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Cuando John Lennon consiguió quedarse en Estados Unidos: la victoria que cambió el final de su vida

Hace 50 años, el exbeatle obtuvo por fin el permiso de residencia tras una batalla legal de cuatro años

John Lennon, en concierto en Ann Arbor, Michigan, en diciembre de 1971. (Photo by Tom Copi/Michael Ochs Archives/Getty Images) / Tom Copi

No era un disco, ni una gira, ni una canción nueva. Aun así, pocas noticias hicieron tan feliz a John Lennon durante los años setenta como la que recibió el 27 de julio de 1976. Aquel día supo que, después de cuatro años de recursos, amenazas de expulsión y una interminable batalla judicial, Estados Unidos le concedía finalmente la residencia permanente. "Es fantástico volver a ser legal", declaró con el alivio de quien llevaba demasiado tiempo sintiéndose un huésped incómodo en el país donde había decidido empezar una nueva vida.

La historia tenía bastante más de política que de burocracia. Cuando Lennon y Yoko Ono se instalaron en Nueva York en 1971, no lo hicieron por capricho. La ciudad representaba todo lo que Londres había dejado de ofrecerles. Allí podían desarrollar sus proyectos artísticos, participar en movimientos sociales y, sobre todo, permanecer cerca del centro de la vida cultural estadounidense. Además, Yoko libraba una durísima batalla judicial para intentar recuperar a su hija Kyoko, desaparecida junto a su exmarido, una circunstancia que hacía especialmente importante permanecer en Estados Unidos.

Nueva York fascinó a Lennon desde el primer momento. Encontró una ciudad caótica, abierta y creativa donde podía pasear por Greenwich Village, relacionarse con artistas, participar en manifestaciones pacifistas y sentirse mucho más cómodo que en una Inglaterra donde la Beatlemanía había convertido cualquier salida a la calle en una misión imposible. Poco a poco empezó a imaginar que aquel sería su hogar definitivo.

Pero el Gobierno estadounidense tenía otros planes. En 1972, el Servicio de Inmigración inició un procedimiento para deportarlo utilizando como argumento una condena por posesión de cannabis dictada en Londres en 1968. Aquella sentencia, aparentemente menor, bastaba según la legislación estadounidense para impedir que obtuviera la residencia permanente. Oficialmente, el caso giraba alrededor de aquella infracción. Extraoficialmente, muy pocos dudaban de que existían otros motivos.

Lennon se había convertido en una figura incómoda para la Administración de Richard Nixon. Canciones como “Give peace a chance” o “Power to the people”, su oposición frontal a la guerra de Vietnam y su cercanía a diferentes movimientos pacifistas despertaban preocupación en la Casa Blanca. Con las elecciones presidenciales de 1972 en el horizonte y el voto joven adquiriendo una importancia inédita, algunos asesores del presidente temían que Lennon pudiera movilizar a miles de universitarios contra Nixon mediante conciertos y actos políticos. Documentos desclasificados años después confirmaron que la Administración siguió muy de cerca sus movimientos y estudió distintas fórmulas para expulsarlo del país.

WORKING CLASS HERO. (Ultimate Mix, 2020) - John Lennon/Plastic Ono Band (official music video HD)

Comenzó entonces una batalla legal tan compleja como insólita. Su abogado, Leon Wildes, descubrió que la legislación británica bajo la que Lennon había sido condenado no coincidía exactamente con la interpretación que hacía la normativa estadounidense. Paralelamente, reunió cartas de apoyo firmadas por escritores, músicos, actores y numerosas personalidades que defendían la enorme contribución cultural que Lennon podía seguir realizando desde Estados Unidos. Incluso el entonces alcalde de Nueva York, John Lindsay, respaldó públicamente su permanencia.

Mientras los tribunales deliberaban, la vida del músico seguía avanzando. No fueron años sencillos. La presión del proceso de deportación coincidió con el deterioro temporal de su matrimonio con Yoko Ono y con el llamado "fin de semana perdido", aquel largo periodo —que duró en realidad cerca de año y medio— en el que Lennon se instaló en Los Ángeles, aumentó su consumo de alcohol y drogas y pareció perder el rumbo personal. Sin embargo, también fue una etapa de reencuentro consigo mismo. Terminó reconciliándose con Yoko y regresó a Nueva York con la sensación de que todavía tenía muchas cosas por hacer.

El panorama político también cambió. El escándalo Watergate acabó provocando la dimisión de Richard Nixon en agosto de 1974 y la presión sobre el caso Lennon comenzó a diluirse. En octubre de 1975, un tribunal federal anuló la orden de deportación al considerar que la interpretación realizada por las autoridades migratorias había sido incorrecta y que el procedimiento había estado contaminado por motivaciones ajenas al mero cumplimiento de la ley. Apenas dos días después de aquella importante victoria judicial nació Sean Lennon. Fue, probablemente, la semana más feliz de toda la vida adulta del músico. Solo faltaba el último trámite.

Finalmente, el 27 de julio de 1976, el Servicio de Inmigración concedió a John Lennon la ansiada residencia permanente. Después de cuatro años viviendo bajo la amenaza constante de la expulsión, por fin podía quedarse legalmente en el país que había elegido para construir su futuro.

Lennon tomó entonces una decisión que sorprendió incluso a sus seguidores: apartarse casi por completo de la música para ejercer de padre. Convencido de que durante los años de Beatlemanía apenas había podido disfrutar de la infancia de Julian, decidió que esta vez sería diferente. Se convirtió en un padre muy presente, cocinaba, llevaba a Sean al parque y redujo al mínimo su actividad pública.

Durante casi cinco años desapareció prácticamente de la primera línea. Muchos interpretaron aquel silencio como una retirada definitiva. En realidad, Lennon estaba viviendo la vida que siempre había deseado y que probablemente solo podía construir con la tranquilidad jurídica que le ofrecía la residencia permanente. Nueva York dejó de ser un refugio provisional para convertirse definitivamente en su casa.

Cuando regresó en 1980 con Double fantasy, aquel disco respiraba precisamente ese nuevo equilibrio. Las canciones hablaban de amor cotidiano, de familia, de madurez y de reconciliación con la vida doméstica. Resulta difícil imaginar un álbum así si la amenaza de la deportación hubiera seguido planeando sobre él.

La ironía de la historia es amarga. John Lennon habría podido solicitar la nacionalidad estadounidense en 1981. Nunca llegó a hacerlo: el 8 de diciembre de 1980 fue asesinado frente al edificio Dakota, el mismo lugar donde había encontrado el hogar que tanto esfuerzo le costó conservar.

A veces se recuerda aquella batalla migratoria como una curiosidad jurídica dentro de la biografía de un Beatle. En realidad, fue mucho más que eso. Fue la lucha de un artista por decidir dónde quería vivir, criar a su hijo y escribir el último capítulo de su existencia. Después de cuatro años enfrentándose a jueces, abogados y presiones políticas, John Lennon ganó ese derecho. El destino, sin embargo, le concedió muy poco tiempo para disfrutarlo.