"En verano siempre ha hecho calor". Por qué la ciencia desmiente el 'cuñadismo climático'
Que en julio haga calor no es ninguna novedad. Lo preocupante es cuánto calor hace, con qué frecuencia se baten récords y por qué los científicos tienen cada vez menos dudas sobre su origen.
Las olas de calor son cada vez más intensas. / chuchart duangdaw
Cada vez que llega una ola de calor, hay una frase que vuelve a repetirse: "En verano siempre ha hecho calor". Y es cierto: nadie discute que julio o agosto sean los meses más cálidos del año. Lo que dice la ciencia, sin embargo, es que el problema no es que haga calor, sino que cada vez hace más, durante más tiempo y con una frecuencia que ya no puede explicarse únicamente por la variabilidad natural del clima.
La evidencia es tan sólida que el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) concluye que la influencia humana ha calentado de forma inequívoca la atmósfera, los océanos y la superficie terrestre. En otras palabras: las olas de calor siempre han existido, pero el cambio climático provocado por las emisiones de gases de efecto invernadero las está haciendo más intensas, más largas y más frecuentes.
La temperatura media del país ha aumentado 1,75 ºC desde 1961
España es uno de los lugares donde este cambio resulta más evidente. Según la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), la temperatura media del país ha aumentado 1,75 ºC desde 1961, una cifra superior a la media mundial. Además, los doce años más cálidos registrados pertenecen al siglo XXI, una tendencia que difícilmente puede considerarse una casualidad.
Rompiendo registros
Los récords también cuentan una historia muy reveladora. En un clima estable deberían batirse aproximadamente los mismos récords de días fríos que de días cálidos. Sin embargo, eso ya no ocurre. Solo en 2025 se registraron 25 récords de días cálidos y ninguno de días fríos. Si se amplía la mirada a la última década, la diferencia es todavía más llamativa: entre 2015 y 2024 hubo 209 récords de calor frente a solo siete de frío.
Otro argumento habitual es que "siempre ha habido olas de calor". De nuevo, la afirmación es cierta... pero incompleta. Lo que muestran los registros es que estos episodios duran más y afectan a áreas cada vez más extensas. De hecho, AEMET señala que aproximadamente uno de cada tres días del verano de 2025 transcurrió bajo condiciones de ola de calor, algo impensable hace apenas unas décadas.
Europa vive días tórridos. / Uma Shankar sharma
¿Y qué tiene que ver el ser humano con todo esto? La explicación es relativamente sencilla. La quema de carbón, petróleo y gas, junto con la deforestación, ha aumentado la concentración de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero en la atmósfera. Estos gases actúan como una manta que retiene parte del calor que la Tierra debería liberar al espacio, elevando la temperatura media del planeta y haciendo mucho más probables los episodios extremos.
Los efectos ya no se limitan a los termómetros. Las olas de calor incrementan el riesgo de incendios forestales, agravan las sequías, reducen la producción agrícola y afectan directamente a la salud. Las personas mayores, los niños y quienes padecen enfermedades cardiovasculares o respiratorias son especialmente vulnerables. Europa registra cada año miles de muertes asociadas al calor extremo, una cifra que los expertos prevén que aumente si el calentamiento continúa.
En ciencia, una opinión vale lo mismo que otra solo cuando ambas están respaldadas por pruebas. Y, en este caso, los datos son contundentes. Nadie niega que en verano siempre haya hecho calor. Lo que muestran décadas de mediciones es que el calor de hoy ya no es el mismo que el de hace 40 o 50 años. Y esa diferencia tiene una explicación que cuenta con un amplísimo consenso científico: el cambio climático provocado, principalmente, por la actividad humana. Algo que toca recordarle estos días al cuñado de turno (o amigo, o compañero de trabajo) que pone en duda la ciencia.
