Leiva hace que 'El Hombre Pájaro' de Robe Iniesta sobrevuele el Sonorama
Un vídeo que ya ha recorrido todas las redes sociales de España

Leiva, en una imagen en mayo de 2026 / Aldara Zarraoa
La noche del sábado en Sonorama Ribera 2026 tuvo algo de rito, de vuelo compartido, de esas epifanías musicales que no se anuncian pero que, cuando suceden, dejan una marca luminosa en la memoria colectiva. Leiva, uno de los artistas más queridos del festival, convirtió su actuación en un homenaje inesperado y profundamente poético a Robe Iniesta, rescatando en directo El Hombre Pájararo y elevándola hasta lo más alto del cielo arandino.
El concierto avanzaba con la energía habitual del madrileño: una banda sólida, un sonido pulido, un público entregado que coreaba cada verso de Terriblemente cruel, Como si fueras a morir mañana o La llamada. Pero el solista guardaba un secreto para el final. Cuando pidió unos segundos de silencio, el recinto entero se recogió como si intuyera que algo especial estaba a punto de ocurrir. "Esta es para un amigo, para un maestro" dijo con una serenidad que ya anunciaba la emoción.
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Las primeras notas de El Hombre Pájaro surgieron entonces como un aleteo suave, reconocible, casi sagrado. El público tardó apenas un instante en identificar la melodía. Leiva la interpretó con un arreglo más acústico, más íntimo, respetando la esencia original pero añadiendo esa melancolía luminosa que caracteriza su forma de cantar. La canción, que en Robe es vuelo y vértigo, se convirtió en manos de Leiva en un planeo delicado, un homenaje que parecía elevarse sobre el festival como un pájaro enorme y silencioso.
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La escena se volvió viral en cuestión de minutos. Miles de móviles grabaron el momento, y las redes sociales se llenaron de vídeos, comentarios y mensajes que destacaban la belleza del gesto. No era solo una versión: era un puente emocional entre dos artistas que llevan años compartiendo admiración, respeto y complicidad.
La amistad entre Leiva y Robe es conocida desde hace tiempo. Se consolidó especialmente durante el proceso creativo de Mayéutica, el monumental proyecto con el que Robe retomó su camino en solitario. Leiva participó en la producción y acompañó al extremeño en uno de los momentos más celebrados de su carrera reciente. Desde entonces, ambos han intercambiado elogios públicos, gestos de cariño y una complicidad artística que se ha convertido en una de las más bonitas del rock español contemporáneo. Fruto de ello llegaron canciones como Caída libre.
Por eso, el homenaje en Sonorama no fue un capricho ni una ocurrencia improvisada. Fue un acto de gratitud. Un reconocimiento a un amigo, a un referente, a un artista que ha marcado a generaciones. Y también una forma de recordar que la música, cuando se interpreta desde la verdad, puede convertirse en un vuelo compartido.

La elección de El Hombre Pájararo fue perfecta. La canción, incluida en Yo, minoría absoluta (2002), es uno de los himnos más intensos de Extremoduro: un canto a la libertad, al desgarro, al impulso de romper el suelo y elevarse. Leiva la transformó sin traicionarla, la acarició sin despojarla de su fuerza, y la lanzó al aire para que sobrevolara Sonorama como un símbolo de amistad y memoria.
La actuación ya es uno de los momentos más comentados del festival. Y quizá también una de esas escenas que, con el tiempo, se recordarán como un instante de belleza pura: un hombre cantando a quién enseñó a tantos a volar.













