Sesenta años de 'Blonde on Blonde': el momento en que Bob Dylan llevó el rock a un territorio desconocido
Publicado en junio de 1966, el álbum confirmó una transformación artística que cambiaría para siempre la música popular
Bob Dylan, en una rueda de prensa en París, en 1966.
La noche del 17 de mayo de 1966, en el Free Trade Hall de Manchester, una voz surgió desde el público cuando Bob Dylan acababa de enchufar la guitarra eléctrica para interpretar una de sus nuevas canciones. “¡Judas!”, le gritó alguien. La acusación resumía perfectamente el clima que rodeaba al músico en aquellos meses. Para una parte de sus seguidores folk, Dylan había traicionado una causa; para él, simplemente estaba avanzando hacia otro lugar. Pocas semanas después de aquel célebre incidente llegaba Blonde on Blonde, publicado el 20 de junio de 1966, el disco que terminaría de certificar que Bob Dylan ya no pertenecía únicamente al mundo del folk, sino a una categoría artística mucho más difícil de definir.
El contexto resulta fundamental para entender la importancia del álbum. Dylan venía de protagonizar una de las transformaciones más polémicas de la historia de la música popular. Apenas un año antes había escandalizado a buena parte del público folk al aparecer con una banda eléctrica en el Festival de Newport. Aquella decisión provocó discusiones interminables entre críticos, músicos y seguidores, pero también abrió una puerta que ya no volvería a cerrarse.
Entre 1965 y 1966, Dylan publicó tres discos consecutivos que alteraron profundamente el lenguaje del rock: Bringing it all back home, Highway 61 revisited y Blonde on Blonde. El tercero de ellos fue probablemente el más ambicioso de todos. Además, llegaba en un momento extraordinariamente fértil para la música popular. The Beatles acababan de publicar Revolver; los primeros signos de la psicodelia comenzaban a extenderse por ambos lados del Atlántico; el rock dejaba de ser considerado una música juvenil de consumo rápido para aspirar a algo más complejo y duradero. Dylan se encontraba en el centro de ese cambio.
La grabación de Blonde on Blonde tampoco fue sencilla. Las primeras sesiones realizadas en Nueva York no terminaron de funcionar como él esperaba y el proyecto se trasladó a Nashville, una ciudad asociada tradicionalmente al country y alejada del ambiente contracultural que muchos identificaban con Dylan. La decisión resultó decisiva. Allí encontró un grupo de músicos de sesión extraordinarios capaces de seguirle en una aventura artística que desafiaba muchas convenciones de la época. El sonido adquirió una riqueza nueva: órganos, guitarras, pianos y una instrumentación sorprendentemente flexible para sostener unas canciones cada vez más largas, complejas y llenas de imágenes aparentemente inconexas.
Porque si algo distingue a Blonde on Blonde es precisamente su escritura. Dylan ya había demostrado su talento como compositor en discos anteriores, pero aquí llevó su lenguaje a una dimensión distinta. Las letras parecen moverse constantemente entre la poesía, el surrealismo, la observación social y una especie de humor enigmático que sigue resistiéndose a interpretaciones definitivas. Canciones como “Visions of Johanna” o “Stuck inside of Mobile with the Memphis blues again” funcionan casi como pequeños universos autónomos. Los personajes aparecen y desaparecen, las escenas cambian de forma inesperada y el significado parece desplazarse continuamente. En lugar de ofrecer respuestas, Dylan invitaba al oyente a perderse dentro de las canciones.
Bob Dylan - Visions of Johanna (Official Audio)
Al mismo tiempo, el álbum contenía algunas de las piezas más accesibles y memorables de toda su carrera. “Rainy day women #12 & 35”, con su famoso estribillo “Everybody must get stoned” (“Todo el mundo debe colocarse”), abrió el disco rodeada de controversia por las interpretaciones relacionadas con las drogas, aunque Dylan siempre sostuvo que la canción hablaba de otra clase de apedreamiento: el juicio permanente al que cualquiera puede verse sometido. También estaban “I want you”, una de las composiciones más luminosas de su catálogo, y “Just like a woman”, convertida con el tiempo en una de las canciones esenciales de su repertorio en directo.
Resulta significativo que todas convivieran dentro de un álbum doble, algo todavía poco habitual en el rock de mediados de los sesenta. De hecho, Blonde on Blonde suele citarse como uno de los primeros grandes álbumes dobles de la historia del rock. La decisión reflejaba perfectamente la ambición del proyecto. Dylan ya no pensaba en términos de sencillos aislados; estaba construyendo una obra de gran formato. Aquella amplitud artística tuvo una influencia enorme sobre los músicos que llegaron después. La idea de que una canción popular podía albergar referencias literarias complejas, imágenes ambiguas y estructuras alejadas de las fórmulas convencionales encontró en Blonde on Blonde una de sus expresiones más completas. Buena parte del rock de autor de las décadas posteriores nació, directa o indirectamente, de esa libertad.
También contribuyó a consolidar una imagen pública muy particular de Dylan. Lejos de comportarse como una estrella convencional, parecía empeñado en esquivar cualquier expectativa. Cuanto más intentaban definirlo, más cambiaba de dirección. Esa actitud desconcertaba a muchos contemporáneos, pero terminaría convirtiéndose en una de las características centrales de su carrera.
La recepción comercial acompañó además a la ambición artística. Blonde on Blonde alcanzó el número 9 en Estados Unidos y el número 3 en Reino Unido, cifras muy notables para una obra tan poco convencional. Más importante aún fue su permanencia en el tiempo. Las canciones siguieron creciendo dentro del repertorio de Dylan y el álbum acabó instalándose entre las referencias imprescindibles de la música popular del siglo XX.
La paradoja es que aquel disco nació en medio de una tormenta. Mientras parte de su público discutía sobre guitarras eléctricas, pureza artística y supuestas traiciones ideológicas, Dylan estaba ocupado en otra cosa: ampliando las posibilidades expresivas del rock a una velocidad difícil de seguir incluso para sus contemporáneos. Por eso Blonde on Blonde ocupa un lugar tan singular dentro de su discografía. Representa el instante en que varias corrientes musicales, literarias y culturales confluyeron en una obra que parecía avanzar por delante de su tiempo. Mientras otros artistas intentaban definir los límites del rock, Dylan se dedicaba a ignorarlos.
