35 años de 'Viviendo deprisa' de Alejandro Sanz: De una maqueta rechazada a un disco superventas
En 1991 asistimos en vivo y en directo al nacimiento de una de nuestras mayores estrellas musicales

Alejandro Sanz, en una imagen de archivo en 1994 / Gianni Ferrari
Treinta y cinco años después de su lanzamiento, Viviendo deprisa de Alejandro Sanz sigue siendo mucho más que un debut discográfico: es el punto exacto donde nació una estrella, el instante en el que un joven madrileño de 22 años, desconocido para el gran público, transformó una maqueta rechazada en uno de los álbumes más vendidos de la historia de nuestro país compitiendo codo con codo con gigantes como Mecano o Julio Iglesias.
Hoy, tres décadas y media después, el primer disco de Alejandro Sanz continúa siendo un fenómeno cultural, un símbolo generacional y el inicio de una carrera que cambiaría para siempre el rumbo del pop español. La historia de Viviendo deprisa no empieza en un estudio de grabación, sino mucho antes, en una casa donde la música era una presencia constante.

Alejandro Sanz, en 1993 / Gianni Ferrari

Alejandro Sanz, en 1993 / Gianni Ferrari
Alejandro Sánchez Pizarro nació en Madrid el 18 de diciembre de 1968, hijo de dos gaditanos y ahijado del legendario compositor Manuel Alejandro. A los 7 años ya tocaba la guitarra; a los 10, componía sus primeras canciones. Su adolescencia fue inquieta, rebelde, marcada por expulsiones del instituto y escapadas por las ventanas, pero también por una obsesión: la música.
LOS40
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A los 14 años comenzó a trabajar en estudios de grabación, casi pagando por estar allí, grabando coros y aprendiendo de todo lo que veía. Su formación fue artesanal, hecha de noches en pubs, jam sessions, trabajos como músico de estudio, afinando guitarras y clases en el Taller de Músicos. Con amigos montó un grupo, recorrió locales de media España y escribió para otros artistas mientras soñaba con grabar sus propias canciones.

Ese sueño estuvo a punto de truncarse. Después de firmar con su primer sello, Hispavox, publicó bajo otro nombre artístico un álbum del que solo aportó la voz con composiciones de otros artistas. Nunca le gustó y apostó por sí mismo presentando a su compañía una maqueta grabada de forma muy artesanal. La discográfica la rechazó: decían que sus letras no eran comerciales, que su estilo no encajaba con lo que triunfaba entonces, que necesitaba que otro le escribiera los textos.
Alejandro se negó. Aquella maqueta, despreciada por no ser "vendible", contenía las canciones que más tarde formarían Viviendo deprisa. Tras meses de insistencia, logró la carta de libertad y firmó con WEA. Fue el giro decisivo. En 1991, todo cambió. Viviendo deprisa se grabó, se lanzó y explotó.

De repente, aquel joven que había pasado años tocando en bares se convirtió en un fenómeno. Su apellido artístico se acortó a Sanz, su rostro empezó a aparecer en televisión, sus canciones sonaban en todas partes y España descubrió una voz nueva, fresca, emocional, que hablaba de amor, de desamor y de vida con una sensibilidad distinta.
El impacto fue inmediato. Pisando fuerte y Se le apagó la luz se convirtieron en himnos generacionales. El disco superó todas las previsiones, alcanzó siete discos de platino y vendió más de un millón de copias, una cifra inédita para un debut. En agosto de ese mismo año, Alejandro apareció en la portada de Billboard junto a Miguel Bosé y Luis Miguel, un reconocimiento que confirmaba que su éxito no era solo español: era internacional.
El año siguiente fue una avalancha. Giras por España, viajes a Venezuela, Estados Unidos, México, Colombia, Argentina y Chile. En 1992 actuó en la inauguración de EuroDisney junto a Cher, Tina Turner y Gloria Estefan y en la Expo de Sevilla. Viviendo deprisa se editó incluso en Finlandia. Alejandro Sanz ya no era una promesa: era una estrella.
Pero lo más fascinante de este aniversario es cómo aquel disco, nacido de la intuición, la ilusión y la persistencia de un joven compositor, se convirtió en el primer capítulo de una historia mucho mayor. Viviendo deprisa no solo abrió puertas: construyó un camino. Sin él no existirían Si tú me miras, 3, Más, El alma al aire, No es lo mismo, Sirope o El disco.

Destiny's Child y Alejandro Sanz posan en la alfombra de los Grammy 2002.

Destiny's Child y Alejandro Sanz posan en la alfombra de los Grammy 2002.
Sin él no existiría el Alejandro Sanz que ha cantado en los Grammy, que ha colaborado con The Corrs, Shakira, Alicia Keys o Destiny’s Child, que ha llenado estadios y que ha marcado a varias generaciones.
Treinta y cinco años después, el álbum sigue siendo un retrato de juventud, de urgencia, de búsqueda. Su título, Viviendo deprisa, resume el vértigo de aquellos meses en los que Alejandro pasó de tocar en pubs a llenar pabellones.

Shakira y Alejandro Sanz comparten recuerdos. / Stephen Lovekin/WireImage for NARAS

Shakira y Alejandro Sanz comparten recuerdos. / Stephen Lovekin/WireImage for NARAS
Hoy, al mirar atrás, el disco adquiere un valor casi mítico. No solo por sus cifras, sino por su significado. Es el ejemplo perfecto de cómo una maqueta rechazada puede convertirse en un clásico, de cómo la intuición puede vencer al mercado, de cómo un joven desconocido puede convertirse en el artista más influyente del pop español contemporáneo.
Viviendo deprisa sigue sonando igual de vivo. Igual de urgente. Igual de necesario. Y su historia, la de un chico que no aceptó que le dijeran que sus letras no valían, continúa siendo una inspiración para quienes sueñan con dedicarse a la música.













