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Si estás perdida en tus 20, escucha los álbumes de Madonna en este orden

Su nuevo disco invita a redescubrir una de las mejores discografías del pop

Madonna con el icónico corsé de Jean Pual Gaultier en su gira 'Blonde Ambition' en el estadio Feyenoord de Kuip en Róterdam, Holanda, el 24 de julio de 1990. / Gie Knaeps

Madonna acaba de publicar Confessions II, su primer álbum de estudio en siete años y una secuela directa de Confessions on a Dance Floor (2005), el disco que convirtió la pista de baile en una especie de confesionario con luces de neón. Vuelve a reunirse con Stuart Price y, lejos de vivir de la nostalgia, demuestra que sigue entendiendo el pop como un lugar donde las personas pueden reinventarse una y otra vez.

Esa es la mejor excusa para volver a escuchar su discografía. Pero no en orden cronológico. Nadie llega a Madonna por el principio.

Hay artistas que acompañan momentos concretos de tu vida. Ella, en cambio, parece haber grabado un disco para cada una de las crisis existenciales que aparecen. Cuando todavía no sabes qué quieres hacer con tu vida. Cuando descubres que gustarle a todo el mundo es imposible. Cuando te rompen el corazón. Cuando te vuelves a enamorar. Cuando entiendes que cambiar de opinión no significa haber fracasado.

Si ahora mismo tienes la sensación de que todo el mundo sabe qué está haciendo excepto tú, prueba este recorrido.

Confessions on a Dance Floor (2005): cuando necesitas recordar que bailar también cuenta como avanzar

La vida adulta tiene un problema de marketing. Nos dijeron que crecer consistía en encontrar un buen trabajo y una personalidad definitiva. Madonna responde con un álbum en el que lo más importante ocurre mientras bailas.

Con Confessions on a Dance Floor, Stuart Price consigue que cuarenta y cinco minutos de canciones parezcan una única respiración.

Debajo del brillo de Hung Up, Sorry o Jump hay algo mucho más interesante que una colección de himnos. Hay una mujer que acaba de cumplir cuarenta y siete años y que entiende que el movimiento también puede ser una forma de supervivencia.

Si tus veinte se parecen a una lista interminable de decisiones equivocadas, este disco tiene una noticia tranquilizadora. No hace falta tener la vida resuelta para salir a bailar.

2. Ray of Light (1998): cuando por fin bajas el volumen del mundo

Después de años convertida en la mayor estrella del planeta, Madonna desapareció durante un tiempo, fue madre y regresó con un álbum que cambió por completo la conversación. La electrónica de William Orbit no intenta sonar futurista, sino infinita. Sin prisa.

Canciones como Frozen o The Power of Good-Bye parecen escritas por alguien que ha entendido que hacerse adulto consiste menos en encontrar respuestas que en aprender a convivir con las preguntas.

Escucharlo con veinte años produce un efecto extraño. Durante una hora deja de importar que no tengas un plan a cinco años vista. Y eso, hoy en día, eso es lo único que podemos permitirnos.

Erotica (1992): cuando descubres que no puedes gustarle a todo el mundo

Si hoy se publicara Erotica, seguiría incomodando. Por eso ha envejecido tan bien. Durante años fue reducido al escándalo que rodeó al libro Sex. Con el tiempo hemos entendido que aquel disco hablaba de muchas más cosas. Del deseo, del cuerpo, de la vulnerabilidad y de la epidemia del sida que estaba golpeando a toda una generación.

Madonna nunca pidió permiso para hablar de sexo. Ni disculpas. Llega un momento en la vida en el que descubres que intentar caerle bien a todo el mundo es una forma lentísima de desaparecer.

Like a Prayer (1989): cuando aceptas que una persona puede contener contradicciones

Hay gente que cree que tener una identidad consiste en ser siempre igual. Madonna lleva cuarenta años demostrando exactamente lo contrario.

Like a Prayer mezcla religión, familia, culpa, deseo y libertad sin preocuparse demasiado por separar unas cosas de otras. Es un disco profundamente espiritual y profundamente carnal al mismo tiempo. Ahí reside su magia.

Con veinte años solemos gastar muchísima energía intentando definirnos. Nos preguntamos porqué no somos los mismos con nuestros distintos grupos de amigos, familiares, etc. Este álbum propone algo bastante más inteligente. Quizá no seas una sola persona. Quizá nunca lo hayas sido.

Madonna (1983): vuelve al principio cuando ya sepas quién fue

Lo lógico sería empezar aquí. Yo haría exactamente lo contrario. Porque Lucky Star o Borderline suenan de forma completamente distinta cuando ya conoces todo lo que vino después.

De repente ya no escuchas a una chica con ambición. Escuchas el nacimiento de una artista que jamás volvería a conformarse con repetir la misma fórmula.

Es bonito terminar aquí porque recuerda algo que olvidamos constantemente. Nadie nace convertido en un icono. Los iconos también fueron principiantes.

Y ahora sí, escucha Confessions II

Después de recorrer todos esos discos, llega el momento de volver al presente.

Confessions II no intenta competir con el álbum de 2005. Madonna ha explicado que quería volver a explorar el poder transformador de la pista de baile como un espacio de comunidad y liberación, una idea que ya estaba en el corazón del original.

A los veinte creemos que la vida consiste en descubrir quiénes somos. Madonna lleva más de cuatro décadas recordándonos que la pregunta correcta es otra: ¿y si mañana quiero ser alguien diferente? La buena noticia es que siempre hay un disco suyo para acompañar esa decisión.