Crítica de 'Daughter from Hell' de Gracie Abrams: el día que la dulzura dejó de servirle
El disco cuenta con 16 canciones y una única colaboración

Imagen promocional de la cantante Gracie Abrams que este 17 de julio de 2026 ha estrenado su tercer álbum de estudio, 'Daughter from Hell'.
Gracie Abrams no ha cambiado la manera de escribir canciones; ha cambiado el tamaño del escenario desde el que las canta. Daughter from Hell, que ha visto la luz este viernes 17 de julio, mantiene intacta la escritura confesional que la convirtió en una de las voces más reconocibles del nuevo pop, pero envuelve esas historias en una producción mucho más ambiciosa. La gran incógnita es si ese crecimiento también basta para consolidar una identidad artística completamente propia o si la cantante continúa orbitando demasiado cerca de quienes han marcado su trayectoria.

Portada de 'Daughter from Hell', álbum de Gracie Abrams.

Portada de 'Daughter from Hell', álbum de Gracie Abrams.
El tercer álbum de la estadounidense reúne 16 canciones construidas alrededor de revisar el dolor desde un lugar menos impulsivo. El propio título recupera el apodo con el que sus padres describían la etapa más turbulenta de su adolescencia, un punto de partida que utiliza para hablar de culpa y responsabilidad.
Ese recorrido emocional aparece envuelto en un imaginario sorprendentemente oscuro. A lo largo del disco desfilan cuchillos, sangre, incendios, accidentes de tráfico, fantasmas, entierros o barcos que se hunden. La colección de imágenes podría pertenecer a una novela de suspense, pero Abrams las convierte en metáforas de relaciones sentimentales y conflictos personales.
LOS40
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La producción de Daughter from Hell
Si en sus primeros trabajos predominaba la sensación de estar escuchando confesiones grabadas en la intimidad de un dormitorio, Daughter from Hell mira claramente hacia escenarios mucho más grandes.
Aaron Dessner vuelve a encargarse de la producción y mantiene ese equilibrio entre guitarras acústicas, sintetizadores discretos y arreglos orquestales que ya había definido el sonido de Abrams en proyectos anteriores. Bon Iver también participa de nuevo, aportando su característico falsete en dos canciones y reforzando un universo sonoro que inevitablemente recuerda al Folklore de Taylor Swift.
La evolución respecto a The Secret of Us resulta evidente. Los arreglos son más elaborados y la producción gana profundidad, aunque en algunos momentos esa búsqueda de grandeza acaba eclipsando parte de la cercanía que convirtió a Abrams en una de las voces más interesantes del pop confesional.
Las letras de Daughter from Hell
Más que una autora de grandes estribillos, Abrams sigue demostrando que su terreno favorito es el de las pequeñas historias.
En lugar de construir canciones apoyadas únicamente en frases pensadas para viralizarse, desarrolla escenas que crecen poco a poco hasta desembocar en una explosión emocional. En Good Reason se pregunta por qué quienes parecen mejores personas no siempre son quienes despiertan mayor atracción. En Look at My Life, resume buena parte del desencanto de su generación cuando canta: "He estado pensando en las cosas difíciles / Con drogas ligeras como todas las noches".
Ese tipo de observaciones cotidianas son las que mejor funcionan dentro del disco. Abrams demuestra una gran capacidad para describir contradicciones y comportamientos autodestructivos sin necesidad de recurrir a relatos especialmente complejos. Sin embargo, el álbum también deja ver con claridad las influencias que siguen acompañando a la artista. Resulta fácil reconocer ecos de Lorde, Phoebe Bridgers o Taylor Swift tanto en la forma de escribir como en determinadas decisiones musicales, una circunstancia que dificulta encontrar rasgos completamente exclusivos en su propuesta.
Broke My Heart sobresale gracias a un estribillo cargado de determinación, mientras Men Like You rompe con el habitual tono susurrado de la cantante para mostrar una interpretación mucho más incisiva y enfadada. También destaca Death Wish, una de las canciones más breves del álbum y, al mismo tiempo, una de las más contundentes por la tensión que consigue generar alrededor de una relación marcada por una diferencia de edad.
No todas las composiciones alcanzan el mismo nivel. The Knife parece diseñada pensando en el momento de ser coreada en directo con miles de teléfonos iluminando el recinto, mientras que la canción que da nombre al álbum aspira a convertirse en el gran centro emocional del proyecto sin terminar de ofrecer un retrato especialmente concreto de la historia que quiere contar.
Otra de las ausencias que deja huella es la de Audrey Hobert. La compositora, colaboradora habitual y amiga de Abrams, participó de forma decisiva en The Secret of Us, pero en esta ocasión únicamente firma Minibar, uno de los temas que ya habían presentado en directo. Su presencia es breve, aunque suficiente para aportar una energía distinta dentro del conjunto.
Lo mejor de Daughter from Hell
El disco encuentra sus momentos más convincentes cuando deja de intentar convertirse en un gran himno y se centra en aquello que Abrams mejor sabe hacer: darle importancia a conflictos que nos obligan a vivir con indiferencia.
Daughter from Hell confirma el crecimiento artístico y comercial de Gracie Abrams, pero también deja abierta una pregunta que probablemente seguirá acompañando a la cantante durante algún tiempo. Después de tres álbumes, domina como pocas el lenguaje del pop confesional contemporáneo. Lo que todavía está construyendo es una identidad capaz de hacer que una canción suene inequívocamente a Gracie Abrams desde el primer verso.













