Slow travel: viajar menos, quedarse más y reducir la contaminación
Mientras el turismo sigue batiendo récords, cada vez más viajeros reivindican una forma de recorrer el mundo más pausada, conectada con el territorio y con una huella ecológica mucho menor.

El 'slow travel' no para de ganar adeptos. / Andrii Lutsyk/ Ascent Xmedia
Viajar nunca había sido tan fácil. Tampoco tan frecuente. Las escapadas de fin de semana, los vuelos de bajo coste y la posibilidad de recorrer miles de kilómetros en apenas unas horas han cambiado por completo nuestra forma de hacer turismo. Sin embargo, ese modelo también tiene un precio: el transporte turístico es una de las principales fuentes de emisiones asociadas a los viajes y el turismo de masas ejerce una presión creciente sobre ecosistemas, ciudades y comunidades locales. Frente a esa forma de viajar acelerada, cada vez más personas apuestan por una alternativa mucho más pausada: el slow travel.
Aunque el concepto pueda parecer una moda reciente, su filosofía es sencilla. No se trata únicamente de viajar despacio, sino de hacerlo de una forma más consciente. En lugar de encadenar destinos y monumentos en pocos días, propone permanecer más tiempo en un mismo lugar, reducir los desplazamientos y conocer el territorio con calma.
"El slow travel consiste en tomarse el tiempo necesario para explorar un destino con mayor profundidad, en lugar de correr de una atracción a otra", explica Liisa Kokkarinen, responsable de Desarrollo Sostenible de Visit Finland, uno de los países que más han apostado por esta nueva manera de hacer turismo. "Quienes viajan de este modo suelen interesarse por la cultura local, la naturaleza, la vida cotidiana y las experiencias significativas, y tienden a permanecer más tiempo en un mismo lugar".
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"Sustituir un vuelo por un viaje en tren puede disminuir significativamente la huella de carbono"
Desde el punto de vista ambiental, esa diferencia resulta mucho más importante de lo que parece. El transporte representa la mayor parte de la huella de carbono de un viaje, especialmente cuando implica desplazamientos en avión. Permanecer más días en un destino permite repartir ese impacto entre más jornadas y evita multiplicar los trayectos. Además, siempre que sea posible, optar por el tren, el autobús o el ferry puede reducir considerablemente las emisiones. "Sustituir un vuelo por un viaje en tren puede disminuir significativamente la huella de carbono y, además, ofrece la oportunidad de descubrir lugares menos conocidos durante el recorrido", señala Kokkarinen.
"El viajero busca construir una conexión más profunda con el destino"
Pero el slow travel no solo beneficia al clima. También transforma la forma de relacionarnos con los lugares que visitamos. En lugar de limitarse a los espacios más turísticos, quienes practican esta filosofía suelen consumir en pequeños comercios, descubrir productores locales, recorrer espacios naturales y participar en actividades ligadas a la cultura del territorio. "El viajero busca construir una conexión más profunda con el destino y contribuir positivamente a los lugares que visita", resume la experta finlandesa.
La alimentación también forma parte de esa manera de entender el viaje. Elegir productos de temporada, cocina local y una mayor presencia de alimentos vegetales reduce el impacto ambiental y permite conocer mejor la identidad del lugar. En Finlandia, por ejemplo, Visit Finland promueve experiencias relacionadas con la recolección de bayas y setas, la gastronomía tradicional o la visita a pequeñas explotaciones agrícolas y productores artesanales.
Comunidades saludables
Más allá de las decisiones individuales, el slow travel plantea una reflexión mucho más profunda sobre el propio modelo turístico. Para Kokkarinen, el éxito de un destino no debería medirse únicamente por el número de visitantes que recibe, sino por el valor que genera para el territorio. "Los destinos del futuro deberían ser lugares resilientes, con ecosistemas prósperos, culturas locales ricas y comunidades saludables. El turismo debería contribuir positivamente a esos objetivos, en lugar de ponerlos en riesgo".

El avión tiene un elevado impacto en el medio ambiente. / Petmal

El avión tiene un elevado impacto en el medio ambiente. / Petmal
De hecho, Finlandia ya ha comprobado que otra forma de crecer es posible. Esta primavera recibió menos viajeros que el año anterior, pero las estancias fueron más largas, el gasto medio aumentó y la huella de carbono asociada a los desplazamientos disminuyó. Un ejemplo de que, en ocasiones, la calidad del turismo importa más que el volumen.
En un momento en el que el turismo mundial sigue batiendo récords, el slow travel propone una idea aparentemente sencilla, pero cada vez más necesaria: viajar menos deprisa para conocer mejor los lugares, reducir el impacto sobre el planeta y dejar una huella mucho más pequeña allí por donde pasamos.













