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¿Por qué las granjas de pulpos generan tanta polémica?

El proyecto de la primera explotación comercial del mundo ha quedado paralizado, pero científicos y juristas piden ir un paso más allá: prohibir este tipo de instalaciones por el bienestar de los animales y su impacto ambiental.

Ecologistas y defensores de los derechos de los animales se oponen a las granjas de pulpos. / EXTREME-PHOTOGRAPHER

Los pulpos están considerados animales extremadamente inteligentes. Son capaces de resolver problemas, abrir recipientes, utilizar herramientas e incluso reconocer a personas. Precisamente por eso, la posibilidad de criarlos de forma intensiva en granjas lleva años generando un intenso debate científico, ético y ambiental.

La discusión ha vuelto a cobrar fuerza después de que la multinacional Nueva Pescanova anunciara que no continuará con su proyecto para abrir en Gran Canaria la que iba a ser la primera granja comercial de pulpos del mundo. Aunque la empresa no descarta explorar esta posibilidad en el futuro, numerosas organizaciones consideran que este es el momento de impedir que este tipo de explotaciones lleguen a existir.

Una de ellas es INTERCIDS, la asociación de Operadores Jurídicos por los Animales, que ha impulsado una propuesta registrada en el Congreso de los Diputados para prohibir por ley la cría intensiva de pulpos en España antes de que se convierta en una nueva industria.

Las granjas de pulpos conllevan serias amenazas medioambientales. / Claudio Poggio / 500px

"Si hay un momento para prohibir una actividad económica como esta es ahora, cuando esa actividad todavía no existe", explica la abogada María González Lacabex, miembro de INTERCIDS. A su juicio, actuar de forma preventiva evitaría tener que afrontar en el futuro los problemas asociados a estas instalaciones.

Bienestar animal y conciencia medioambiental

Uno de los principales argumentos contra este tipo de instalaciones tiene que ver con el bienestar animal. A diferencia de otras especies criadas en acuicultura, los pulpos son animales solitarios por naturaleza. En libertad viven aislados y solo se relacionan con otros individuos durante la reproducción. Mantenerlos hacinados en grandes tanques podría provocar elevados niveles de estrés, agresividad e incluso comportamientos de canibalismo, según advierten numerosos estudios científicos.

Además, cada vez existe más consenso sobre su extraordinaria capacidad cognitiva. La ciencia ha demostrado que poseen memoria, aprenden mediante la experiencia, muestran curiosidad y son capaces de resolver situaciones complejas. De hecho, desde 2022 la legislación europea reconoce a los cefalópodos como animales sintientes en el ámbito de la investigación científica.

Pero las dudas no se limitan al bienestar animal. También existe una importante preocupación medioambiental. Los pulpos son carnívoros y necesitan una alimentación rica en proteínas procedentes de otros animales marinos. Esto significa que para producir un kilogramo de pulpo sería necesario capturar grandes cantidades de peces destinados a fabricar harinas y piensos, aumentando la presión sobre unos océanos ya muy castigados por la sobrepesca.

"Esta es una actividad que acarrea problemas medioambientales", señala González Lacabex. "Estamos en un momento donde no nos podemos permitir el lujo de deteriorar más el medioambiente y la salud pública", añade. Entre las preocupaciones también figuran la generación de residuos, el posible uso de antibióticos y los efectos que estas instalaciones podrían tener sobre los ecosistemas costeros.

En España todavía no existe ninguna granja de pulpos en funcionamiento, pero el debate ya ha llegado al Congreso.

Los defensores de la prohibición recuerdan que el Mar Mediterráneo y el Atlántico ya soportan una enorme presión pesquera y que crear una nueva industria basada en un depredador marino supondría aumentar aún más el consumo de recursos naturales.

En España todavía no existe ninguna granja de pulpos en funcionamiento, pero el debate ya ha llegado al Congreso. La propuesta impulsada por INTERCIDS permanece registrada y podría comenzar su tramitación parlamentaria en los próximos meses. El objetivo es impedir que estas explotaciones puedan autorizarse en el futuro.

Para sus promotores, la cuestión no consiste en buscar la mejor manera de regular esta actividad, sino en preguntarse si un animal tan inteligente, con unas necesidades biológicas tan complejas y un importante papel ecológico, debería formar parte de un modelo de producción intensiva.

Mientras tanto, el caso español se suma a un movimiento internacional cada vez más amplio. En lugares como California ya se han aprobado medidas para impedir este tipo de instalaciones, mientras organizaciones científicas, ecologistas y de protección animal reclaman aplicar el principio de precaución. Su mensaje es claro: antes de crear una nueva forma de ganadería marina, conviene preguntarse si realmente merece la pena asumir el coste que tendría para los animales y para el medio ambiente.