El calor extremo podría estar dejando huella en el cerebro de los bebés
Un estudio con más de 3.200 niños detecta que la exposición a altas temperaturas durante el embarazo y los primeros meses de vida se relaciona con un desarrollo más lento del tálamo.

Los bebés son especialmente vulnerables al calor extremo. / Nancy Brown/Bass Ackwards
El calor ya no sólo preocupa por sus efectos sobre el cuerpo. Ahora también podría estar influyendo en cómo se desarrolla el cerebro desde antes incluso del nacimiento. Un estudio liderado por el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) ha encontrado que la exposición a temperaturas elevadas durante el embarazo y los primeros meses de vida se asocia con un crecimiento más lento del tálamo, una estructura cerebral esencial para procesar la información que llega a través de los sentidos.
La investigación, publicada en la revista Environment International, analizó los datos de 3.251 niños y niñas de Países Bajos. El equipo científico reconstruyó la exposición de cada participante a las temperaturas exteriores desde la concepción hasta los 8 años y medio, cruzando esa información con resonancias magnéticas realizadas cuando tenían alrededor de 10 y 14 años.
El resultado llamó especialmente la atención de los investigadores: de las once regiones cerebrales analizadas, solo el tálamo mostró una relación consistente con el calor sufrido durante las primeras etapas de la vida.
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Una región vital
El tálamo desempeña una función imprescindible en el cerebro. Actúa como una especie de "central de distribución" que recibe los estímulos visuales, auditivos o táctiles y los envía a las distintas áreas del cerebro para que puedan interpretarse correctamente.
Según los autores, esta región podría ser especialmente vulnerable porque comienza a formarse muy pronto durante el embarazo y depende de un desarrollo muy preciso. Además, durante la gestación recibe un importante flujo sanguíneo, lo que podría hacerla más sensible a los cambios que el calor provoca en la placenta y en la circulación materna.

El estudio ha analizado los efectos del calor en miles de bebés. / Isabel Pavia

El estudio ha analizado los efectos del calor en miles de bebés. / Isabel Pavia
El estudio identifica un periodo especialmente delicado: desde la concepción hasta los cinco primeros meses después del nacimiento. En ese intervalo, la exposición a una temperatura media mensual de 20,5 ºC (frente a una media de referencia de 12,5 ºC) se relacionó con un crecimiento más lento del tálamo entre los 9 y los 15 años.
Los investigadores también observaron que los adolescentes cuyo tálamo había crecido más despacio presentaban con mayor frecuencia problemas de conducta, como comportamientos agresivos. Sin embargo, el estudio no encontró una relación entre estos cambios cerebrales y el rendimiento cognitivo.
Los autores subrayan que serán necesarias nuevas investigaciones para confirmar estos hallazgos
Aunque el trabajo no permite afirmar que el calor sea la causa directa de estas alteraciones, los científicos apuntan a varios mecanismos posibles. Entre ellos, cambios en las hormonas del estrés durante el embarazo, alteraciones en el funcionamiento de la placenta, procesos inflamatorios o modificaciones en la señalización de la serotonina, una molécula fundamental para el desarrollo de las conexiones cerebrales.
Los autores subrayan que serán necesarias nuevas investigaciones para confirmar estos hallazgos y comprobar si la exposición al calor en las primeras etapas de la vida puede favorecer la aparición de trastornos del neurodesarrollo. En un contexto de temperaturas cada vez más elevadas debido al cambio climático, proteger a las embarazadas y a los bebés frente a episodios de calor extremo podría convertirse en una medida más para cuidar la salud cerebral de las futuras generaciones.













