¿Sigue valiendo la pena cargar con una cámara de fotos? Ponemos a prueba el Pixel 10 Pro y una Sony Alpha para encontrar la respuesta
Fotografía computacional de Google contra una Sony Full Frame para descubrir si merece la pena el extra de peso y dinero en tus viajes.
Google Pixel 10 Pro: el teléfono más fácil de recomendar. / Luis J. Merino
Llevar un Pixel 10 Pro en el bolsillo me ha hecho pensar en más de una ocasión que las cámaras fotográficas han perdido gran parte de su sentido dentro del entorno ‘entusiasta’.
Que no se tuerza este discurso. Las cámaras ‘sin espejo’ siguen siendo instrumentos espectaculares y herramientas muy necesarias (os habla alguien que dedica gran parte de su tiempo a la producción de video, conozco su capacidad), pero, cuando no están, y miramos los resultados que tenemos con el móvil, podemos llegar a pensar si realmente son necesarias para según qué cosas.
Llevo meses queriendo abrir este melón y por falta de tiempo lo he ido dejando siempre ‘para otro momento’. La idea siempre ha estado clara: Salir a hacer fotos con ambos dispositivos para intentar dejar claro dónde queda la rivalidad entre la fotografía de smartphone y la fotografía de cámara.
Pixel 10 Pro / Luis J. Merino
En mi caso ha sido con un Google Pixel 10 Pro, pero puedes leer este artículo como algo más conceptual. Te puede gustar más la cámara de Google que la de Samsung, pero lo que vas a ver a continuación bien puede tomarse como un “Smartphone VS Cámara”.
Foto de Google Pixel 10 Pro / Luis J. Merino
Foto de Sony Alpha 7IV
Las reglas son muy sencillas. Se pone a prueba la versatilidad, así que intentamos hacer siempre “la misma foto” con ambos dispositivos y siempre buscando en el móvil la lente nativa que más acomode. La elección de la cámara busca un equilibrio. Si nos ponemos a cambiar objetivos que sacamos de una maleta profesional la comparativa pierde todo el sentido. Lo que queremos saber aquí es si merece la pena llevarte la cámara de viaje o si es mejor el extra de comodidad que nos da la fotografía móvil.
Así pues, cargamos una buena cámara con un objetivo muy capaz y versátil. En una mano un Google Pixel 10 Pro y en la otra una Sony Alpha 7 IV con un 28-70mm f2.8 de Sigma. Y con ambos dispositivos buscamos escenas en las que, por una u otra cosa, puedan marcar la diferencia.
Vamos allá:
La fotografía de arquitectura
Las pruebas fotográficas siempre empiezan caminando entre edificios. Es un buen punto de partida. Y las conclusiones no tardan en aparecer.
Cuando la profundidad de los elementos de la escena no es importante, cuesta mucho encontrar ganador. Hay fotos que son virtualmente iguales y otras que simplemente dejan ver un extra de nitidez en el Pixel. No es que sea algo especialmente bueno; el teléfono busca el detalle texturizando más, mientras que la cámara ofrece un look más suave y orgánico. En cualquier caso, la palabra aquí es “sutil” y en ocasiones muy difícil de detectar.
Google Pixel 10 Pro
Foto de Sony Alpha 7IV
Pasear haciendo fotos de edificios cuando visitamos una ciudad puede ser el escenario ideal para que queramos quitarnos la cámara de encima. Ahora bien, cuando los elementos empiezan a interponerse y queremos tener un protagonista en la foto, la cosa cambia.
Esa foto de una estatua o pequeño monumento en medio de una plaza, empieza a sacar algo más de partido a todo el cristal que tiene delante el sensor de una cámara. Un buen objetivo, luminoso y con cierto alcance, puede darnos ese ‘bokeh’ tan codiciado en las fotografías que pone el foco en aquello que queremos fotografiar y deja el resto en un segundo plano algo más desenfocado. Con Google Pixel 10 Pro también podemos conseguir algo parecido, utilizando el teleobjetivo, pero aquí el tamaño del sensor y el tamaño del cristal que hay frente al sensor será lo que marque la diferencia.
Google Pixel 10 Pro
Foto de Sony Alpha 7IV
Sin embargo, la versatilidad del smartphone para este escenario es infinitamente mayor que la de la cámara: Podéis entender un 28-70 como un zoom de (casi) 3 aumentos. A eso podéis sumar algo más (haciendo trampa) con el recorte de megapíxeles de la cámara (el conocido modo APS-C, que recorta imagen para simular algo más de zoom - ¡ojo! perdiendo megapíxeles por el camino).
Google Pixel 10 Pro tiene una lente principal de unos 24mm y su lente telephoto es un ‘5x’, lo que nos lleva a pasar el equivalente a los 100 mm (y ninguna implica perder megapíxeles). Evidentemente, todo el recorrido que hay entre el 24 y el 100 pertenece al terreno del zoom digital, pero es innegable que, en un dispositivo que te cabe en el bolsillo, es una victoria absoluta en versatilidad.
Google Pixel 10 Pro
Foto de Sony Alpha 7IV
El contraluz
Un plano a contraluz puede convertirse en una de las fotos más bonitas de una tarde, si se hace bien. La tendencia de los móviles es cargarse cualquier contraluz para convertirlo a través de magia negra digital en un plano iluminado de forma artificial. En un contraluz lo que interesa es la silueta y esa pérdida de información visual para ganar en efecto. Es arte y muchos móviles se lo cargan.Afortuandamente, Google Pixel 10 Pro entiende perfectamente que una fotografía a contraluz se hace con la intención de capturar ese momento y no queriendo transformarlo.
