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Lorde encuentra lo humano en la era de la IA y desata la locura en Mad Cool con su pop electrónico: "No compres las gafas"

La artista abrió con temas de su nuevo trabajo, una declaración de intenciones que confirmó su voluntad de mirar hacia adelante

Javier Bragado

Lorde apostó por algo mucho más difícil que encadenar éxitos en uno de los escenarios más grandes del Mad Cool 2026: convertir una explanada repleta de personas en un espacio de vulnerabilidad compartida. Entre los himnos de Pure Heroine y Melodrama y las nuevas canciones de Virgin, Lorde firmó una de las actuaciones más emocionantes y enérgicas de la segunda jornada de Mad Cool.

Su concierto llegó en plena hora dorada, justo antes de que JENNIE y Florence + The Machine tomaran el relevo en el mismo escenario principal. Frente a propuestas más espectaculares, Lorde encontró la fuerza en los pequeños gestos, en la cercanía y en una conexión constante con el público. Sin embargo, eso no significó renunciar a una cuidada puesta en escena. La neozelandesa apareció con un llamativo top metálico y unos shorts deportivos de Adidas, un estilismo que combinaba estética futurista y actitud desenfadada. Las luces, los visuales minimalistas y un chaleco de LED que lució en uno de los momentos del concierto reforzaron esa sensación de modernidad casi distópica que atraviesa el universo de Virgin. Desde el primer momento dejó claro que no había venido únicamente a repasar su catálogo, sino a presentar una nueva etapa artística marcada por las canciones de su cuarto álbum de estudio.

La artista abrió con temas de su nuevo trabajo, como Hammer y What Was That, una declaración de intenciones que confirmó su voluntad de mirar hacia adelante. A sus 29 años, Lorde parece más interesada en explorar nuevas preguntas que en vivir de la nostalgia, aunque nunca renunció a las canciones que la convirtieron en una de las voces más influyentes de su generación.

Poco a poco fueron llegando los grandes momentos compartidos. Buzzcut Season, Perfect Places, Royals o Green Light provocaron algunos de los coros más multitudinarios de la tarde. Era evidente que buena parte del público había crecido con aquellas canciones y seguía encontrando en ellas el mismo poder emocional que cuando fueron publicadas por primera vez.

Uno de los momentos más comentados del concierto llegó durante una de sus intervenciones entre canciones. Lorde reivindicó la importancia de las experiencias humanas y de la conexión real en una época marcada por el auge de determinadas tecnologías emergentes. Tras reflexionar sobre la necesidad de preservar espacios de encuentro como el que se estaba viviendo frente al escenario, lanzó un mensaje tan directo como celebrado por sus seguidores: "No compres las gafas", exclamó, en una referencia a las gafas inteligentes de Meta y su rechazo a una tecnología que, según sugirió, contribuye a difuminar los límites entre lo real y lo artificial.

El repertorio también sirvió para confirmar la coherencia de una carrera que ha sabido evolucionar sin perder identidad. Las nuevas composiciones convivieron con naturalidad junto a clásicos como Supercut, Team o Royals, demostrando la solidez de un catálogo construido a lo largo de cuatro discos.

Una gigante lona blanca surfea sobre el público

La imagen más impactante de la actuación llegó durante "David", una de las canciones de Virgin. En ese momento, una enorme lona blanca se desplegó sobre el público mostrando la frase "I don't belong to anyone". La tela avanzó lentamente sobre miles de personas, sostenida por las manos de los asistentes mientras recorría gran parte de la explanada frente al escenario principal. La escena, tan espectacular como simbólica, convirtió la canción en uno de los momentos visuales más memorables de toda la jornada.

El 'Brat summer' nunca muere

El momento más explosivo de la tarde llegó cuando sonó Girl, so confusing, su celebrada colaboración con Charli XCX. El concierto se convirtió en unos minutos en una auténtica pista de baile al aire libre de electropop. El público se desató en una euforia colectiva, coreando cada verso y abrazando sin reservas el espíritu de Brat, el fenómeno cultural impulsado por Charli durante el último año. En un gesto que parecía sacado directamente de ese universo despreocupado y provocador, Lorde incluso se fumó cigarrillo sobre el escenario mientras miles de personas bailaban y cantaban entregadas a uno de los temas electropop más celebrados de la jornada. La escena, tan espontánea como perfectamente alineada con la actitud desafiante de la canción, provocó una de las mayores ovaciones de todo el concierto.

Cuando llegaron los acordes de Green Light, la liberación fue colectiva. Miles de personas saltaron y cantaron al unísono, poniendo el broche a una actuación que demostró que incluso en un festival diseñado para las masas todavía existen artistas capaces de hacer que todo parezca íntimo y personal incluso con una base electrónica.

Lejos de permanecer anclada a una única posición sobre el escenario, Lorde buscó constantemente nuevas formas de acercarse a sus seguidores. Y el desenlace tampoco fue convencional. Para el tramo final se desplazó hasta el extremo de la pasarela central y reservó uno de los momentos más esperados de la tarde: Ribs. Con la noria del recinto y la puesta de sol madrileña como telón de fondo, la artista interpretó una de las canciones más queridas de su repertorio envuelta por una luz dorada que terminó de dar forma a una estampa inolvidable.