Muere Juan Tamariz a los 83 años: el mago que convirtió la ilusión en un arte mayor
Siempre quedará para la historia su clásica coletilla durante el 'prestigio': "Nananianananananiana"

Juan Tamariz, en 2016 / NurPhoto
El mundo de la magia despide hoy a uno de sus grandes maestros. Juan Tamariz, figura irrepetible, creador de un estilo propio y referente absoluto para varias generaciones de ilusionistas, ha fallecido a los 83 años.
La noticia la ha confirmado su hija, la también maga Ana Tamariz, quien ha compartido un mensaje cargado de emoción y gratitud hacia quienes acompañaron al artista durante su vida y su carrera. Con su muerte, desaparece no solo un mago, sino un símbolo cultural que transformó para siempre la forma de entender la ilusión en España.
"💔 Con inmensa tristeza, hoy me despido de mi padre #JuanTamariz , una persona increíble, muy querida y admirada por todos. Agradecidísima por todo el amor que me dio y por todo el amor a la Magia que nos regaló. Su recuerdo y su inconmensurable obra estarán siempre con nosotros. 🎻🎩🌈✨🃏❤️ Gracias a todos los magos, amigos y familiares que le habéis acompañado a lo largo de toda su vida ¡hasta el último día!. 😍 Mi agradecimiento también a la residencia Ballesol, a los hospitales Clínico y Cruz Roja y a los chicos de las ambulancias todos con un corazón enorme ❤️" ha posteado en sus perfiles oficiales.
LOS40
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Nacido en 1942, Tamariz fue mucho más que un artista televisivo: fue un renovador. Su presencia en programas como Tatatachán o Un, dos, tres lo convirtió en un rostro familiar para millones de espectadores, pero su impacto trascendió la pantalla.
Con su chistera, sus gafas redondas, su melena inconfundible y ese violín imaginario que hacía sonar al final de cada truco, creó un lenguaje propio que mezclaba humor, cercanía y misterio. Su estilo rompió con la imagen clásica del mago solemne y distante, y abrió la puerta a una magia más humana, participativa y profundamente divertida.

Juan Tamariz, en 2024 / Carlos Alvarez

Juan Tamariz, en 2024 / Carlos Alvarez
Su dominio de la cartomagia lo situó entre los mejores del mundo. En 1973 alcanzó la consagración internacional al proclamarse campeón mundial en el Congreso de París, un reconocimiento que marcó el inicio de una trayectoria repleta de premios y homenajes. En Estados Unidos fue nombrado Mago del Año en 1993, y en España recibió la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, un honor reservado a quienes dejan una huella imborrable en la cultura.
Tamariz no solo actuó: también enseñó. Fue autor de libros fundamentales para la formación de magos, como Magia en el bar o La vía mágica, obras que hoy siguen siendo referencia en escuelas y círculos profesionales. Su capacidad pedagógica, su pasión por compartir conocimiento y su defensa de la magia como disciplina artística lo convirtieron en mentor de varias generaciones de ilusionistas, muchos de los cuales lo consideran el maestro que les cambió la vida.
Su espectáculo Magia Potagia se convirtió en un fenómeno por su mezcla de improvisación, humor y asombro. En él, Tamariz demostraba que la magia no era solo técnica, sino emoción: una invitación a recuperar la capacidad de maravillarse. Sus célebres conejitos de gomaespuma roja, sus juegos de cartas imposibles y su forma de mirar al público como si compartiera un secreto universal son ya parte de la memoria colectiva.
Su hija ha querido agradecer el cariño recibido y el acompañamiento de amigos, magos y profesionales que estuvieron a su lado hasta el final. También ha expresado su gratitud hacia el personal sanitario que lo atendió en sus últimos meses. Su despedida, cálida y luminosa, refleja el espíritu de un artista que dedicó su vida a hacer felices a los demás.
Las redes sociales son un ejemplo de la gigantesca huella que ha dejado Juan Tamariz con decenas de miles de mensajes lamentando su muerte. La magia pierde a uno de sus grandes arquitectos. Pero su legado —sus trucos, su risa, su manera de convertir lo imposible en cotidiano— seguirá vivo en cada escenario, en cada baraja y en cada espectador que alguna vez creyó, gracias a él, que la ilusión era real.
Que la tierra te sea leve.













