España respira peor en 2025: la contaminación del aire repunta por el calor extremo y el tráfico
Ecologistas en Acción alerta de que millones de personas han estado expuestas a niveles de contaminación por encima de los objetivos europeos para 2030.

Madrid es una de las ciudades con peor calidad del aire. / Lourdes Balduque
La calidad del aire en España no mejora al ritmo esperado. De hecho, en 2025 ha empeorado en varios frentes clave, según el último informe de Ecologistas en Acción, que analiza datos de 780 estaciones oficiales de medición repartidas por todo el país. El diagnóstico es claro: la contaminación sigue afectando a la práctica totalidad del territorio y a una parte muy significativa de la población.
Dos tercios de la población española expuesta a un aire que dentro de unos años será considerado legalmente inaceptable
En total, unos 33 millones de personas han respirado aire con niveles de contaminación superiores a los nuevos límites que la Unión Europea ha fijado para 2030. Es decir, dos tercios de la población española expuesta a un aire que, dentro de apenas unos años, será considerado legalmente inaceptable.
El informe señala un cóctel de factores detrás de esta situación. Por un lado, 2025 ha sido uno de los años más cálidos desde que existen registros, con episodios de calor extremo que han disparado la formación de ozono, especialmente durante las olas de calor del verano. Por otro, la mayor intensidad de los incendios forestales en agosto ha contribuido a empeorar la presencia de partículas contaminantes en el aire.
LOS40
LOS40
A esto se suma el repunte de la quema de petróleo, que ha alcanzado su nivel más alto desde 2011, impulsado sobre todo por el aumento del transporte por carretera y la aviación. Aunque las energías renovables ya cubren más de la mitad de la demanda eléctrica, el informe subraya que eso no ha sido suficiente para compensar el peso de los combustibles fósiles en movilidad.
El tráfico, un problema
Uno de los contaminantes más problemáticos sigue siendo el dióxido de nitrógeno (NO2), estrechamente vinculado al tráfico urbano. Las principales áreas metropolitanas no cumplen ya los nuevos límites que entrarán en vigor en 2030, pese a que muchas ciudades siguen sin aplicar de forma efectiva las zonas de bajas emisiones, obligatorias por normativa.

Los ecologistas advierten sobre los efectos de la contaminación sobre la salud. / Oscar Martín

Los ecologistas advierten sobre los efectos de la contaminación sobre la salud. / Oscar Martín
La situación es especialmente preocupante si se mira el conjunto del territorio. Aunque con los estándares actuales unos 9 millones de personas siguen respirando aire por encima de los límites legales vigentes, el panorama empeora mucho si se aplican las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS): prácticamente toda la población española estaría expuesta a niveles insalubres.
El ozono se ha convertido en el gran protagonista negativo del año. Es el contaminante que más superficie afecta y el más directamente relacionado con el calentamiento global. En 2025 ha batido récords en ciudades como Madrid, con cientos de episodios de superación de los umbrales de información durante los meses de verano.
Aire envenenado
Más allá de los datos ambientales, el impacto en la salud es significativo. La contaminación del aire es ya la principal causa ambiental de muerte en Europa. En España se le atribuyen decenas de miles de fallecimientos prematuros cada año, además de decenas de miles de ingresos hospitalarios y un coste económico estimado en decenas de miles de millones de euros.
El informe también pone el foco en la exposición de los más vulnerables. En mediciones realizadas en entornos escolares de medio centenar de ciudades, los niveles de dióxido de nitrógeno en accesos a centros educativos han resultado incluso superiores a los registrados en estaciones oficiales, lo que abre dudas sobre la ubicación de los puntos de medición y la protección real de la infancia.
Sin embargo, uno de los problemas recurrentes es la falta de respuesta institucional. Muchas ciudades todavía no han implantado de forma efectiva las zonas de bajas emisiones, pese a que el plazo legal lleva años vencido. Además, varios planes autonómicos para reducir la contaminación siguen sin aprobarse, a pesar de las advertencias judiciales.
A esto se suma un déficit de información pública: el visor estatal de calidad del aire lleva meses fuera de servicio tras un incidente informático aún no resuelto, lo que dificulta el acceso ciudadano a datos actualizados sobre la contaminación.
España sigue lejos de los estándares que marcan tanto la Unión Europea como la OMS
Las organizaciones ecologistas reclaman medidas más ambiciosas y estructurales. Entre ellas, reducir el tráfico motorizado en las ciudades, potenciar el transporte público eléctrico y la movilidad activa, limitar el uso del avión y acelerar la transición energética. También piden reforzar la regulación industrial y avanzar en acuerdos internacionales para reducir emisiones en el entorno marítimo.
Mientras tanto, el aire que se respira en España sigue lejos de los estándares que marcan tanto la Unión Europea como la Organización Mundial de la Salud. Y el margen para revertir la tendencia antes de 2030 se estrecha, justo cuando el cambio climático y el consumo de combustibles fósiles siguen empujando en la dirección contraria.













