Silvia Álava, psicóloga, sobre la música en el Alzheimer: "Pueden olvidar toda una vida y seguir recordando una canción"
Exploramos con la experta en psicología el poder que tiene la música en enfermedades neurodegenerativas

Verna Sadock, residente del centro Silverado Memory Care, baila junto a su marido, Bob Hirsch, en el marco de un programa de musicoterapia de 12 semanas dirigido a personas con demencia y Alzheimer. / Chicago Tribune
Hay recuerdos que desaparecen con el paso del tiempo y otros que las enfermedades neurodegenerativas terminan arrebatando. Sin embargo, existe una excepción que sigue sorprendiendo a científicos, médicos y familiares: la música. No es extraño que una persona con Alzheimer o demencia avanzada sea incapaz de recordar qué ha hecho esa mañana o incluso reconocer a algunos de sus seres queridos, pero pueda cantar de memoria una canción aprendida décadas atrás. Esta capacidad convierte a la música en una de las herramientas más valiosas para mejorar el bienestar emocional de quienes padecen deterioro cognitivo.
La psicóloga Silvia Álava explica que este fenómeno tiene una base neurológica clara. "La música activa una serie de redes neuronales. No se almacena en un único espacio, sino que está distribuida en un montón de redes diferentes", explica la especialista. Esa amplia distribución cerebral hace que los recuerdos asociados a canciones estén más protegidos frente al deterioro que otros tipos de memoria.
"No solamente recuerdas la letra o la melodía; recuerdas lo que sentías cuando escuchabas esa canción, con quién estabas, incluso esa etapa de la vida que está representando"
— Silvia Álava
Además, la música no solo almacena información, sino también emociones. "No solamente recuerdas la letra o la melodía; recuerdas lo que sentías cuando escuchabas esa canción, con quién estabas, incluso esa etapa de la vida que está representando", afirma Álava. Por ello, una simple melodía puede convertirse en una puerta de acceso a experiencias vitales que parecían olvidadas.
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Por qué las canciones sobreviven al avance del Alzheimer
Uno de los rasgos más llamativos del Alzheimer es que la memoria reciente suele ser una de las primeras capacidades en verse afectada. Sin embargo, las canciones parecen resistir durante mucho más tiempo.
"Hay personas que ya tienen muchas lagunas, que no reconocen a personas o incluso no saben muchos aspectos de su vida, pero les pones una canción y son capaces de cantarla", asegura la psicóloga. Según explica, esto ocurre porque la música activa simultáneamente áreas relacionadas con la memoria, el lenguaje, el movimiento, las emociones y el sistema de recompensa, creando múltiples vías de acceso a esos recuerdos.
Álava conoce esta realidad de cerca. "Mi padre tiene una demencia muy avanzada, tremendamente avanzada, pero cuando le pongo las rancheras de Jorge Negrete, te canta El Jinete porque siempre la ha cantado", relata al compartir una experiencia personal que refleja el poder de la memoria musical.
La experta señala que esta capacidad se mantiene incluso cuando la memoria declarativa, la que permite recordar nombres, lugares o acontecimientos concreto, se encuentra seriamente dañada. En muchos casos, los pacientes son incapaces de identificar una canción o decir quién la interpreta, pero sí pueden cantarla o tararearla al escucharla.
Beneficios emocionales: menos ansiedad y más conexión
Más allá de la memoria, la música puede convertirse en una valiosa herramienta para mejorar el estado emocional de las personas con Alzheimer o demencia.
"Reduce la ansiedad, reduce el estrés y favorece la conexión con los demás", destaca Álava. Estos beneficios son especialmente importantes en una enfermedad en la que la confusión y la pérdida de referencias pueden generar altos niveles de angustia.
La psicóloga recuerda que detrás del deterioro cognitivo existe un gran sufrimiento emocional. "De repente tener algo que te suena, que conoces, genera una sensación de control y genera calma y seguridad", defiende. Reconocer una canción familiar puede ofrecer al paciente un punto de apoyo en medio de la desorientación que caracteriza a la enfermedad.
La música puede ser una herramienta. No es una solución mágica, pero sí que es cierto que puede relajarles
— Silvia Álava
Además, la música puede resultar especialmente útil durante momentos de agitación. Aunque la experta insiste en que no se trata de una solución milagrosa, sí considera que puede ayudar a calmar determinadas situaciones complejas. "La música puede ser una herramienta. No es una solución mágica, pero sí que es cierto que puede relajarles", asegura.
Una ayuda para pacientes, familiares y cuidadores
Los beneficios de la música van más allá de quien padece la enfermedad. Los familiares y cuidadores también encuentran en ella una forma de reconectar con la persona que conocieron antes del deterioro cognitivo.
"Uno de los problemas que tiene este tipo de enfermedades es que hay que hacer una especie de duelo en vida", señala Álava. La persona sigue físicamente presente, pero muchos de los rasgos que definían su personalidad pueden ir desapareciendo progresivamente.
Cuando les ves otra vez con ese brillo en los ojos, les ves cantando, pues ves un poco reconocida la persona que era
— Silvia Álava
Por eso, los momentos compartidos alrededor de una canción adquieren un valor especial. "Cuando les ves otra vez con ese brillo en los ojos, les ves cantando, pues ves un poco reconocida la persona que era", asegura la psicóloga. Según explica, estas experiencias ayudan a preservar los vínculos afectivos y facilitan una convivencia más positiva.
También pueden contribuir a reducir comportamientos agresivos o episodios de tensión, habituales en determinadas fases de la enfermedad, favoreciendo una relación más tranquila entre pacientes y cuidadores.
La importancia de elegir la música adecuada
Para que la música tenga un impacto real, no vale cualquier canción. La clave está en su significado personal.
"Se trata de ponerles canciones que ellos previamente conocen, que son capaces de seguir la melodía y que son capaces de cantar", explica Álava. La especialista considera fundamental conocer los gustos y la historia vital de cada paciente para identificar qué canciones forman parte de sus recuerdos más importantes.
"Puede que a uno le tenga que poner Lola Flores, a otro Manolo Escobar y a otro directamente Los Beatles", ejemplifica. Lo relevante no es el género musical, sino el vínculo emocional que la persona estableció con esas canciones a lo largo de su vida.
La música no cura, pero sí mejora la calidad de vida
A pesar de sus beneficios, la psicóloga insiste en evitar falsas expectativas. "La música no va a recuperar lo que ya está perdido de la memoria episódica", aclara. Es decir, no puede revertir el daño cerebral ni devolver recuerdos biográficos que la enfermedad ha borrado.
Sin embargo, sí puede ayudar a mantener ciertas capacidades cognitivas y favorecer el bienestar emocional. "Puede funcionar bastante bien para calmar, para rebajar ese nivel de ansiedad y de estrés, para aumentar esa conexión y para generar emociones agradables y positivas", sostiene.
De hecho, durante la entrevista la experta menciona investigaciones que han encontrado mejoras en funciones como la planificación, la flexibilidad cognitiva, el control ejecutivo y la memoria episódica, además de estudios que apuntan a la música como un posible factor protector frente al deterioro cognitivo.
Para Álava, el mensaje final es claro. "La música es lo último que perdemos", concluye. Una afirmación que resume el extraordinario poder de las canciones para mantener viva una parte esencial de la identidad incluso cuando la memoria empieza a desvanecerse.













