Nick Cave y Pulp coronan la última gran noche del Mad Cool 2026
El sábado reunió a varias generaciones atraídas por artistas que han conseguido atravesar el tiempo sin perder relevancia

Nick Cave and The Bad Seeds en Mad Cool 2026. / Javier Bragado
El décimo aniversario del Mad Cool celebró su última jornada con nombres que llevan décadas escribiendo la historia de la música popular, pero que siguen defendiendo el escenario con una vitalidad incontestable.
Nick Cave & The Bad Seeds, David Byrne y Pulp encabezaron una despedida donde el pasado sirvió como impulso para demostrar que la relevancia artística no entiende de épocas.
Desde primera hora de la tarde, el recinto de Iberdrola Music volvió a recibir a miles de asistentes, aunque con una afluencia visiblemente menor que la registrada durante las tres jornadas anteriores. A diferencia de otros días, dominados por el pop o el rock alternativo, el sábado reunió a varias generaciones atraídas por artistas que han conseguido atravesar el tiempo sin perder relevancia.
LOS40 Classic
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La noche terminó además con una imagen tan inesperada como simbólica: mientras Pulp interpretaba su inmortal Common People, se anunció desde el escenario la victoria de Inglaterra por 2-1 en los cuartos de final del Mundial 2026 un momento recibido con euforia por un público en el que, a juzgar por la cantidad de camisetas inglesas repartidas por el recinto.
La apertura fue ganando temperatura con propuestas muy diferentes entre sí. Jalen Ngonda volvió a confirmar por qué es una de las voces de soul más prometedoras del momento.
The Black Crowes reivindican el poder del rock clásico
También hubo espacio durante la jornada para el rock clásico de The Black Crowes, cuya solvencia sobre el escenario confirmó que pocas bandas dominan el lenguaje del blues-rock con semejante naturalidad. Clásicos como Twice as hard Jealous Again conectaron con un público entregado que también pudo disfrutar de una cover de Hard to Handle de Ottis Redding.

The Black Crowes / Andrés Iglesias

The Black Crowes / Andrés Iglesias
Mientras tanto, en los escenarios secundarios, Kasabian mantuvo intacta su fama como una de las bandas más eficaces en formato festival. Temas como Club Foot, Underdog, Empire, Fire o L.S.F. volvieron a convertir la explanada en una auténtica pista de baile. Mientras tanto, Nina Kraviz se encargó de llenar la carpa de The Loop con una sesión hipnótica de techno.
Nick Cave firma un concierto tan emocionante como hipnótico
Pero el verdadero corazón de la noche comenzó a latir con la aparición de Nick Cave. Vestido de traje, solemne y magnético, el australiano transformó el escenario principal en un espacio casi litúrgico. Desde la arrolladora From Her to Eternity hasta la comunión colectiva de Jubilee Street, pasando por clásicos imprescindibles como Red Right Hand, The Mercy Seat, The Weeping Song o la emocionante Into My Arms, Cave volvió a demostrar que pocos artistas convierten un concierto en una experiencia emocional tan intensa.

Javier Bragado

Javier Bragado
Su actuación fue capaz de alternar momentos de recogimiento absoluto con explosiones de intensidad que mantuvieron al público completamente cautivado. Incluso el viento, protagonista intermitente durante buena parte de la noche, añadió un inesperado componente atmosférico durante Red Right Hand, reforzando el carácter cinematográfico de una interpretación ya de por sí sobrecogedora.
Como acostumbra en sus actuaciones más recientes, el cantante buscó constantemente el contacto con las primeras filas, estrechando manos, inclinándose sobre el público y recorriendo el borde del escenario.
David Byrne revive los éxitos de Talking Heads
Cuando parecía difícil elevar aún más el nivel de la noche apareció David Byrne. El músico neoyorquino volvió a demostrar que su concepción del directo sigue siendo única: una mezcla de concierto, coreografía y representación teatral donde cada movimiento está cuidadosamente calculado. Lejos de limitarse a revisar el repertorio de Talking Heads, Byrne construyó un espectáculo dinámico en el que la banda, completamente integrada en la puesta en escena, convirtió cada canción en una pequeña pieza de arte escénico.

David Byrne en el Mad Cool. / Andrés Iglesias

David Byrne en el Mad Cool. / Andrés Iglesias
Además, fue el encargado de aportar el ritmo de la noche con una sucesión de clásicos difícilmente igualable. Himnos inmortales como Psycho Killer, Once in a Lifetime, This Must Be the Place (Naive Melody) o Life During Wartime resonaron con fuerza en el recinto. Este último tema contó con un montaje de imágenes evocadoras del ICE con un claro mensaje reivindicativo. La precisión musical y la creatividad visual volvieron a ir de la mano, encadenando temazo tras temazo de su legendaria etapa en Talking Heads.
Pulp pone el broche de oro al festival madrileño
Después de semejante descarga emocional aún quedaba un último gran capítulo. Pulp asumió la responsabilidad de cerrar el festival y lo hizo exactamente como mejor sabe hacerlo: celebrando la vida cotidiana con ironía, elegancia británica y un catálogo de canciones convertido desde hace tiempo en patrimonio sentimental de varias generaciones.

Pulp en el Mad Cool 2026. / Javier Bragado

Pulp en el Mad Cool 2026. / Javier Bragado
Jarvis Cocker volvió a ejercer de maestro de ceremonias con esa mezcla de humor, teatralidad y carisma que sigue diferenciándolo. Disco 2000 desató la primera gran explosión colectiva; This Is Hardcore, Mis-Shapes y Babies mantuvieron la euforia durante todo el tramo final del concierto, antes de que el inevitable Common People pusiera el broche perfecto a cuatro días de música. Fue entonces cuando llegó una de las imágenes más anécdoticas de la jornada: el anuncio desde el escenario de la victoria de Inglaterra en la final del Mundial mientras sonaba el gran himno del britpop. La celebración se extendió de inmediato entre miles de asistentes, muchos de ellos británicos, que vivieron el desenlace futbolístico y musical como una misma fiesta colectiva.













