Los ecologistas, contra el plan del Gobierno para los fertilizantes: "Nos hace más dependientes del gas y pone en riesgo el futuro del campo"
Organizaciones como Ecologistas en Acción cargan contra el nuevo Plan Estatal de Fertilizantes del Gobierno y reclaman un giro hacia la agroecología para reforzar la soberanía alimentaria.

El futuro del campo está en juego. / SimonSkafar
El nuevo Plan Estatal de Fertilizantes del Gobierno, dotado con 1.100 millones de euros, ha puesto en pie de guerra a los ecologistas. Porque aunque, en teoría, su objetivo es proteger al sector agrario frente a la subida del precio de los fertilizantes, hay quien considera que tiene un reverso peligroso.
Es el caso de organizaciones como Ecologistas en Acción, que considera que la estrategia supone una oportunidad perdida para transformar el modelo agrícola español y advierte de que mantener la dependencia de los fertilizantes sintéticos puede salir muy caro en un contexto marcado por la crisis climática y la inestabilidad geopolítica.
La organización ecologista critica que el grueso de las ayudas se destine a subvencionar la compra de fertilizantes y tecnologías de agricultura de precisión, en lugar de impulsar una transición decidida hacia prácticas agroecológicas que reduzcan la necesidad de insumos derivados de los combustibles fósiles.
LOS40
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El uso de algunos fertilizantes pone en pie de guerra a los ecologistas. / Luis Alvarez

El uso de algunos fertilizantes pone en pie de guerra a los ecologistas. / Luis Alvarez
La polémica llega en un momento especialmente delicado. Las tensiones internacionales en torno al estrecho de Ormuz han vuelto a poner sobre la mesa la vulnerabilidad de un sistema que depende del exterior para garantizar buena parte de los recursos que necesita el campo. España importa más del 99 % del gas fósil que consume y, aunque parte de los fertilizantes nitrogenados se fabrican en el país, su producción depende casi por completo de ese gas importado.
Según recuerda Ecologistas en Acción, el coste de los fertilizantes representa entre el 15 % y el 30 % del presupuesto de muchas explotaciones agrícolas, mientras que el gas supone entre el 70 % y el 90 % del coste de fabricar estos productos. Para la organización, esta dependencia convierte al sector en especialmente vulnerable a cualquier crisis energética o geopolítica.
Más allá del dinero
Pero las críticas no se limitan al aspecto económico. Los ecologistas recuerdan que el uso intensivo de fertilizantes sintéticos también está detrás de uno de los principales problemas ambientales del campo español: la contaminación por nitratos. Según denuncian, este fenómeno deja cada año a más de 260.000 personas sin acceso a agua potable y afecta a numerosos acuíferos y ecosistemas.
Frente a este escenario, Ecologistas en Acción defiende que el dinero público debería destinarse a acelerar la transición hacia un modelo agrícola más autosuficiente y resiliente. Entre sus propuestas figura sustituir progresivamente los fertilizantes sintéticos por materia orgánica como compost, estiércol, humus de lombriz o biochar, además de fomentar cultivos de leguminosas capaces de fijar nitrógeno de forma natural.
"Aferrarse a un modelo agrario altamente dependiente de insumos externos derivados del petróleo es un gran error"
La organización también apuesta por reforzar la relación entre agricultura y ganadería para aprovechar mejor los recursos disponibles, así como por convertir los residuos orgánicos urbanos en compost. Solo en Sevilla, recuerdan, se generan más de 200.000 toneladas de residuos orgánicos al año, de las que apenas una pequeña parte se recupera para este fin.
Otra de las demandas pasa por aumentar la formación técnica y el asesoramiento a agricultores durante la transición agroecológica, además de establecer ayudas que compensen la posible pérdida de ingresos mientras se implantan estos cambios.
"Aferrarse a un modelo agrario altamente dependiente de insumos externos derivados del petróleo es un gran error", sostiene Elena Alter, portavoz de Ecologistas en Acción. La organización resume su propuesta con una frase tan simbólica como provocadora: "Ante el cierre de Ormuz, abramos las composteras comunitarias", una llamada a reducir la dependencia de recursos externos apostando por soluciones locales que, a su juicio, pueden hacer al campo español más resistente frente a las crisis del futuro.













