Michael Jackson quería tener “un millón de amigos” y tuvo una habitación llena de maniquíes
Tal era su soledad que salía a la calle “y le decía a la gente ‘¿Quieres ser mi amigo?’”
Michael Jackson / Michael Ochs Archives
Elizabeth Taylor, Macaulay Culkin o Diana Ross, formaban parte del círculo íntimo de amigos famosos de Michael Jackson. Sin embargo, siempre se sintió solo. Y descubrió una forma de mitigar la tristeza que le provocaba la soledad: rodearse de maniquíes. El artista confesó: “Necesitaba a alguien, solo quería hablar con alguien … por eso, probablemente, tenía maniquíes”. Su último “nuevo amigo” lo adquirió dos meses antes de fallecer en una boutique de Beverly Hills a la que acudió junto a sus hijos: un hombre con perilla, gafas negras y brazos tatuados… de plástico.
“Supongo que quiero darles vida. Me gusta imaginarme hablando con ellos “, reveló Michael Jackson en Rolling Stone. “¿Sabes lo que creo que es? Sí, creo que te lo diré. Creo que estoy acompañándome de los amigos que nunca he tenido. Siendo un artista, no sabes quién es tu amigo. Te ven de forma muy diferente, como una estrella en lugar de un vecino de la puerta de al lado”.
Michael Jackson hizo estas sorprendentes confesiones en una entrevista con la famosa revista mensual en Febrero de 1983. Promocionaba ‘Thriller’ y recibió a los medios en su residencia familiar en el Valle de San Fernando (Encino, California), rodeado de managers y hermanos.
A lo largo de la charla, desveló que era coleccionista de dibujos animados o de animales exóticos. Y después de presentar a Muscles, su boa constrictor, soltó su asombrosa confesión:
"¿Sabes lo que también me encanta? Los maniquíes”.
Explicó que cuando su nueva casa estuviera finalizada, tendría una habitación sin muebles… solo con un montón de muñecos, de los que se ven los escaparates de las tiendas. Hizo una pausa y miró fijamente las estatuas del salón. "Esto es así. Me rodeo de gente que quiero que sea mi amiga. Y puedo hacer eso con maniquíes. Hablaré con ellos".
Extremadamente tímido, Michael lamentaba no tener amigos cercanos. Nunca tuvo un compañero de colegio, o de juegos, o una novia estable. Debido a su fama, no sabía en quien confiar. Y reconocía, eso sí, conocer a gente “dentro del ‘show business'".
Durante años, compró muchos maniquíes, a menudo vestidos con elaborados trajes. El 27 de Abril de 2009, dos meses antes de fallecer (el 25 de Junio), adquirió a su último "amigo" de plástico y ocupó los titulares por esa compra tan surrealista en la boutique Ed Hardy de Beverly Hills. Llegó con su mascarilla quirúrgica puesta, acompañado de tres hijos (con antifaces carnavaleros).
Entre otras cosas, antes de abandonar el establecimiento, cargó en el coche, en el asiento del copiloto, un maniquí masculino con perilla, gafas negras y brazos tatuados.
"Michael Jackson estaba tan solo que hablaba con maniquíes y sollozaba cuando veía niñ
os en el parque". Era el titular del Mirror a un artículo de 2019 en el que detallaban las confidencias más íntimas que hizo el artista a su asesor espiritual Shmuley Boteach entre 1999 y 2001. El rabino grabó sus conversaciones y las publicó en su libro ‘The Michael Jackson Tapes: A Tragic Icon Reveals His Soul in Intimate Conversation’.
La destacada figura del judaísmo se mostró sorprendido cuando vio la habitación con muñecos, pero después entendió la importancia que tenían para el artista. Como es sabido, Michael tuvo una infancia traumática… golpeado, maltratado y amenazado violentamente por su padre Joe. Según confesó a Boteach: “Tenía muchas ganas de jugar en el parque, al otro lado de la calle, donde los niños jugaban al béisbol y al fútbol, pero yo tenía que grabar y trabajar hasta última hora de la noche. Me sentaba a ver a los niños con las lágrimas cayendo por mi cara, y me decía, ‘estoy atrapado y tengo que hacer esto hasta el final de mi vida’”.
Jackson admitió que su colección de maniquíes era extraña, pero intentó explicar su existencia. Reveló que vagaba por las calles cuando era niño buscando a desconocidos que quisieran ser sus amigos. Tal era su soledad. “Necesitaba a alguien, solo quería hablar con alguien … por eso, probablemente, tenía maniquíes. Buscaba a gente con la que hablar. Estaba tan solo que lloraba en mi habitación. Pensaba, ‘voy a salir y a pasear por la calle, y recuerdo que le decía a la gente ‘¿Quieres ser mi amigo?’ Y ellos exclamaban ‘¡Michael Jackson!’, y yo ‘¡Dios! ¿Vas a ser mi amigo porque soy Michael Jackson?’”.
“Siempre pensé ‘¿Por qué tengo esto?’ Ellos son como bebés reales, niños, y gente, y me hacen sentir como si estuviera en una habitación con gente”, reconocía Jackson. “Yo era muy tímido para estar con gente real. No era como las ancianas que hablan a las plantas, pero siempre pensé que quería algo que me hiciera sentir que estaba acompañado”
Por eso, una habitación del rancho de Neverland, estaba repleta de maniquíes… era su forma de sentir que no estaba solo.
