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Michael Jackson y la teoría de los seis grados de separación: resulta que estoy a dos personas de él

Una tarde en Los Ángeles puede cambiarlo juntos

Vista aérea del músico estadounidense de R&B y pop Michael Jackson (1958-2009) de pie, con los brazos extendidos, en el cortometraje 'Captain EO' (dirigido por Francis Ford Coppola), Culver City, California, 1985. / Steve Slocomb

Hace un par de semanas estaba apoyada sobre la barandilla del skate park de Santa Mónica viendo a unos chavales lanzarse por las rampas cuando acabé hablando con un actor de Hollywood. Dicho así parece la típica exageración que uno cuenta a la vuelta de un viaje a Los Ángeles y que nadie te cree, pero ocurrió exactamente así. Y estaban mis amigas de toda la vida para verificarlo.

Se llama Isiah Hilt y es el protagonista de Street Smart, la nueva película de Catherine Hardwicke, la directora que lanzó la saga Crepúsculo. Lo conocimos allí y empezamos a hablar. Al parecer, nada extraordinario para los estándares de Los Ángeles, donde la industria del entretenimiento aparece cuando menos te lo esperas.

En uno de esos encuentros nos enseñó el tráiler de la película. Mientras lo veía reconocí una cara al instante.

—Esa es Paris Jackson.

Isiah levantó la vista, sorprendido.

—¿La conoces?

Le expliqué que no, claro, pero que soy bastante fan de Michael Jackson y que reconocería a su hija en cualquier sitio. Entonces nos contó que aparece en la película como coprotagonista.

Fue en ese momento cuando con mis amigas hicimos el famoso cálculo. Yo conozco a Isiah Hilt. Isiah Hilt conoce a Paris Jackson. Paris Jackson es la hija de Michael Jackson. Dos personas.

Fue entonces cuando me acordé de aquella teoría que dice que cualquier ser humano está conectado con cualquier otro a través de una cadena de seis conocidos como máximo. Siempre me había parecido una de esas curiosidades que aparecen de vez en cuando en una conversación y desaparecen al poco tiempo. Hasta que me encontré haciendo cuentas en el skate park de Santa Mónica.

De repente, Michael Jackson ya no era una figura situada en una dimensión completamente ajena. Entre él y nosotras aparecían únicamente dos nombres propios. Isiah Hilt. Paris Jackson. Nada más.

Y sin embargo, esa cercanía no deja de ser engañosa. En realidad, acercarse a Michael Jackson suele ser casi imposible. Mi tío lleva una firma de zapatos murciana que vistió al propio Michael durante el Dangerous World Tour en 1992, cuando vino a España. Nunca llegó a verlo. Para conseguir aquello tuvieron que pasar por una cadena de unas veinte personas, contactos de contactos que iban estrechando el cerco hasta llegar a él. Una especie de laberinto perfectamente controlado donde el artista nunca deja de estar lejos, aunque estés técnicamente "cerca".

Estoy bastante obsesionada con Michael Jackson y cualquier persona que forma parte de mi vida, lo sabe. Cuando se lo contamos al resto de integrantes del viaje que no presenció el momento, todo sonaba muy extraño. No en la teoría de los seis grados de separación, sino en lo fácil que es que ocurra justo cuando no estás intentando que ocurra. En lo poco que tiene que ver con la planificación y lo mucho que tiene que ver con estar en el sitio y ser genuinamente simpático. Con dejar que una conversación siga su curso sin más intención que pasar el rato. Ahora quiero volver y saber cómo me volverá a sorprender la vida.