigos. No fue una narrativa construida para otros
Muchos lectores ven Ola como un relato del duelo muy distinto, porque no intenta romantizar el sufrimiento, embellecerlo, o revestirlo de épica. Tampoco extraer una lección de él. ¿Era importante para usted evitar ese tipo de relato?
Esa manera de enfocar el libro surgió de una manera natural porque, al escribirlo, no estaba pensando en los lectores. Intentaba ser lo más honesta y precisa posible. Escribía simplemente para mí, o como mucho para mi terapeuta o mis amigos. No fue una narrativa construida para otros.
¿Se siente cómoda con la palabra “resiliencia”?
No demasiado. Creo que muchas veces, cuando nos sucede una tragedia, sencillamente no tenemos elección: simplemente tenemos que seguir adelante. Mucha gente nos dice que nos admiran por nuestra valentía y por esa resiliencia, pero realmente no hay otra opción. Por otra parte, soy muy consciente de que soy una persona privilegiada: tuve mucha gente a mi alrededor que me sostuvo y me ayudó en los momentos más difíciles. Tengo una educación y unos recursos económicos que mucha otra gente no tiene. Por eso no comparto el concepto entendido de una forma tan simplificada como se usa a menudo.
El duelo no funciona así: no es algo lineal, ni se vive de una manera única: cada persona tiene el suyo
¿Cree que la sociedad entiende realmente el duelo?
Es algo que pasa en todas partes, tanto en Sri Lanka como en Londres o Nueva York. A menudo existe cierta presión para seguir adelante, para volver a la normalidad. Pero el duelo no funciona así: no es algo lineal, ni se vive de una manera única: cada persona tiene el suyo. Creo que la gente siente incomodidad ante el duelo ajeno. Quiere seguir con su vida sin enfrentarse al dolor de los demás. Pero el duelo y la vida pueden coexistir. Solo hace falta tiempo.
Si hubiera algo que le gustaría que los lectores se llevaran de Ola, ¿qué sería?
En cierto modo, me gustaría que entendieran que el libro deja una enseñanza sobre el amor. Trata de la memoria y de intentar volver a la vida cotidiana. A los pequeños momentos, a los detalles. Pero una de las cosas que he aprendido de todo esto es que el amor no depende del futuro. Puede existir sin él. No es algo condicionado por lo que viene después, sino algo que se mantiene intacto y se mantiene en el tiempo. Cuando sufres un trauma de estas características te niegas a recordar porque es demasiado doloroso. Pero duele tanto porque esos recuerdos están llenos de amor.
Estamos en un momento de gran inestabilidad, y muchos países ya están sufriendo las consecuencias, especialmente los más pobres
Después del tsunami, y ahora con la crisis climática, ¿seguimos viendo la naturaleza como algo externo?
La crisis climática es muy real. Es cierto que el tsunami concretamente no estuvo relacionado de manera directa con la acción humana, pero otros desastres naturales ocurridos recientemente en Sri Lanka, como ciclones o deslizamientos de tierra están directamente relacionados con el cambio ambiental y la deforestación. Y, por tanto, con la acción humana. Estamos viendo nuevos tipos de desastres en un mundo que se calienta: inundaciones, lluvias extremas, fenómenos impredecibles. Incluso en Europa o en lugares como Texas las cosas están cambiando. Estamos en un momento de gran inestabilidad, y muchos países ya están sufriendo las consecuencias, especialmente los más pobres y los estados insulares, que ademas son los que menos han contribuido a este cambio climático.













