El deshielo del Ártico está acelerando la evolución de las bacterias
Un estudio descubre que los microorganismos están intercambiando ADN a un ritmo mucho mayor de lo previsto, un cambio que podría influir en el clima del planeta.

El Ártico está cambiando... y eso nos afecta a todos. / Ashley Cooper
El deshielo del Ártico no solo está derritiendo enormes extensiones de hielo. También está despertando un mundo microscópico que llevaba miles de años congelado. Y, según un nuevo estudio, ese proceso podría estar acelerando la evolución de las bacterias a una velocidad que ha sorprendido a los científicos.
El permafrost, la capa de suelo permanentemente congelada que cubre amplias zonas del Ártico, almacena inmensas cantidades de materia orgánica. A medida que las temperaturas aumentan, ese suelo comienza a descongelarse y libera agua, restos vegetales y millones de microorganismos que habían permanecido atrapados durante milenios.
Pero hay algo más. Los investigadores han comprobado que ese deshielo también libera enormes cantidades de fragmentos de ADN flotando en el entorno. Y las bacterias son capaces de recogerlos e incorporarlos a su propio material genético.
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El deshielo del Ártico va a más. / Ashley Cooper

El deshielo del Ártico va a más. / Ashley Cooper
Este fenómeno no es nuevo. Los científicos saben desde hace décadas que algunas bacterias pueden "tomar prestados" genes del medio para adquirir nuevas capacidades. Sin embargo, un estudio publicado en Nature Microbiology revela que este intercambio de ADN es mucho más intenso de lo que se pensaba.
"Los microorganismos pueden absorber ADN de su entorno y empezar a utilizarlo", explica una de las autoras del trabajo, Sarah Bagby. Es como si, en lugar de evolucionar únicamente mediante mutaciones lentas, las bacterias pudieran acceder a una enorme biblioteca de genes y probar cuáles les ayudan a sobrevivir mejor.
Las bacterias desempeñan un papel clave en el ciclo del carbono
El proceso funciona por ensayo y error. Muchas bacterias incorporan genes que no les sirven y desaparecen, pero otras encuentran justo el fragmento adecuado para adaptarse mejor a las nuevas condiciones. Es un mecanismo parecido al que permite que algunas bacterias desarrollen resistencia a los antibióticos, aunque en este caso los genes pueden mejorar su capacidad para obtener alimento o reproducirse.
¿Por qué importa todo esto? Porque las bacterias desempeñan un papel clave en el ciclo del carbono. Son las encargadas de descomponer la materia orgánica y decidir, por así decirlo, el destino del carbono almacenado durante miles de años en el permafrost.
Un calentamiento más intenso
Si ese carbono permanece atrapado en el suelo, el impacto climático es menor. Pero si la actividad bacteriana lo transforma en dióxido de carbono o metano, ambos gases de efecto invernadero, el calentamiento global podría intensificarse.
Eso generaría un efecto dominó: más calentamiento provocaría más deshielo, el deshielo liberaría más materia orgánica y las bacterias producirían todavía más gases que calientan la atmósfera.
El equipo internacional analizó durante ocho años una turbera del norte de Suecia
Para llegar a estas conclusiones, el equipo internacional analizó durante ocho años una turbera del norte de Suecia llamada Stordalen Mire, uno de los lugares donde el permafrost está cambiando con mayor rapidez. Gracias a técnicas de secuenciación genética identificaron más de 2,1 millones de elementos de ADN disponibles para que las bacterias los incorporaran. Además, comprobaron que esos genes no solo estaban presentes, sino que los microorganismos los estaban utilizando de forma activa.
El hallazgo ayudará a mejorar los modelos climáticos del futuro. Comprender cómo evolucionan estos microorganismos permitirá predecir con mayor precisión cuánto carbono acabará en la atmósfera y cómo puede afectar al clima en las próximas décadas. Porque, aunque sean invisibles a simple vista, las bacterias del Ártico podrían desempeñar un papel mucho más importante de lo que imaginábamos.













