El lado oscuro de la IA: la batalla que ha estallado en Aragón contra Amazon
Un grupo de activistas ha declarado la guerra a los gigantes tecnológicos por el impacto ambiental de los centros de datos que alimentan la inteligencia artificial.

Los centros de datos requieren de gran cantidad de energía y recursos hídricos. / aire images
Ha ocurrido en muy poco tiempo, pero ya se ha convertido en algo habitual en nuestro día a día: cada vez que le hacemos una pregunta a una inteligencia artificial, o cada vez que queremos que genere una imagen o redacte una texto, ocurre algo que no vemos: enormes centros de datos trabajan sin descanso para procesar toda esa información. Son el motor invisible de la revolución tecnológica, pero también una infraestructura que consume cantidades gigantescas de electricidad y agua.
Ahora, por primera vez en España, ese modelo se enfrenta a una oposición organizada que tiene su epicentro en Aragón, una comunidad que se ha convertido en uno de los grandes polos europeos de la inteligencia artificial. Amazon Web Services (AWS) ya cuenta con varios centros de datos en funcionamiento y prevé ampliar su presencia hasta alcanzar un macrocomplejo formado por 11 instalaciones antes de que termine la década. Microsoft también prepara nuevos proyectos y otras grandes empresas han puesto sus ojos en la comunidad.
Sin embargo, mientras las administraciones presentan estas inversiones como una oportunidad económica, un grupo de ciudadanos, investigadores y organizaciones ecologistas sostiene que el precio ambiental puede ser demasiado alto. Forman parte del movimiento internacional Dirty Data, que denuncia que el precio de la inteligencia artificial lo pagan los ciudadanos y el medio ambiente.
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Su preocupación se centra en el enorme consumo energético de estas instalaciones y en la utilización de agua para refrigerar miles de servidores que funcionan las 24 horas del día. Según datos publicados por el diario Público, uno de los futuros complejos de Amazon podría llegar a consumir el equivalente al 16,5% de toda la energía que utiliza actualmente Aragón.
Sin frenos
Los colectivos consideran que estos proyectos se están aprobando con demasiada rapidez gracias a una figura administrativa que acelera los trámites y reduce los plazos de participación pública. Por eso han decidido llevar al Gobierno de Aragón ante los tribunales en una demanda que podría marcar un precedente para futuros proyectos tecnológicos en España.
La iniciativa ha sido financiada mediante una campaña de micromecenazgo que reunió 15.000 euros y cuenta con el apoyo de expertos en derecho ambiental. Mientras tanto, Amazon defiende que mantiene una relación constante con instituciones, asociaciones y comunidades locales, además de impulsar proyectos sociales y medioambientales allí donde opera.
La pregunta es inevitable: ¿estamos preparados para asumir el coste ambiental de la inteligencia artificial?
Lo que ocurre en Aragón no es un caso aislado. En Estados Unidos ya han surgido movimientos vecinales que han logrado paralizar algunos grandes centros de datos por su posible impacto sobre el territorio y los recursos hídricos. Incluso figuras políticas como Bernie Sanders y Alexandria Ocasio-Cortez han llegado a plantear una moratoria para este tipo de infraestructuras.
El debate pone sobre la mesa una pregunta cada vez más incómoda: ¿estamos preparados para asumir el coste ambiental del boom de la inteligencia artificial? Es cierto: la IA promete revolucionar la educación, la medicina, el trabajo o el entretenimiento. Pero detrás de cada conversación con un chatbot o de cada imagen creada en segundos existe una infraestructura física gigantesca que necesita energía, agua y suelo para funcionar.
La batalla judicial que acaba de empezar en Aragón podría convertirse en el primer gran examen para determinar hasta dónde estamos dispuestos a llegar en nombre de la inteligencia artificial. Y su resultado podría influir en muchos de los proyectos que están por venir en el resto del país.













