¿Qué está pasando con los bidones radiactivos de la Fosa Atlántica?
Más de 200.000 barriles con residuos nucleares fueron arrojados al fondo del océano durante décadas. Ahora, una expedición ha confirmado que algunos están deteriorados y presentan fugas.
Los bidones se encuentran a 700 km de la costa gallega (foto: CNRS).
Durante décadas, miles de bidones cargados con residuos radiactivos fueron arrojados al fondo del océano Atlántico como si el mar pudiera hacer desaparecer el problema. Hoy, más de medio siglo después, esos barriles vuelven a ser noticia. ¿El motivo? Una misión científica ha comprobado que algunos de ellos están muy deteriorados e incluso presentan fugas, reavivando el debate sobre los riesgos ambientales y qué debería hacerse con ellos.
La llamada Fosa Atlántica es una zona situada a unos 700 kilómetros de la costa gallega y a más de 4.000 metros de profundidad. Entre las décadas de 1950 y 1990, varios países europeos utilizaron este lugar para deshacerse de residuos radiactivos, una práctica que entonces estaba permitida y que hoy sería impensable.
Se calcula que en esa zona descansan más de 200.000 bidones. Durante años permanecieron prácticamente olvidados, pero el interés por conocer su estado ha aumentado a medida que la tecnología ha permitido explorar mejor las profundidades marinas.
En 2026, una expedición francesa liderada por el Centro Nacional para la Investigación Científica (CNRS) y el instituto oceanográfico Ifremer regresó a la zona dentro del proyecto Nodssum. Tras una primera campaña en la que lograron localizar y cartografiar más de un millar de barriles, los investigadores descendieron de nuevo hasta el fondo marino para comprobar en qué estado se encontraban.
Evaluar el riesgo
Las imágenes obtenidas no han pasado desapercibidas. Algunos de los bidones muestran un avanzado deterioro provocado por décadas bajo enormes presiones y en un ambiente altamente corrosivo. En varios de ellos, los científicos han confirmado la existencia de fugas de material radiactivo.
El BNG ha reclamado al Gobierno español que participe activamente en la investigación
Eso no significa que exista un peligro inmediato para la población. La radiactividad detectada se encuentra, por ahora, confinada en el entorno más cercano a los bidones y los expertos siguen analizando cuál puede ser su impacto real sobre el ecosistema marino. Precisamente ese es uno de los principales objetivos de la misión: determinar hasta qué punto estos residuos están afectando a la vida que habita en las profundidades del Atlántico.
El hallazgo ha reabierto también el debate político. El BNG ha reclamado al Gobierno español que participe activamente en la investigación y colabore con los equipos franceses para conocer el estado real de los residuos. La formación considera insuficiente limitarse a realizar controles radiológicos en aguas costeras y pide estudiar la posibilidad de retirar los bidones si los informes técnicos concluyen que puede hacerse con seguridad.
Sin embargo, esa última opción está lejos de ser sencilla. Recuperar barriles situados a casi cinco kilómetros de profundidad supondría una operación extremadamente compleja, costosa y con riesgos propios. Algunos especialistas incluso advierten de que manipular recipientes muy degradados podría liberar más contaminación que mantenerlos donde están.
Por eso, la prioridad ahora mismo sigue siendo obtener datos. Los científicos quieren saber cuántos bidones permanecen íntegros, cuántos presentan fugas y cómo se están dispersando los materiales radiactivos en el fondo marino.
