Están en sartenes, ropa y envases: qué son los "químicos eternos" que inquietan a los científicos
Cada vez más estudios alertan sobre los PFAS, presentes en miles de productos cotidianos y capaces de permanecer durante décadas en el medio ambiente y en el organismo.

Los PFAS están presentes en multitud de productos cotidianos. / Francesco Scatena
Puede que nunca hayas oído hablar de los PFAS, pero es muy probable que hayas convivido con ellos durante años. Estos compuestos químicos, conocidos popularmente como "químicos eternos", están presentes en multitud de productos de uso cotidiano y se han convertido en una de las mayores preocupaciones ambientales y sanitarias de los últimos tiempos.
Su nombre hace referencia a las sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas (PFAS, por sus siglas en inglés), una familia formada por miles de compuestos sintéticos desarrollados desde mediados del siglo XX. Su principal ventaja es también su mayor problema: son extraordinariamente resistentes al agua, la grasa, las manchas y las altas temperaturas. Gracias a estas propiedades se han utilizado durante décadas para fabricar sartenes antiadherentes, ropa impermeable, alfombras, envases de comida rápida, cosméticos, productos de limpieza, espumas para extinguir incendios e incluso algunos dispositivos electrónicos.

La composición química de los PFAS hace que sean casi imposibles de degradar. / Bacsica

La composición química de los PFAS hace que sean casi imposibles de degradar. / Bacsica
El inconveniente es que prácticamente no se degradan. Una vez liberados al medio ambiente pueden permanecer durante décadas o incluso siglos en el agua, el suelo o los seres vivos, de ahí que hayan recibido el sobrenombre de "químicos eternos".
ELS40
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Por todas partes
Su presencia ya se ha detectado en ríos, mares, acuíferos, alimentos e incluso en la sangre de personas de todo el mundo. Diversos estudios científicos han encontrado PFAS en poblaciones muy alejadas de cualquier foco industrial, lo que demuestra hasta qué punto estos compuestos se han dispersado por el planeta.
La preocupación no se limita al medio ambiente. Aunque no todos los PFAS presentan el mismo nivel de riesgo, la evidencia científica ha relacionado algunos de los más conocidos con problemas de salud como alteraciones hormonales, daños hepáticos, aumento del colesterol, disminución de la respuesta del sistema inmunitario o ciertos tipos de cáncer. También existen investigaciones que apuntan a posibles efectos sobre la fertilidad y el desarrollo infantil.
Por este motivo, organismos internacionales y autoridades sanitarias llevan años revisando los límites de exposición y endureciendo la regulación sobre estas sustancias. La Unión Europea trabaja actualmente en una propuesta para restringir de forma progresiva miles de PFAS, lo que podría convertirse en una de las mayores prohibiciones de sustancias químicas de la historia comunitaria.
Los expertos insisten en que la mejor estrategia pasa por reducir su utilización
Aun así, eliminarlos no será sencillo. Su uso está muy extendido y, en algunos sectores industriales, todavía no existen alternativas igual de eficaces. Además, limpiar los lugares contaminados resulta complejo y costoso precisamente porque estos compuestos apenas se degradan de forma natural.
Los expertos insisten en que la mejor estrategia pasa por reducir su utilización allí donde existan sustitutos seguros y evitar que sigan llegando al medio ambiente. Al mismo tiempo, continúan investigando tecnologías capaces de destruir o eliminar estos contaminantes, un desafío que hasta hace pocos años parecía prácticamente imposible. Pero aun parece lejano el día en que podamos atajar uno uno de los grandes retos medioambientales del siglo XXI.













