El océano nunca había estado tan caliente: el planeta vuelve a batir récords
El 82% de los océanos sufrió olas de calor marinas durante la primera mitad del año, mientras Europa afronta una combinación de temperaturas extremas, sequía e incendios.

La temperatura del mar bate récords. / © Marco Bottigelli
Hay récords que cuesta imaginar porque suceden a una escala gigantesca. Uno de ellos acaba de producirse en los océanos: julio de 2026 registró las temperaturas superficiales más altas observadas para ese mes. El dato llega en un verano marcado por olas de calor persistentes, sequías e incendios forestales, pero también por lluvias torrenciales e inundaciones en otras partes del planeta.
Julio empató con 2024 como el segundo julio más cálido registrado en el planeta
Y no se trata únicamente de un episodio puntual. Durante la primera mitad del año, alrededor del 82% de los océanos del mundo experimentó condiciones de ola de calor marina, la segunda mayor extensión registrada hasta ahora, solo por detrás de la de 2024. En julio, además, el Atlántico frente a Europa y el Mediterráneo occidental sufrieron olas de calor marinas fuertes o severas.
El calor del mar forma parte de un escenario global igualmente extraordinario. Julio empató con 2024 como el segundo julio más cálido registrado en el planeta, con una temperatura media de 1,47 °C superior al nivel preindustrial, según los datos del Servicio de Cambio Climático de Copernicus difundidos por la Organización Meteorológica Mundial (OMM).
LOS40
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Un planeta cada vez más cálido
¿Qué está detrás de esta sucesión de récords? La OMM apunta a una combinación de calentamiento global y patrones meteorológicos persistentes. Durante los últimos meses, diferentes sistemas de altas y bajas presiones se han mantenido prácticamente bloqueados durante días o incluso semanas. Las altas presiones favorecen el tiempo seco y las temperaturas elevadas, mientras que las bajas suelen estar asociadas a condiciones más frescas y húmedas.

El planeta se calienta a causa del cambio climático. / MARK GARLICK/SCIENCE PHOTO LIBRA

El planeta se calienta a causa del cambio climático. / MARK GARLICK/SCIENCE PHOTO LIBRA
El problema es que esos fenómenos atmosféricos actúan ahora sobre un planeta mucho más caliente. La OMM compara la situación actual con la de junio de 1976, cuando se produjo una distribución similar de altas y bajas presiones. Entonces había algunas zonas excepcionalmente cálidas dentro de un mundo mucho más frío. En 2026 ocurre prácticamente lo contrario: las temperaturas altas predominan y hasta las zonas relativamente frescas son más cálidas que en el pasado.
El calentamiento del océano contribuye además a reforzar el calor en las zonas costeras. Las aguas del Mediterráneo y las situadas al oeste de Europa están extraordinariamente cálidas y añaden una fuente adicional de calor sobre la que actúan las situaciones atmosféricas.
A esto se suma la sequedad del suelo. Cuando la tierra contiene humedad, parte de la energía disponible se emplea en evaporar agua. Cuando está seca, la superficie y el aire se calientan con mayor facilidad. Esta combinación ayuda a explicar la sucesión de olas de calor que está sufriendo Europa occidental.
El resultado se aprecia también en los ríos. Francia, España, Alemania y Reino Unido acumulan desde marzo niveles excepcionalmente bajos de lluvia o humedad del suelo, mientras que grandes ríos como el Sena, el Rin y el Danubio presentan caudales muy inferiores a los habituales. Esto afecta al abastecimiento de agua, el riego, el transporte y la producción de energía.
Mientras Europa y otras regiones sufren calor y falta de agua, en otras partes del planeta ocurre exactamente lo contrario
En algunas zonas del sureste de Europa, el déficit de agua acumulado es tan importante que harían falta entre 250 y 350 milímetros adicionales de lluvia para recuperar la normalidad. Y aunque las precipitaciones regresaran inmediatamente a sus valores habituales, la recuperación no sería instantánea.
Más calor, más fuegos
La sequía y las altas temperaturas están favoreciendo también una temporada especialmente complicada de incendios forestales. En Francia, las emisiones procedentes de los fuegos registrados en 2026 son ya comparables o superiores a las de los años extremos de 2022 y 2023. En España, las emisiones asociadas a los incendios se encuentran igualmente muy por encima del promedio para estas fechas.
Mientras Europa y otras regiones sufren calor y falta de agua, en otras partes del planeta ocurre exactamente lo contrario. África occidental está registrando fuertes precipitaciones monzónicas e inundaciones, y existe riesgo de lluvias muy intensas, inundaciones repentinas y deslizamientos en varios países del sur y el sureste de Asia.
¿Y qué papel juega El Niño? Aunque el fenómeno ya está establecido en el Pacífico y suele asociarse a temperaturas globales más elevadas, la OMM señala que no existe un vínculo claro entre El Niño y el calor que está experimentando Europa occidental este verano. Su influencia se concentra principalmente en el Pacífico tropical y suele hacerse más visible en Europa durante el otoño y el invierno.
El principal telón de fondo sigue siendo, por tanto, el calentamiento provocado por el cambio climático, combinado con unos patrones meteorológicos capaces de amplificar sus efectos. Y mientras los gases de efecto invernadero continúen acumulándose en la atmósfera, el calor extremo tenderá a aumentar en frecuencia, intensidad, duración y extensión.













