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¿Cuánto dura cada encierro de San Fermín?

La emoción y adrenalina hace que parezca que es más largo de lo que realmente es

Encierros Sanfermín / Anadolu

Cada mañana, a las 8:00 horas, Pamplona contiene la respiración. El cohete anuncia el inicio del encierro de San Fermín y, en cuestión de minutos, los toros recorren las calles del casco histórico entre la adrenalina de los corredores y la expectación de miles de espectadores. Pero una de las preguntas más repetidas entre quienes visitan por primera vez las fiestas es:¿cuánto dura realmente un encierro de San Fermín?

La respuesta sorprende a muchos. Aunque la sensación de peligro y emoción parece eterna, la duración habitual de un encierro ronda entre los dos y los cuatro minutos, dependiendo del comportamiento de la manada durante el recorrido de 848,6 metros que separa los Corrales de Santo Domingo de la Plaza de Toros. La media suele situarse en torno a los tres minutos y 55 segundos.

La rapidez o lentitud de cada carrera está condicionada por múltiples factores. Si los toros avanzan agrupados y sin incidencias, el recorrido puede completarse en poco más de dos minutos. Sin embargo, cuando algún animal se separa de la manada o muestra resistencia para entrar en los corrales, el tiempo se alarga considerablemente.

El encierro más rápido de la historia (y el más largo)

A lo largo de la historia de San Fermín se han vivido extremos que han quedado grabados en la memoria colectiva. El encierro más rápido registrado tuvo lugar el 14 de julio de 2015, cuando los toros de la ganadería Miura completaron el trayecto en apenas dos minutos, una marca histórica que todavía sigue siendo referencia para corredores y aficionados.

En el lado opuesto se encuentra el encierro más largo de todos los tiempos. Ocurrió el 12 de julio de 1958, también con toros de Miura. Uno de los astados se negó a entrar en los corrales una vez alcanzada la plaza, provocando que el encierro se prolongara durante cerca de 30 minutos, una situación excepcional que obligó incluso a intervenir a un perro pastor para conducir al animal hasta los toriles.

Precisamente esa imprevisibilidad es una de las razones por las que los encierros mantienen intacto su magnetismo. Aunque duran apenas unos minutos, concentran una intensidad difícil de igualar. Cada mañana es diferente y ningún corredor sabe con certeza cuánto tiempo permanecerá la emoción sobre el adoquín.