Estas playas españolas podrían desaparecer, según denuncia Greenpeace
El mapa de la organización ecologista identifica casi 200 puntos del litoral en situación crítica por la presión urbanística, las infraestructuras y los efectos del cambio climático.
Plata de Los Caños de Meca, en Cádiz. / Jorg Greuel
El litoral español se encuentra en un punto crítico. Es la conclusión de Greenpeace tras analizar, un año más, el estado de la costa y elaborar un mapa que señala casi 200 puntos en los que la combinación de urbanismo, infraestructuras y cambio climático amenaza la conservación de playas y otros espacios litorales. La herramienta permite consultar localidad por localidad los lugares considerados especialmente vulnerables.
La organización ecologista advierte de que la situación no responde únicamente a una previsión futura, sino a un problema que ya está teniendo consecuencias económicas y ambientales. Según sus datos, más de un centenar de playas han necesitado este año reparaciones artificiales para hacer frente a los daños provocados por la erosión y los temporales. El coste de estas actuaciones ha ascendido a 246 millones de euros.
La playa de la Barceloneta, en Barcelona. / Alexander Spatari
Para Greenpeace, el último invierno ha puesto especialmente a prueba el modelo actual de gestión del litoral. La sucesión de ocho borrascas, descrita por la organización como un episodio sin precedentes, habría evidenciado la vulnerabilidad de numerosas zonas costeras y los límites de las soluciones basadas en actuaciones artificiales para recuperar o mantener las playas.
Presión humana y cambio climático
El mapa recoge así enclaves repartidos por diferentes puntos de la costa española en los que la presión humana se suma a los efectos del calentamiento global. La urbanización de primera línea, las infraestructuras y la alteración de los sistemas naturales dificultan, según Greenpeace, que el litoral pueda cumplir una de sus funciones esenciales: actuar como barrera frente a temporales y otros impactos derivados del cambio climático.
La organización ecologista apuesta por la restauración natural
La organización considera que buena parte de las actuaciones destinadas a reparar artificialmente las playas ofrecen una solución temporal. Los 246 millones de euros invertidos este año, sostiene, pueden volver a quedar expuestos a la acción del mar durante el próximo episodio de fuerte oleaje. Por ello, reclama un cambio de estrategia que reduzca la dependencia de estas intervenciones y dé mayor protagonismo a la conservación de los ecosistemas costeros.
Entre las medidas que plantea Greenpeace se encuentra frenar la expansión del cemento en el litoral y apostar por la restauración natural. La propuesta pasa también por adaptar cada tramo de costa a sus características particulares, en lugar de aplicar soluciones uniformes, y por reducir las emisiones responsables del cambio climático.
El objetivo, según la organización, es que las propias playas, dunas, humedales y demás ecosistemas costeros puedan recuperar su capacidad natural para amortiguar los efectos de los temporales y proteger las zonas situadas tierra adentro. El mapa pretende servir como herramienta para visualizar los puntos donde esa capacidad se encuentra más comprometida.
La advertencia de Greenpeace llega en un contexto en el que la erosión costera y el aumento de la intensidad de determinados fenómenos meteorológicos plantean nuevos desafíos para la gestión del litoral. Para la organización, conservar las playas no es solo una cuestión ambiental, sino también una forma de reducir la vulnerabilidad de las poblaciones y las infraestructuras situadas junto al mar.