Por otra parte, con una cámara en la mano, un contraluz pide destreza con la exposición. Tienes que ajustar el famoso “triángulo de la exposición” para no quemar el cielo y perder la menor información posible del primer plano.
Google Pixel 10 Pro
Foto de Sony Alpha 7IV / Luis J. Merino
Pues bien, el Google Pixel 10 Pro ha clavado esa exposición y la fotografía de cámara, si bien puedo recuperar esa información en edición si trabajo con el archivo RAW, no ha salido tan clavada como habría querido.
Eso es el “pan nuestro de cada día”; cuando la dinámica es point and click, hasta el mejor fotógrafo jugará sabiendo que con la captura hecha se puede trabajar en casa después y eso ya es tiempo añadido.
Si comparamos los archivos .jpg y no metemos la edición a juicio, gana el smartphone. Y a eso me refiero con “versatilidad”. En la vida el tiempo es lo más importante y hay ocasiones en las que simplemente no vale la pena invertir más tiempo y cargar más peso para el intento.
El retrato
Para esta prueba, he pedido ayuda al amigo más parecido a una escultura del renacimiento que he podido encontrar. Y tuve que pedirle que se pusiera las gafas de sol para intentar rebajar el impacto de su presencia.
Inevitablemente, el retrato nos lleva de vuelta al tamaño del sensor y a la cantidad de cristal que hablábamos antes. Y ahí siempre vamos a encontrar más "cremosita" la foto de la cámara. Si para ese extra de cremosidad merece la pena colgarse al cuello una cámara todas las vacaciones ya debe decidirlo cada uno personalmente.
Google Pixel 10 Pro
Foto de Sony Alpha 7IV
La realidad es que el teleobjetivo del Pixel 10 Pro me ha dado mejor retrato que el mismo modo retrato del teléfono. El ‘bokeh’ que genera el sensor y la óptica de forma natural es suficiente para poner el foco en el sujeto sin artificios añadidos. Me gusta mucho el resultado. Pero, como decimos, si alguien os dice que el retrato de su móvil es mejor que el de una cámara semi-profesional, estará faltando a la verdad.
Y lo mismo para fotos de pastelitos. Con una cámara tienes la opción de elegir qué pastelito quieres que sea el protagonista y convertir el resto en un sueño a su alrededor. Con un móvil, tendrás una foto con un detalle espectacular, pero simular el efecto que consigues con un objetivo grande y pesado nunca será posible.
Google Pixel 10 Pro
Foto de Sony Alpha 7IV
Parar el tiempo
En condiciones óptimas de luz, ambos dispositivos cumplen con nota a la hora de ‘parar el tiempo’. Cuando sobra luz en la escena, la velocidad de obturación juega a nuestro favor y podemos hacer la foto tan rápido como queramos. Para encontrar la diferencia en esta foto, tenéis que echar un vistazo al fondo y ver cual de los dos ha “perdido” más los edificios que detrás de la fuente, pero más allá del ‘bokeh’, ambos ganadores.
Google Pixel 10 Pro
Foto de Sony Alpha 7IV
La noche
Aquí la batalla se pone difícil y es que los Pixel no son solo conocidos por lo bien que cuidan la reproducción del color original de la escena, también tienen méritos reconocidos a la hora de capturar escenas nocturnas.
El procesado de Google hace magia y cuando en una cámara estás subiendo la ISO (y ganando ruido en la foto) como si no hubiera mañana para crear algo de luz en la escena, Google simplemente captura y te entrega una foto nocturna perfecta.
Google Pixel 10 Pro
Foto de Sony Alpha 7IV
¿Es mejor por eso capturar una escena nocturna en mi móvil que con mi cámara? No siempre será así, pero para hacerlo bien con una cámara tendrás que tener o bien una lente ‘prime’ con una apertura f1.8 o inferior (eso es dinero, siempre) o bien un trípode para dejar la cámara quieta y dejar que capture la escena tranquilita con una velocidad de obturación mucho más lenta. Con un pixel todo eso da igual. Disparas y lo tienes.
¿Google Pixel 10 Pro o Sony Alpha 7IV?
Como en todo, entre el blanco y el negro hay mucho gris y muchas veces ahí donde encontramos la respuesta.
¿Quieres olvidarte de todo y captura recuerdos espectaculares que nunca te pedirán haberlo hecho mejor? Deja el Pixel en el bolsillo y disfruta de Roma, Nueva York o Tokyo sin carga añadida (he llevado mi cámara a muchos viajes y en ocasiones he acabado lamentándolo, de verdad).
¿Buscas siempre la mejor foto? ¿Es para un proyecto personal que tiene un tono profesional y para el que quieres lo mejor? Bueno, ahí el peso y el dinero tienen que entrar a jugar. Una cámara profesional siempre tendrá un hueco en esta industria, tanto para foto como para video. Somos nosotros los que trazamos la línea divisoria entre el hobby y la profesión o entre el recuerdo y una captura artística.
Recuerdo y arte con un Google Pixel 10 Pro / Luis J. Merino
Recuerdo y arte con una Sony Alpha / Luis J. Merino
Eso es lo que más claro me ha dejado el experimento. Si quiero capturar recuerdos pasándomelo bien, en 2026 un Google Pixel 10 Pro puede hacerse cargo del trabajo. No necesito más.