Indignación en Islandia: vuelve la caza de ballenas
Tras dos años sin actividad, los barcos balleneros han regresado al mar entre protestas, críticas ecologistas y un intenso debate sobre el futuro de una práctica que podría prohibirse próximamente.

Islandia volverá a cazar ballenas. / Vicki Smith
Para muchos es la imagen de la vergüenza, y ha vuelto a repetirse en Islandia: barcos balleneros abandonando el puerto rumbo al Atlántico mientras decenas de activistas protestan desde tierra para intentar impedirlo. Después de dos años de parón, el país ha reanudado la caza comercial de ballenas, una decisión que ha despertado una fuerte indignación entre organizaciones ecologistas y defensores de los animales.
Islandia forma parte de un grupo muy reducido de países que todavía mantienen esta práctica. Junto a Noruega y Japón, es uno de los tres únicos estados del mundo donde sigue permitida la caza comercial de estos grandes mamíferos marinos.
El inicio de la temporada no ha estado exento de tensión. Uno de los momentos más llamativos se produjo cuando un activista se encaramó al mástil de uno de los barcos con la intención de impedir que zarpara. Finalmente, la embarcación salió igualmente a la mar y el manifestante tuvo que abandonar el buque antes de que alcanzara aguas abiertas.
LOS40
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La caza de ballenas indigna a los ecologistas y animalistas. / Vincent Pommeyrol

La caza de ballenas indigna a los ecologistas y animalistas. / Vincent Pommeyrol
Las protestas no han terminado ahí. Colectivos animalistas han convocado nuevas concentraciones para denunciar una actividad que consideran innecesaria y cruel, especialmente tratándose de especies cuya conservación sigue preocupando a la comunidad científica.
Dos años sin capturas
La situación contrasta con la vivida en los dos últimos años. En 2024, el Gobierno retrasó la concesión de los permisos hasta que la temporada quedó prácticamente cancelada. Además, la única empresa ballenera del país consideró que salir a faenar no era rentable debido a la caída de la demanda y al aumento de los costes, por lo que los barcos nunca llegaron a abandonar el puerto.
En aquella ocasión, las autoridades autorizaron la captura de 128 ballenas durante la temporada, aunque el permiso solo tenía validez durante un año, una decisión que ya fue interpretada como un posible paso hacia el fin definitivo de esta actividad.
Este año, además, los científicos han recomendado reducir todavía más las capturas. El Instituto de Investigación Marina islandés aconseja no superar los 150 rorcuales comunes y los 168 rorcuales aliblancos, tras detectar un descenso en el tamaño de las poblaciones.
Numerosas organizaciones reclaman desde hace años una prohibición total de la caza de ballenas
La caza del rorcual común resulta especialmente controvertida porque se trata de una especie catalogada como amenazada a nivel internacional. Por ello, numerosas organizaciones reclaman desde hace años una prohibición total de la actividad.
La presión social también ha ido creciendo. Encuestas realizadas en Islandia muestran una sociedad cada vez más dividida, con una parte importante de la población favorable a poner fin a la caza comercial de ballenas. A esa oposición se han sumado voces internacionales como las del actor Leonardo DiCaprio o la cantante islandesa Björk, que han pedido públicamente el cierre definitivo de la industria ballenera.
Paradójicamente, mientras los barcos han vuelto al mar, el propio Gobierno estudia prohibir esta práctica. La ministra de Industria y Comercio anunció hace unos meses que trabaja en un proyecto de ley para acabar con la caza comercial de ballenas, aunque todavía no se ha concretado cuándo podría aprobarse.
Hasta entonces, Islandia vuelve a situarse en el centro de una polémica que trasciende sus fronteras y reabre un viejo debate: si la tradición puede seguir justificando una actividad que cada año encuentra menos apoyo social y una oposición internacional cada vez mayor.













